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LimboP MORADOR DEL LIMBO
"Se estremece la tierra, ruge la espuma de los mares sobre las montañas, y el cielo arde en música de sombras y liras infernales"

Este es un descarriado del Limbo, penitente del Purgatorio con fecha de nacimiento en un guiño de ¡CreepyLooza! Abstente de la arena, que esto es más legal que tu jfa. Burló La Guillotina y a los Jueces del Infierno, así que cómete tu teclado.

Scarlett the killer by horrorillusion-d9gpb87

Alguna vez te has preguntado, ¿Qué clase de acontecimientos llevan a una persona a convertirse en alguien que siente gusto al hacer sufrir a los demás? Es decir ¿En una asesina? ¿Qué tan fuerte es el hilo que divide a la cordura con la locura?

Era un lunes normal como todos. Scarlett llegaba a la escuela secundaria caminando, llamando así la atención de varios muchachos lo cuales se le quedaban viendo, y a causa de esto despertaba la envidia de algunas chicas, pues la mayoría de eso chicos se convertían en sus novios. y ella lo sabía, y le daba gracia ver que sus novios la prefieren en lugar de a sus propias novias. Esa era una de las razones por las que era popular en la escuela, porque era hermosa, llamaba la atención de casi todos los chicos dentro y fuera de la institución, pues su cabello rojizo rizado y sus lindos ojos marrones eran algo que llamaban la atención, por no mencionar su buena figura. Porque además tenía dinero, y todo eso era la razón por la que tenía el ego demasiado grande y se creía mejor que nadie. Por eso, y además que tenía un carácter fuerte. Si había algo o alguien que no le gustara o hicieran algo que ella desaprobaba, se hacía cargo. Y si alguien le quería hacer frente y retarla, Scarlett le hacía arrepentirse de haberlo siquiera pensado, porque era así, se creía la reina. No sólo de la escuela, sino del mundo, se creía superior a todos.

En el pasillo de la escuela de camino a su salón se encontró con sus amigas, Ámber y Mónica. A ellas las conocía desde que tenía nueve años en quinto grado de primaria, y seguían juntas hasta ahora que las tres tenían dieciocho años en sexto año de secundaria, y hasta ese día no se habían separado. Con ambas chicas ella reinaba en la escuela, eran el trío que siempre ponía en su lugar a las personas que creían que podrían desafiarlas, y en el peor de los casos; para ellos, los humillaban de tal forma que los hacían desear no haber pisado ese planeta nunca. Eran superficiales, presumidas, ególatras, y se podría decir que Scarlett era racista. Pues ella siempre se consideró mejor que las personas negras, sobre todo con las chicas de su escuela. En especial con cierta chica que iba a su misma clase que era su juguete favorito para molestar; Shannon. Mientras ella y sus acompañantes entraban al salón ella salía con unos cuantos libros que, al toparse ambas al abrir la puerta, salieron disparados al suelo al igual que su pequeño y frágil cuerpo y sus lentes. Scarlett se sostuvo de sus amigas antes de siquiera tambalearse por el choque entre ambas, con algo de molestia miró a la pequeña Shannon que con mucha timidez y algo de torpeza recogía sus libros y sus lentes mientras sentía la mirada de desprecio de Scarlett sobre su pequeño ser. Justo antes de recoger el último libro que le faltaba, le fue arrebatado por Ámber quien en seguida se lo entregó a Scarlett y empezó a revisar sus páginas.

— Vaya, aparte de ser una negra inútil, también eres bastante torpe. Parece que esos estúpidos anteojos no te sirven de nada, o quizás eres demasiado inútil como para saber usarlos. — Dicho esto escupió gran cantidad de saliva en una de las páginas del libro, y se lo entregó a Shannon que se encontraba perpleja ante esa demostración de desprecio hacia ella, y con manos temblorosas y ojos llorosos se lo sostuvo. Hecho eso, Scarlett palmeó la cabeza de la chica como si de un perrito se tratase y tomó rumbo hacia su escritorio en el salón mientras se limpiaba la mano en el pantalón y sus dos amigas reían tras ella al ver correr a Shannon llorando. Probablemente iba a encerrarse en el baño hasta el recreo. Como siempre.

