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Jessica y yo hablamos por Skype ayer, fue un poco extraño. Para darles un poco de contexto, Jessica y yo somos muy cercanas desde que ella ingresó a la secundaria y se dio cuenta que tenemos varias cosas en común. Y ahora que ella está estudiando al otro lado del país, nos tenemos que comunicar por Skype, mayormente lo hacemos un domingo por la mañana, ordenamos comida china, bebemos cervezas o mimosas y hablamos sobre lo que ha pasado en el transcurso de esa semana. Hablar con ella me hace sentir como si estuviéramos cerca a pesar de que ninguna puede pagar un viaje en avión para visitar a la otra.

La conversación de hace 2 días empezó muy normal. Jessica me habló sobre las clases de verano que tenía que tomar (ya casi termina, gracias a Dios), y un tipo con el que se estaba besando la noche anterior en un bar.

“¿No eres demasiado grande ya para ese tipo de cosas?” Le reclamé mientras ella destapaba otra botella de cerveza – terminamos tomándonos un six-pack cada una. “Deberías dejar de andar en bares besuqueándote con extraños y conseguirte un novio de una vez.”

Ella resopló. “Como sea, tu tampoco has tenido un novio en años.”

“Tal vez, pero no paso las noches en bares besándome con cualquiera que encuentre.”

Seguimos hablando así un tiempo hasta que llegamos a las 3 o 4 cervezas y ya casi terminábamos con la llamada. Ya comenzaba a sentir que las cervezas cobraban efecto y podía ver que Jessica empezaba a reírse y bambolearse de vez en cuando.

“Oye Jess, ¿Podemos hablar sobre el Señor Sonrisas?” Le dije.

Ella suspiró un poco fastidiada. “¿Por qué quieres seguir hablando sobre él? Ya nos libramos de él, ¿No es eso suficiente?”

Es rara la rapidez con la que puedes volverte sobrio cuando comienzas a hablar de un tema serio. Me senté más recta que antes cuando Jessica me hizo saber que se acordaba del Señor Sonrisas.

“¿De qué estás hablando?” Le pregunté cautelosamente. “La última vez que hablaste de él me preguntaste que le había pasado.”

“Sí, no recuerdo exactamente lo que le pasó pero sí recuerdo que papá se libró de él.” Me respondió, riéndose después.

“¿Cuándo?” Le pregunté, tratando de evitar que mi voz sonara temblorosa.

“Justo antes de que nos mudáramos a la otra casa, boba,” Me respondió ella. “Cuando nos enteramos que no dejaría de seguirnos si no hacíamos algo.”

Traté de sacarle más información a Jessica sobre esto, pero se aburrió del tema y comenzó a hablar sobre la graduación y el mercado del trabajo, y que estaba algo asustada por eso. La calmé un poco y terminamos la llamada, me sentía algo enferma y más que todo somnolienta.

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Creo que tengo que hablar sobre el tiempo en el que mi papá comenzó a creerme. Me tomó mucho tiempo convencerlo de que algo pasaba. Le rogué por meses para que me dejara dormir en el cuarto con ellos, meses de mostrarles mis juguetes fuera de la caja por la mañana.

Mis padres son gente muy buena, y tengo que darles algo de razón, si parecía que lo que quería era atención. Y en ese punto, los animales muertos dejaron de aparecerse en la entrada por las mañanas. Eso era casi todo lo que les importaba, así que para ellos el problema ya había sido resuelto.

Pero luego me volví más lista (lista para una niña de 7 años por lo menos). A veces me quedaba dormida afuera de la habitación de mis padres, pidiéndoles que vieran mi cuarto por la noche antes de irme a dormir, y que luego lo volvieran a revisar temprano en la mañana. Al principio mi padre era escéptico al ver mis juguetes y peluches acomodados en la cuna de Jessie por la mañana.

“¿Acaso te levantaste por la noche y colocaste eso ahí?” Me preguntaba casi acusándome.

“No,” Le decía yo, agitando mi cabeza. “Estuve en mi cama toda la noche.”

La mañana siguiente me quería asegurar de que mis padres supieran que estaba en mi cama durmiendo toda la noche. Incluso les dije que se podían quedar despiertos toda la noche y verme dormir si querían. Primero se rieron un poco de eso. Luego les dije que podían quedarse despiertos escuchando el monitor de bebés que hay en el cuarto, y así podrían escuchar como mis juguetes se movían por la noche.

