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Como siempre, te encuentras encerrado en tu cuarto, revisando tus redes sociales. Hoy, la casa es toda tuya pues tus padres y tu pequeña hermana decidieron salir, en busca de los víveres y equipamientos necesarios para la familia y el hogar.

"Dios, ¡cómo molesta mi hermana!" es lo que piensas; pero ahora que no está, el ambiente es un tanto más pacífico para alguien. Más adelante, sabrás para quién. Y tus padres, siempre reclamándote todo, exigiéndote que laves los platos, limpies el baño, acomodes tu cuarto, pasees al perro... En fin.

Ahora estás solo, y nadie estará para molestarte.

Pronto cae la noche; el tiempo en la red pasa volando para muchos como tú. Te preocupas por el hecho de que ellos afirmaron que llegarían hacía una hora, pero... ¿Eso qué te importa? ¡No te están molestando más! ¿Qué acaso no es emocionante? ¡Habrá mucho tiempo libre para ti!

Te diriges a la puerta. No abre, pero luego de forcejear, recuerdas que la habías cerrado desde afuera gracias a un pequeño truco que descubriste en tus tiempos de ocio. Buscas la llave, pero las horas en internet te han hecho olvidar la ubicación de esta.

Buscas el interruptor de la luz, tanteando por las paredes, hasta que das con él. Lo accionas varias veces, pero para tu sorpresa, no funciona. Una leve ansiedad comienza a invadirte. Sin embargo, aún tienes la luz de tu monitor. Vas en su dirección para intentar iluminar un poco la habitación al encenderlo, pero...

¡Wow! Tropiezas con el cable de alimentación y lo desconectas. Ahora, estás completamente a oscuras. ¡Espera! Descubres tu teléfono en el bolsillo de tu pantalón. Te apresuras a encender el flash de tu cámara al oír un ruido que tú no has hecho.

Al conseguir tu propósito, iluminas a tu alrededor. No encuentras nada raro en la habitación, y para tu suerte, das con la llave de tu cuarto. La tomas y te dispones a abrir la puerta; cuando lo haces... Lo que ves te hiela la piel.

Ese no es tu hogar; estás en otro lugar. Es algo parecido a un enorme cuarto oscuro, en el que tu habitación y, por consiguiente, tú, están atrapados.

"¿Dónde estoy?" te preguntas. Pero, ¿cómo puedes preguntar a estas alturas? La respuesta está en tu memoria.

¡Ahí está tu paz! ¿No querías acaso estar solo, para que nadie perturbara esa calma y pudieses seguir en tu mundo? ¡Ahí lo tienes! ¿¡Por qué no lo disfrutas!?

Vuelves a entrar a tu cuarto y cierras la puerta; te diriges a la cama, te ocultas en tus sábanas y te preparas para intentar dormir.

La ventana de tu cuarto daba hacia la calle, pero ahora no hay nada ni nadie ahí. Todo se cubre por lo que será tu oscuridad eterna.

Tu teléfono se descarga poco a poco.

Para cuando ya no lo tengas contigo, quedarás en la absoluta sombra de tu egoísmo y tu vanidad.

"Treinta segundos para que la batería se agote. Conéctese a la red eléctrica de inmediato si no quiere perder datos."

Lees la advertencia de tu teléfono una y otra vez... Cuentas en reversa: cinco, cuatro, tres... dos... uno... Fuera luces.

Pasan minutos, horas, incluso pudieron haber sido días, que pasaste en la oscuridad eterna. Cuando tu teléfono se apagó, dejaste de sentirte a ti mismo junto al tiempo; no sabes si mueves tus ojos o tus extremidades, no sabes si estás hablando, ni siquiera sabes si estás escuchando algo.

Sigues recostado en tu cama, como ahora es costumbre, cuando de pronto...

Golpean la puerta.