Al terminar la primera hora de clase los pupitres de Ámber y Mónica ya estaban pegados a los de Scarlett, puesto que en cada receso lo hacían para ponerse de acuerdo y armar planes para salidas, o para simplemente chismear un poco, como el resto de los alumnos. Todo iba bien hasta ese momento, hasta que en la parte de atrás Scarlett logró escuchar a unas compañeras hablando sobre un tema que ciertamente llegaba a fastidiarle por lo cotidiano que se hacía últimamente.

— Lo digo en serio chicas, Jeff the killer es el ser más genial que existe sobre la faz de la tierra. —

— No es sólo genial, ¡Es hermoso! Es sumamente sexy. —

— Ojalá algún día podamos conocerlo. ¡Quizás hasta nos invite a salir con él! — Era lo único que escuchaba todo el día; todos los días, desde hace 2 meses que entró a clases.

Y hasta ese día nunca se le había ocurrido buscar información de ese tal Jeff del que tanto hablaban algunos. Mientras sus amigas hablaban un poco entre sí, aprovechó esos momentos para buscar en su teléfono algo de información sobre él en internet, y lo que encontró no le gustó para nada. Hasta se podría decir que le dio asco. Un sujeto de piel blanca, ojos terriblemente grandes sin párpados, el cabello aparentemente quemado, y una grotesca boca cortada a modo de sonrisa deforme. No sabía qué le perturbaba más de este personaje, si su aspecto, o el hecho de que un montón de chicas babearan por él como retrasadas mentales diciendo que es el ser más guapo y genial del mundo. Sin mencionar que se trataba de un asesino psicópata. No le cabía en la cabeza eso, ¿Cómo había chicas; o personas en general más bien, que se sintieran atraídas por él o lo creyeran alguien grandioso a tales grados de querer idolatrar lo? Era algo que simplemente no entendía, y la molestaba. Algo que odiaba era el hecho de que nadie le prestara atención, y últimamente ya nadie hablaba de ella o no le daban el suficiente interés que se merecía, últimamente se la pasaban hablando del mismo sujeto deforme. Y el hecho de que se pusieran de idiotas a hablar de un bicho asqueroso como él en lugar de ella, que se consideraba como la más desgraciada y sublime del colegio, una chica a la cual nadie podía humillar ni opacar. Ser reemplazada por un ente repulsivo con sonrisa de menstruación con una historia tan lerda y sin chiste era algo que no le gustaba en absoluto. Y eso tenía que cambiar de inmediato.

— Ay por favor, ¿Están bromeando, no? No puede ser que hablen en serio. — Dijo ella al voltearse hacia las tres chicas que se encontraban detrás, quienes la miraron desconcertadas al igual que algunos otros del salón y sus amigas. — ¿Cómo es posible que encuentren atractivo a alguien que prácticamente está deforme? Y más encima que es un asesino. ¿Aun así piensan que él sería su novio? —

— ¡Tú no sabes de lo que hablas! ¡No lo conoces en absoluto como lo conocemos nosotras! — Gritó una de ellas defendiendo a su “ídolo”

— Despierten y huelan la realidad muñecas, ese tipo; si es que existe y no está muerto, jamás — Hacía énfasis en la palabra — se llegaría a interesar en un montón de chicas estúpidas con un bajo sentido de coherencia, que actúan como niñatas pubertas. — Un pequeño silencio inundó el salón, los alumnos presentes miraban la escena; algunos riendo levemente, viendo a las chicas con una cara de vergüenza y enojo mientras miraban a Scarlett. La cual volvió a hablar. — Si él de verdad existiera, les clavaría ese cuchillito de cortar manteca en el ano, para quitarles lo calenturientas. Ridículas. — Dio por finalizada la “conversación” y se dio vuelta viendo hacia el frente, ignorando a las chicas que ahora se encontraban apenadas por su humillación mientras estas la fulminaban con la mirada.

Luego de unas horas las clases por fin llegaron a su fin, y Scarlett caminó directamente hasta su casa. Al llegar lo único que le alegró de ver fue la llegada repentina de su amado perrito Snoopy, el cual no esperó para alzarlo en sus brazos y llenarlo de mimos a la vez que él le lamía la cara a modo de besos, demostrando la alegría de verla nuevamente. Provocándole algunas cosquillas que ocasionaban su risa.

