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Los sollozos no paraban: todos los reunidos en el vetusto dormitorio estaban muy vívidamente afectados; no podíamos hacer nada más que ver hacia delante con los ojos lagrimosos, escuchando los sufridos y casi horrendos lamentos de la niña. Ella gemía, lloraba y temblaba sin parar, acurrucada contra la esquina del cuarto, abrazándose las piernas con ambos brazos, escondiendo a medias la cabeza con sus rodillas. Escuchar sus lamentos de dolor era insoportable, y en medio de la penumbra, me decidí a ayudarla:

-Hola pequeña,… -dije con la voz más dulce que pude-,… dime, ¿qué te pasa?,…

Los lamentos y los sendos lagrimones que recorrían sus mejillas rodaban sin parar, mientras alzaba a ratos su rostro, mostrándonos sus ojos bien cerrados; giraba su cara mirando a todos lados, como cuando una persona totalmente desubicada trata de descubrir desde donde proviene una voz,… 

-Hola preciosa,… -volví a insistir, suavizando mi voz para darle confianza-,… estamos aquí y queremos ayudarte, dime, ¿qué necesitas?,…

Alzó el rostro hacia mí, como si hubiese descubierto desde dónde procedía mi voz. Luego soltó un horrendo gemido que sonó casi como el lamento de un infante, para luego sollozar desesperada:

- ¡Solo quiero irme de aquiiii!,… -exclamó finalmente, desesperada-, ¡Quiero a mi mamaaaaaá!!!,… ¡SÁQUENME DE AQUIII!!!,…

El llanto de la niña era doloroso en extremo: quienes me acompañaban, prácticamente dejaban oír el sonido de sus gargantas, tragando saliva, conteniendo el llanto al oírlo; sabían todos bien que yo y solamente yo podía rescatarla de aquel espantoso lugar donde sufría lo indecible. En silencio todos aceptaron asintiendo con la cabeza, mientras yo tendía mi mano hacia ella. 

- …Hemos venido a sacarte de aquí,… -le dije-, no tengas miedo: ahí tiendo mi mano. Está delante de ti,… tómala y yo te ayudaré a salir de ahí,…

Por un instante dejó de llorar: sin abrir sus ojos cerrados dirigió su mirada ciega para siempre hacia mí: yo estaba a menos de un metro de donde ella estaba acurrucada, en el suelo, aterrada. Luego de “ver” hacia delante, sacudió su cabeza con fuerza, negando todo en medio de potentes llantos: 

- ¡NO TE VEO, NO TE VEOOOOOOO!!!,… -gritó la niña-, ¡no hay nadie aquí: es horrible!!!,… ¡todo es muy oscuro, no veo nadaaaa!!!,… ¡TÚ ME MIENTES IGUAL QUE “ÉL”!!!,… - ¿”ÉL”?,… -dije entonces yo, extrañado-, ¿quién es “ÉL”?,… - …¡Quién me trajo aquiiiií!!!,… -me replicó la pobre criatura aterrada-,… ¡yo no quería venir, yo no quería venir con “él”, yo quería ir a casa con mi mamá!!!,… ¡QUIERO A MI MAMAAAÁ!!,…

Teníamos que lograr que confiara en nosotros: sino, no lograríamos rescatarla, pero para hacerlo, debíamos saber más,... sobretodo si es que “alguien” más estaba ahí con ella, en medio de la más profunda oscuridad.

- …Te llevaré donde tu mamá,… -le mentí miserablemente-, no temas pequeña,… ¿cuál es tu nombre?,…

Se hizo un largo silencio: la niña dejó de golpe de llorar. Sendos lagrimones recorrían sus mejillas frente a mis ojos; respiraba con dificultad, pero poco a poco parecía que se serenaba:

- …Delia,… - Bien Delia,… -le dije despacio, hablando por todos-, estamos aquí para ayudarte,… solo debes tomar mi mano y seguirme,… debes confiar en mí,… te sacaré de ahí,…

La niña entonces estiró su mano, pero no hacia mí: desesperada comenzó a tantear a toda prisa el suelo al frente suyo. Alargaba sus dedos, los estiraba y los recogía, como tratando de coger algo. Pasado un rato, comenzó a respirar con fuerza, para luego soltar a llorar dolorosamente: 

- ¡NO PUEDO,… NO PUEDOOOO!,… -gritó desconsolada-, ¡no está mi bastón,… no está mi bastón,… “ÉL” SE LO LLEVÓ,…”ÉL” ME LO QUITOOOÓ!,…

Delia, la niña, era ciega: sería más difícil ayudarla; se oía desamparada al no tener a su lado su bastón,… pero noté que la oscuridad total y el desamparo no era lo único a lo que ella le temía.