Mi padre dejó también una cámara de video al lado del monitor, para que así pudiera ver cualquier movimiento y oír cualquier sonido. La mañana siguiente revisó nuestro cuarto y vio los juguetes y peluches en la cuna de Jessica, y luego se fue a su dormitorio con la cámara de video, cuando yo aún estaba durmiendo. Recuerdo haberme despertado al oír a mi padre sacudiendo a mi madre y gritándole: “¡Despierta! Alguien estuvo en la casa anoche, ella no estaba mintiendo”

Al levantarme vi a mi padre sosteniendo a Jessica en sus brazos, se le veía muy aterrado.

“¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que oíste?” Mi madre me silenció y me dijo que fuera al baño que hay en su dormitorio. Cerraron la puerta y reprodujeron la cinta una vez más, para que mi mamá pudiera ver lo que ocurrió. Sólo podía escuchar una mínima parte de la conversación cuando presionaba mi oído contra la puerta.

“¿Deberíamos llamar a la policía?” Preguntaba mi madre con una vos temblorosa.

“No lo sé, Karen” Dijo mi padre. Sonaba muy agitado. “La ventana estaba completamente cerrada y sólo se puede abrir desde adentro, el vidrio estaba intacto, no sé cómo alguien puedo haber entrado de esa forma. No tiene ningún sentido.”

Al final mis padres sí llamaron a la policía, ellos vinieron a la casa e investigaron, pero no pudieron encontrar ningún rastro de que alguien hubiera invadido o entrado a la casa. Yo estaba sentada en mi habitación cuando los dos oficiales entraron a la casa, escucharon pacientemente la grabación, e investigaron mi cuarto. Cuando terminaron no tenían nada que decir más que reforzar las ventanas y colocar una cámara de seguridad en nuestro dormitorio. Mis padres asintieron y les agradecieron por haber venido.

Por un largo tiempo mi padre tuvo el monitor de bebés en mi habitación y lo revisaba y recargaba cada mañana. Todos tuvimos que dormir en la habitación de mis padres por ese tiempo. No hubo ninguna actividad durante un tiempo.

El quinto día, mi padre se levantó y revisó el monitor como acostumbraba cada mañana. Estaba acostado en la cama con mi mamá cuando lo escuchamos – el sonido de objetos siendo arrojados violentamente. Mi padre vino corriendo al dormitorio y sacó un bate de baseball de debajo la cama, y luego salió apresurado a la sala principal de nuevo, diciéndole a mi madre que cerrara la puerta del cuarto y que tuviéramos cuidado.

Esperamos en el dormitorio por lo que pareció una eternidad. Mi madre sostenía firme pero temblorosamente el teléfono en sus manos, preparada para llamar a la policía en cualquier momento. Jessica y yo estábamos a su lado, mi madre cargaba a Jessie mientras que yo la abrazaba fuertemente. Yo casi lloraba del miedo mientras que Jessie se reía y aplaudía.

“¡Jugar! ¡Hora de jugar!” Repetía Jessica.

Cuando mi padre volvió a entrar al dormitorio se le veía completamente impactado, casi en shock. Todos fuimos a revisar mi cuarto. Mi ropa y juguetes estaban tirados por todas partes, incluso mis libros estaban abiertos y en distintas partes del cuarto. La cuna de Jessica era lo único que estaba intacto, sólo tenía una nota en papel en la almohada que decía:“DEVUÉLVANMELA

“Tenemos que hacer algo. Tenemos que librarnos de esto, sea lo que sea.” Dijo mi padre con una voz temblorosa. Mi madre asintió en acuerdo.

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He intentado llamar a mi padre para averiguar cómo fue que se libró del Señor Sonrisas. Creía que tal vez le era más conveniente hablar de ello a través de texto, pero no me ha respondido los mensajes. En realidad, si me ha respondido, pero cambia el tema cada vez que tiene la oportunidad.

Creo que debería ir a la vieja casa y revisar un poco. Tal vez los vecinos saben algo sobre lo que ocurrió. Después de todo, mi vecina de al lado (Creo que su nombre era Maribel) era también una niña en ese entonces, y también tenía una hermana menor que era una bebé, sólo un año menor que Jessica. Puede que nuestro invasor también acechara a los demás niños del vecindario por la noche. Si es que algunos de mis antiguos vecinos sigue viviendo en ese vecindario sería buena idea que les preguntara un poco.

Voy a ir acompañada de un compañero de trabajo y amigo llamado Dan. No soy tan estúpida o valiente como para ir allá sola. Les haré saber lo que ocurra luego.


Parte 6: Señor_Sonrisas_(Parte_6)