— Vaya, al fin llegaste niña. — Su madre ya estaba en casa, lo cual era muy extraño considerando que ella siempre buscaba alguna excusa u oportunidad para estar fuera emborrachándose con cualquier hombre con el que se encontrara para que pagara por ella. — Tu mugroso perro volvió a hacer de las suyas en la alfombra de la sala. Si no quieres que termine dentro de una bolsa de basura más te vale educarlo y hacerte cargo de sus “regalitos”, ¿entendiste niña? — Finalizó de decir con el apodo despectivo con el que llamaba a su hija. Scarlett sólo la miró con el ceño fruncido y la pasó de largo para ir hasta la cocina para buscar en la bajo mesada los productos de limpieza para limpiar la alfombra y luego llevarla a lavar. No estaría sucia si por lo menos su madre lo dejara salir afuera cuando necesita hacer sus necesidades, o si le dejara poner la entrada para perros en la puerta del frente y la puerta del patio para que pueda salir y entrar libremente, pero no, su madre no quiere “gastar dinero” en el perro. Como si ella pagara algo más que las cosas que son para darse gusto a ella misma.

Al terminar de limpiar todo se dirigió hacia su cuarto, seguida de su adorable Snoopy. Pasó por el cuarto de su madre el cual tenía la puerta abierta, dejando ver a la mujer desmallada sobre la cama junto con unas cuantas botellas de vino, algunas medio vacías. Suspiró, negando con su cabeza y continuó su camino hacia su cuarto luego de cerrar la puerta del cuarto de su madre. No entendía qué fue lo que se le cruzó por la cabeza a su padre cuando decidió tener algo con ella, siendo una mujer tan insoportable grosera y repugnante que sólo se dedicaba a beber. Ella sólo se adentró a su cuarto y se dedicó a terminar la tarea que le dejaron en las clases. Al finalizarla aprovechó su tiempo libre hasta la hora de la cena para investigar otro poco sobre ese desagradable personaje del que hablaron en la escuela. Se encontró millones de imágenes, vídeos, historias y un sinfín de cosas. Se encontró con “la parte oscura” del personaje donde en varias de las cosas anterior mencionadas en vez de dar miedo, daba risa, y hasta vergüenza. No había otra cosa que no fueran sobre un romance entre Jeff y alguna fan pendeja que se auto-adhiere a la historia, chicos que rara vez pasan de los trece años que se maquillan; pésimo, como él, o imágenes donde éste tenía relaciones o se mostraba amoroso con alguien que se supone que es su enemiga la cual odia y ella a él. Otros dibujos que parecían de anime barato donde este “asesino despiadado” recibía tentáculos por todos los agujeros que tenía por parte de otro ser, ¿Cómo demonios esa porquería les daba miedo? Tenerle miedo a alguien que es la puta de otros personajes. Las idioteces que las personas hacían por ese personaje bastante irreal le daban tanta risa a la vez que le hacía pensar que posiblemente la humanidad tenga complicaciones para seguir evolucionando.

— “Apuesto a que yo sería una mejor asesina que ese ridículo, ¡JA!” — Pensaba ella mientras leía algunas cosas más sobre él. Pasó una hora desperdiciada en buscar sobre él sólo para comprobar que era sólo una tontería que no valía la pena. Ni siquiera era tan genial o interesante como todos decían. Se levantó de su lugar dejando de lado su computadora y tomó la correa de su perro para sacarlo a pasear un poco y que tomara aire fresco. Pasearon juntos alrededor de una hora, todo marchaba bien, a ella le divertía salir a caminar y a correr con Snoopy en sus horas de ejercicio. De repente su teléfono empieza a sonar, al revisarlo se encontró con un mensaje de un remitente anónimo. El mensaje decía: “Eres una pequeña y sucia perra. Espero que hayas tenido un lindo día, porque de aquí en adelante nos aseguraremos que tu vida termine por convertirse en una rotunda mierda.”

El mensaje no le provocó otra cosa más que una estruendosa risa que hizo que las personas que pasaban por su alrededor la miraran creyendo que estaba loca. Aunque si bien no le tomó importancia, se le hizo algo extraño que no saliera el nombre del que envió dicho mensaje, puesto que las únicas personas a las que ella les dio su número son sus amigas y uno que otro novio que tuvo, pero al terminar sus relaciones ella siempre lo cambiaba. Quizás sus amigas sólo le estaban jugando una broma como solían hacer de niñas. De cualquier modo eso lo hablaría al día siguiente en la escuela con ellas. Scarlett pasó el resto de la tarde caminando por el parque con Snoopy, sin darle importancia al resto de mensajes que le seguían llegando. Al llegar a su hogar, siendo ya casi de noche, encontró un papel doblado y pegado en su puerta con su nombre escrito en rojo.

“Ignorar nuestros mensajes es algo de mala educación. Pero claro, como nosotros somos tan poca cosa para ti. ¡Como si tú fueras la gran cosa, cuando no eres más que una tremenda y reverenda PUTA!”

Ya se había imaginado lo que la cartita podría contener, así que las palabras escritas no le sorprendieron nada, ni tampoco le causó alguna emoción ni nada como para tomarlo en serio. Ella simplemente arrugó el pedazo de papel y lo tiró por ahí para luego entrar como si nada a su casa, donde ella misma se empezó a preparar la cena y alimentar a Snoopy. Apenas terminó caminó rumbo a su cuarto para prepararse para dormir, aunque tenía unos pequeños y extraños presentimientos sobre lo que sucedía con la persona o personas que enviaban esos avisos.

Al llegar a la escuela lo primero que hizo fue hablar con Ámber y Mónica sobre los mensajes extraños; obstruyendo el hecho de que eran mensajes de amenazas, preguntándole si eran ellas o si era alguien que quizás ellas conocieran y le habrían dado su número, a lo que ambas respondieron que no. Eso dejó algo confundida a Scarlett. Claro, no era posible, con esa carta ya quedaba claro que fuera quien fuera el que enviaba los mensajes no podía ser ninguna de sus amigas. La letra no era de ninguna de las dos ni de nadie que ella conociera. Para distraerse un poco les hizo algunas jugarretas a la pequeña Shannon y a las chicas del día anterior. Ver las expresiones de tristeza, y furia en los rostros de cada una fue algo que le hizo el día, aunque no duró demasiado. Durante toda la jornada de clases los mensajes le seguían llegando a su celular, lo que provocaba que los maestros le llamaran la atención y se lo retiraran. Uno de los maestros observó uno de los mensajes, al devolvérselo le sugirió a Scarlett que hablara con alguien sobre eso porque podría llegar a cosas mayores y podría terminar mal, pero ella hizo caso omiso a la advertencia, no se tomaba en serio amenazas estúpidas hechas únicamente por mensajes de texto. Al llegar a casa lo primero que vio fue a su madre sentada a la mesa en la cocina bebiendo una taza de café con una cara que parecía expresar un total desprecio por estar con vida. Por un momento pensó en decirle sobre los mensajes, pero al ver su cara de fastidio cambió de parecer. No era como si su madre fuera a darle importancia y la ayudara de todos modos.

Los días seguían pasando hasta que llegaron a mitad de año. Los mensajes de texto, las cartas, y hasta pequeños paquetes con cosas desagradables dentro se hicieron algo más frecuentes que al principio. Estaban a tres semanas de terminar junio, y Scarlett comenzaba a desmoronarse poco a poco. No sólo sus acosadores la molestaban 5 veces al día; lo cual a veces provocaba que no pudiera descansar lo suficiente ni de día ni de noche, sino que además la odiosa de su madre se puso aún más molesta ese mes, empezó a fastidiarla y a tratarla como si fuera su criada, la amenazaba con hacerle daño a su pequeño Snoopy si no hacía lo que le decía. Al terminar las clases Mónica le sugirió a Ámber y Scarlett que; aprovechando que era fin de semana, pasaran la noche en su casa para hacer una pequeña fiesta de pijamas como solían hacer de niñas. La idea le había encantado a Ámber, y a Scarlett le vendría bien para olvidarse de los estúpidos mensajes y de su madre, lo malo sería que tendría que dejar solo al pobrecito Snoopy a su cuidado, pero suponía que si le dejaba la suficiente comida no causaría problemas. Y así lo hizo. Dejó la suficiente comida a su pequeño tesoro, eran las siete de la noche y Ámber ya la esperaba afuera en el auto para ir a lo de Mónica. Antes de irse Scarlett fue a revisar a su madre, la cual encontró profundamente dormida debido a la cantidad de alcohol que ingirió. Probablemente no despertaría hasta mañana muy tarde, por lo que pensó que su pequeño estaría a salvo, así que se fue de lo más tranquila con sus amigas. Pasaron el rato como solían hacer, comiendo chatarra, viendo películas, haciendo llamadas de bromas a todo el mundo, contando historias de terror que hacían que Ámber temblara de pavor. Finalmente terminaron hablando sobre las personas que les caen mal y las cosas que les disgustan, donde Scarlett habló de los idiotas que estaban obsesionados por ese tal “Jeff the killer” el cual por cierto de sólo verlo de lejos era suficiente para enfermarse del estómago y perder el apetito. Sus amigas no dudaron en darle la razón de inmediato, ellas sabían del retraso mental que tenía esa gente, el trío de chicas comenzó a reírse de esas personas, cuando de repente el celular de Scarlett sonó para informarla de una llamada entrante. Lo tomó entre sus manos y excusándose con ellas salió de la habitación para encerrarse en el baño y hablar con la persona que la llamó, la cual por cierto, tenía un número desconocido. — ¿Hola? — Atendió algo indecisa e incómoda.

— Hola Scarlett. — Contestó una persona que sonaba a una mujer, pero usaba algo como un sintetizador de voz, por lo que no estaba del todo segura. — Dime, ¿Te diviertes en tu pequeña pijamada? —

— A ver hijo de puta, dime ya quién mierda eres, ¡O juro que termino llamando a la policía! Donde me aseguraré que te encierren en aislamiento para que te pudras por el resto de tu vida. — Amenazaba dejando notar un tono de nerviosismo. Lo que provocó la risa de la persona que la había llamado.

— Yo sólo quería saber cómo se encontraba la peor putita de toda la ciudad. — Contestó aquel desconocido con un tono demasiado burlón, cosa que hizo enojar a Scarlett. Pero antes de que ella pudiera decir algo más, éste volvió a emitir palabras. — Debiste ser algo más amable con las personas que te rodeaban, especialmente con tus pobres amigas. Cielos, ellas que son tan buenas contigo, y tú las apuñalas por la espalda, hipócrita de mierda. — Aquellas palabras dejaron muy confundida a Scarlett. Para cuando quiso preguntar de qué estaba hablando, aquella persona ya había cortado la llamada, dejándola hablando sola en el baño. Al cabo de unos minutos ella caminó de regreso al cuarto de Mónica, donde sus amigas la miraron con una cara que para ella fue muy obvio era de enfado. Les preguntó con notable enojo cuál era el problema que ellas tenían ahora, aunque fuera sin querer, a lo que ambas contestaron que simplemente estaban cansadas y que lo mejor era dormir ya, cosa que ellas hicieron casi de inmediato. Scarlett por otro lado cambió su expresión en enfado a uno de total desorientación. No tenía ni la más remota idea de lo que estaba pasando allí, por lo que esa noche durmió menos que de costumbre.

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El tiempo pasó hasta que fueron las seis de la mañana. Scarlett no esperó a que las chicas se despertaran sólo para que la vieran igual que anoche, así que con mucha cautela buscó sus cosas y se fue de forma sigilosa por la ventana de la habitación, la altura le habría asustado de no ser porque estuvo practicando gimnasia durante un tiempo, cosa que la volvió muy hábil en cosas como esa. Caminó por las calles desiertas cubiertas por una ligera niebla, eso le recordaba que el invierno estaba acercándose, y como Snoopy siempre tenía frío debía comprarle algo para pasar la estación más abrigado. Cuando estaba llegando a su casa pudo notar que la puerta del frente estaba totalmente abierta. Eso la alertó, por lo que fue corriendo lo más rápido posible. Al llegar pudo notar que en la sala había un desastre horrible. Entró a la casa con desesperación y armada con una rama lo bastante gruesa del árbol de su entrada. Caminó con mucha cautela observando las cosas que estaban en el suelo; muchas de ellas ya estaban destruidas, lo único que no encontró fue a su pequeño perrito Snoopy que no lo veía ni escuchaba por ningún lado. Corrió por toda la casa buscándolo por todas las habitaciones, también corrió por el patio pero no se veía por ningún lado, fue desesperada hasta la entrada donde empezó a llamarlo fuertemente con notable miedo y preocupación comenzando a llorar por no verlo por ninguna parte, lo único que logró ver fue a su madre llegando ebria a la casa. Apenas la vio se le tiró encima para gritarle de todo con todo el odio que hubiera en su cuerpo, porque estaba segura de que ella dejó la puerta abierta y dejó escapar a su perro. Le gritó con todo el aire que había en sus pulmones sin guardarse nada mientras las lágrimas caían sin control por su rostro, hasta que su madre le dio una bofetada con tal fuerza que la derribó al suelo, y mirándola sin emoción alguna más que enojo le dijo que dejara de ser una niñita malcriada porque no era quien para decirle qué hacer o qué no, confesando de paso que la puerta quedó abierta por ella, y que no le importaba en lo más mínimo si su estúpido perro terminaba siendo aplastado por camión porque lo único que ese perro hacía era fastidiarla, al igual que ella. Scarlett sólo la miró con profundo desprecio mientras entraba de lo más tranquila a la casa con unas botellas en las manos.

Pasaron los días; todo el mes de julio de hecho, y no había señal alguna de su pequeño Snoopy. Hizo y distribuyó un millón de volantes con su foto por si alguien lo había visto, pero nadie llamaba para decirlo si lo vieron o lo encontraron. Scarlett se la pasó encerrada en su cuarto, hundida en una inmensa tristeza que apenas y le dejaba comer. No contaba con el apoyo de nadie, su madre jamás lo hacía, y por alguna extraña razón sus amigas dejaron de hablarle por completo, incluso cuando llamó a Ámber para contarle lo sucedido y pedirle ayuda ésta le contestó todo muy frío y cortante. En la escuela era peor, era totalmente ignorada por las que eran sus amigas, y al ver el mal aspecto que ella tenía ya ningún otro estudiante la miraba, la situación era de lo más vergonzosa para ella. Lo que más le indignó, fue que la negra de mierda de Shannon se le acercara mirándola de forma burlona comentando un “Pero que bien te ves hoy Scarlett.”. Eso había sido el colmo, y sin planeárselo dos veces se le tiró encima a Shannon para empezar a darle puñetazos por toda la cara. El resto de alumnos que pasaban por ahí hicieron una ronda alrededor de ellas para ver el espectáculo, los gritos de los alumnos emocionados por la pelea alertaron a algunos profesores que fueron de inmediato a detener el pleito, llevándose uno que otro golpe por parte de Scarlett. Ella terminó siendo expulsada de la escuela, lo que la hizo sentir mucho peor de lo que ya estaba.

Pasó el tiempo hasta que agosto se convirtió en septiembre. Seguía sin haber señales de Snoopy, y para colmo su madre estaba internada en el hospital al borde de la muerte por haber conducido en estado de ebriedad y chocar contra un camión que venía en sentido contrario, no es como si le importara pero sería ella la que tendría que hacerse cargo por todo el asunto, y de cierto modo es irónico que muriera del modo que dijo que podría haber muerto su perro. Al día siguiente de que su madre fuera internada, el hospital llamó a la casa de Scarlett para informarle que ella había fallecido, desde luego a ella le importó un comino y eso se los hizo saber, estaba tan harta que hasta les sugirió que en vez de mandar el cuerpo a una funeraria que mejor la tiraran en algún río como la basura que era, y con eso les cortó la llamada para volver a encerrarse en su cuarto.

Esa misma noche recibió un mensaje de texto, lo cual para ella ya era de lo más normal. El mensaje decía que ella debía reunirse con sus acosadores debajo del puente; el lugar donde usualmente se reunían los drogadictos, el mensaje decía que si no asistía se arrepentiría. La cosa pintaba muy mal, si iba debería ir armada con algo por las dudas. Revisó en el cuarto de su madre y buscó en una caja en su armario, donde encontró un arma que parecía bastante nueva, su madre nunca debió haberla usado porque siendo una borracha habría terminado por matarse ella misma. Tomó el arma y un abrigo negro al que le había hecho un bolsillo en la parte de adentro para ocultarla y que nadie notara su existencia para que no le llamaran la atención, y en seguida tomó rumbo hacia el puente que quedaba bastante lejos de su casa.

Tardó una hora en llegar hasta el lugar, y al llegar notó unas figuras oscuras paradas ahí, como si estuvieran esperándola. Tomó una bocanada de aire y bajó con cuidado hasta el lugar donde al acercarse mejor notó que las personas de los mensajes cartas y paquetes, eran las tres chicas de su salón que conoció meses atrás. Todas miraron llegar a Scarlett con una sonrisa divertida, haciéndole ademanes con la mano para que se acercara mucho más, y al hacerlo pudo notar la presencia de Shannon también, la persona que menos imaginaba estaba ahí mirándola como ella solía mirarla para hacerla sentir menos. Tenía algunas banditas y una gaza en su nariz por los golpes que le dio en la escuela. Scarlett las miró a todas muy confundida, sin creerse nada de la situación. — ¿Esto es alguna broma? — Preguntó bastante desconfiada y molesta. — ¿Sigues pensando que esto sólo es una broma? Esto va bastante en serio putita. — Respondió una de ellas haciendo énfasis en la última palabra.

— Déjala, la pobrecita está destrozada. Perdió a su perro, se le murió la madre, y sus amigas ya no quieren ni verla. Es lógico que esté así de idiota. — Dijo otra chica mientras tomaba del hombro a la primera. Las palabras de esa chica le llamaron bastante la atención a Scarlett haciendo que preguntara qué sabían ellas de sus amigas y su perro.

— Quizás esto responda a tu pregunta. — Dijo Shannon mientras sacaba su celular y le mostraba unas imágenes de publicaciones en internet “hechas” por Scarlett donde se burlaba de Mónica y Ámber.

— ¡Pe-pero yo no publiqué nada de esto! ¡Todo esto es una mentira! — Gritó histérica mientras tiraba el celular al suelo y miraba con rabia a todas ellas. — Tal vez sí, tal vez no. El punto es que esto no les gustó nada a tus amiguitas. Y lo mejor está por venir. — Dijo Shannon nuevamente mientras levantaba su celular para pasar a mostrarle esta vez un vídeo donde claramente se veía a su perro siendo golpeado, pateado, y finalmente asesinado y cortado en pequeños pedacitos por todas ellas, los chillidos del animal que se escuchaban eran tan horrendos que no cualquiera podría soportarlo.

Las imágenes que veía provocaron una sensación de horror en Scarlett. Las lágrimas empezaron a caer sin control alguno mientras sollozaba al ver a su pequeño siendo asesinado, viendo su sangre salpicar por todos lados a la vez que oía a las malditas responsables reírse de ella. Al terminar el vídeo una de ellas se le acercó con una bolsa mojada, la desató y dejó caer a sus pies su contenido, que eran partes del cuerpo de Snoopy, haciendo que Scarlett retrocediera hacia atrás hasta caer al suelo viendo espantada aquello que fue arrojado a sus pies. “Eso te enseñará a no meterte de nuevo con nosotras” repetían todas varias veces mientras reían a carcajadas y le pateaban los restos de su perro a la cara. Las risas la estaban enloqueciendo poco a poco, y la gota que derramó el vaso fue la cachetada que Shannon le dio mientras le decía “Pequeña puta patética”, aquello fue lo que la hizo levantarse del suelo empujando a Shannon y sacar el arma que tenía dentro de su abrigo. Las chicas se callaron al ver el arma, pero Shannon sólo siguió riéndose y provocando a Scarlett.

— Jajaja ¿Crees que eso me asusta? ¡Por favor! ¡No tienes los cojones suficientes para siquiera apuntarnos a alguna de nosotras! ¡Eres una puta estúpida, realmente fue divertido ver a tu perro hecho una mierda como la due..! — Antes de que pudiera terminar lo que iba a decir, ella ya había jalado el gatillo, y una bala fue a parar en medio de su frente, haciendo que cayera en el acto con el olor de carne quemada y un poco de los sesos de la chica en el suelo. El cuerpo caído de Shannon detonó los gritos histéricos de las tres chicas que quedaban. Una de ellas intentó huir pero Scarlett le disparó por la espalda haciendo que cayera también. Las otras dos se le lanzaron encima para golpearla, lograron darle algunos puñetazos en la cara provocándole un ojo negro, su nariz y labios sangraban, una de ellas intentó quitarle el arma pero ella en un rápido movimiento le pegó con ésta en la cara con tanta fuerza que la derribó al suelo y acto seguido le mandó un disparo directo al vientre, provocando que la chica se retorciera de dolor. Sólo quedaba una más que al ver a Scarlett con la cara llena de sangre y una mirada aterradora hizo que se le helara la sangre, caminó lentamente hacia atrás hasta caer al suelo de rodillas para empezar a suplicarle que le perdonara, que todo había sido idea de Shannon. Scarlett sólo la miró, cambiando su expresión de enojo a una de compasión.

Como cortesía le dio un golpe lo suficientemente fuerte con el arma haciendo que cayera, le tomó del cabello para después arrastrar su rostro por el sitio, la pobre desgraciada no podía siquiera moverse por el arma que tenía apoyada en su espalda. Cuando se dignó a levantarla, tomó un puñado de tierra el cual hizo que la chica lo tragara mientras ella sonreía, si lo hacia la dejaría irse. La chica se levantó rápidamente para tratar de correr, sentía que se libraría de aquellos actos que cometió y todo terminaría.

— ¡Lo lamento! — Gritó ella, haciendo que la chica volteara tontamente. — Lamento que seas una pendeja de mierda. — Terminó de decir para finalmente dispararle en el pecho.

La chica se sostuvo del pecho respirando de forma agitada mientras lloraba. Scarlett caminó hasta ella con una mirada fría, la chica la miró frunciendo el ceño y con una sonrisa le decía que realmente disfrutó haber asesinado a su mugroso perro, lo cual hizo que la sangre de Scarlett hirviera de rabia. Rápidamente alzó una botella del suelo que estaba cerca de ella y agarró a la chica de la ropa para alzarla, y dándole un tierno beso en los labios rompía la botella para después introducirlo donde estaba uno de sus ojos, movía y retorcía aquel objeto con tan de hacer sufrir a la chica estúpida, lo mismo hizo en la otra cuenca dejándola completamente ciega.

— Esto es un asesino, ¡No un maldito maricón por el cual mojas las bragas!, estúpida virgen. —Exclamaba mientras daba puñaladas con la botella ya de forma aleatoria, los gritos eran tan molestos para ella que de un tajo pasó la parte rota aun manchada de sangre y con varios trozos de carne en la garganta de la “víctima” sintiendo cómo esta soltaba quejidos irreconocibles y la sangre salía a montones de las heridas que había hecho. Dejó caer el cuerpo al suelo, pero seguía furiosa. Tomó ahora un caño de agua todo lodoso y con él comenzó a golpear uno a uno los cuerpos de todas las chicas mientras les lanzaba insultos distintos a cada una, siguió así dos horas sin detenerse hasta escuchar cómo sus huesos se rompían, cuando acabó con todas dejó caer el caño al suelo para tomar rumbo hasta su casa. Para fortuna de ella, las calles estaban bastante oscuras así que no la podían mirar, tenía que buscar otra ciudad a donde vivir de todas formas no le quedaba nada y ahora menos que la policía estaría encima de ella. Pero el poder asesinar a esos engendros no le molestaba en lo absoluto, se podría decir que hasta lo disfrutó. Ahora debía cambiarse de ropa, buscar algo de dinero e irse, pero no sin antes despedirse de Mónica y Ámber. Les explicó a ambas por medio de una carta que las imágenes que vieron sólo fueron mierdas editadas, que ella las apreciaba de verdad, y que si no querían creerle estaba bien, que le daba ya igual. Con lentes y ropa distinta a la que usaba dejaba la carta en las casas de las chicas, esto lo hacía para después irse de la ciudad para siempre. Años después de todo lo ocurrido, en las noticias de la televisión se registraba que el crimen había aumentado, incluso se especulaba de un terrible asesino en serie que sin piedad hacía horrores con las pobres víctimas que caían en sus manos.

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— Esos pobretones, deberían sólo asesinar a los de su clase, aseguro a que es un vagabundo con olor a culo. — Tomaba de su bebida un atractivo hombre mientras reposaba en la cama.

— Los pobres, los negros y los pendejos deberían ser quemados. Es una pena que entres en este último, pito chico. —

— ¡¿Cómo demonios dices, perra?! — Decía exaltado a punto de levantarse de la cama, pero por una extraña razón cayó al suelo. — ¿Qué diantres? —

— Perra y puta tu madre, soy demasiado hermosa como para ser un vagabundo. — Decía mientras sostenía un bate de béisbol con varios clavos insertados. — Hija de puta, eres una puta Scarlett. — Exclamaba con furia mientras miraba a aquella chica, era lo único que podía hacer. — No tanto como tu madre querido, aunque qué asco ser comparada con una asquerosa india. Me la saludas en el infierno. —

La joven levantó el bate con todas sus fuerzas, su sonrisa cínica destacaba en su rostro mientras el hombre cerraba sus ojos quedando su vista completamente oscura.

¿El chico vive? No. ¿Dónde está? Nunca se supo. ¿Ella quién es? Es mejor que nadie lo sepa.


Autor: Pagina oficial de Facebook

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