- …Tranquila, pequeña,… -traté de relajarla-, dime,… ¿quién es “Él”?,…

Se hizo un silencio 

- ¿“Él”?,… - Si: “Él”. - …¡”Él” me trajo aquiiiií!!!,… - gritó desesperaba mientras miraba hacia todas partes, aterrada hasta el paroxismo-, ¡ES HORRIBLE: ES MUY OSCURO Y FRÍO AQUÍ,… POR FAVOR,… SÁQUENME DE AQUIIIÍ!!!,… - …Tranquila,… Tranquila,… -proseguí con dulzura-,… estamos acá contigo y no nos iremos hasta llevarte con nosotros,…

Pero Delia no se tranquilizaba: lloraba amargamente sin parar: el corazón parecía que iba a salírsele del pecho, mientras se prendía casi con las uñas de sus rodillas, recogiéndose contra sí misma, alejándose de mi:

- …¡Yo no quería venir, YO NO QUERÍA IR CON “ÉL”!!!!,… -prosiguió hablando Delia, aterrada-,… yo iba a casa, mi mamá me esperaba,… ¡y “Él” me arrastró, me trajo acá!!,… ¡ME QUITÓ MI BASTÓN Y ME ENCERRÓ AQUIIIÍ!!,…

El llanto de Delia era desesperante en extremo: no necesitaba verlo, pero sabía que mis acompañantes en aquel lugar derramaban también sendas lágrimas: todos deseábamos sacarla de ahí, pero no podíamos interrumpirla; Delia seguía hablando, mientras guardábamos silencio:

- … Luego me,… luego me,… ¡LUEGO ME!!,… - trataba de decir algo, pero la desesperación la dominaba por completo. - …¿Qué te hizo?,… -, dije.

Delia trató de contenerse. Tragó saliva. Luego bajó el rostro y lo enterró en medio de sus rodillas:

- …Me hizo “cosas” que yo no quería hacer,… -musitó con voz grave-, ¡me hizo hacer cosas que yo no quería!!!,… ¡AÚN LO HACEEE, QUIERO IRMEEEE!!!!,… ¡”Él” es horrible, me hace daño,…huele mal,… se ríe de mi!!,…  - …¿”Él”, está aquí?,… -, pregunté entonces, conteniendo la rabia y la respiración al mismo tiempo. - …”Él” siempre está aquí,… - replicó casi de inmediato la pequeña Delia, alzando su rostro lloroso, para hablarme casi con susurros, como tratando de evitar que “alguien” nos escuchara-,… todos los días trato de ir a casa,… con mi mamá,… ¡pero “él” me toma de la mano con fuerza, me arrastra, me esconde mi bastón y me encierraaaa!!!!,…

Su voz desesperada entonces comenzó a sonar más gutural, como si procediese desde dentro de su tráquea: frases ininteligibles que hacían que su pecho se alzara con fuerza, como si la vida le abandonase.

- ….¡Después de,… después de hacerme daño,… no puedo respirar!!!,… ¡aghhh!,… ¡no puedo respiraaaaar!!!!,….

No podía yo ya escuchar más: sentí la necesidad de sacarla de ese horrendo lugar de sombras perpetuas y dolor lo antes posible. Delia, la pequeña niña, dirigía sus ojos cerrados hacia mi rostro, como esperando, ansiando una respuesta. Volví a estirar mi mano y tratando de no asustarla, pero inspirándole confianza a la vez: todos a mi alrededor contuvieron el aliento.

- …¿Deseas venir con nosotros?,…

Ella no me respondió: solo alzó el rostro y afirmó con la cabeza. No necesitaba yo más. Le tendí de nuevo la mano. Temerosa, levantó su mano y a tientas, trató un rato de cogerme. Pasados unos minutos que parecieron eternos, sus dedos se aferraron de mi índice, primero temerosamente y luego con algo más de firmeza. Emocionado vi, como en su rostro se dibujaba una tímida sonrisa. Entonces el dormitorio comenzó a llenarse de las voces de mis compañeros y compañeras que trataron de darle a Delia el coraje para venir finalmente con nosotros:

“Ven con nosotros, Delia,…”, decían con voz emocionada las chicas que nos acompañaban;

“Ven, Delia: te ayudaremos”, agregaban los muchachos.

Sentí sus dedos aferrándose con más fuerza a mi mano cuando escuchó ella las insistentes voces:

“te llevaremos a casa,…”, “verás a tu mamá,…”, “ven, pequeña, ven,…”

Entonces el aire se puso pesado de golpe,… gélido y muy pesado: alcé la vista y vi el rostro de ella, crispado de pronto por el horror: el cuerpo se me heló por completo, ¡SENTÍ SOBRE MI MANO, LA PESADA Y DURA PRESIÓN,… DE OTRA MANO, APRETÁNDOME,… COMPRIMIÉNDOME DOLOROSAMENTE LOS DEDOS!!! Bajé la vista y mis ojos se abrieron como nunca antes en mi vida, mientras escuchaba a la pobre niña soltando un grito gutural y horrendo, como si todo su ser fuese atravesado por un indescriptible dolor:

¡APRETÁNDOME LA MANO, NO HABÍA NADA!!!, ¡ERA HORRENDA LA SENSACIÓN DE DOLOR QUE SENTÍA,… ERA COMO UNA MANO INVISIBLE LO QUE COMPRIMÍA MIS DEDOS!!!

Traté de zafarme de esa fuerza inhumana, de pesadilla que me atenazaba, proveniente de la nada, pero no pude. Delia lloraba sin parar, aterrada por completo chillaba y gemía. De pronto, se calló. Tras un silencio aterrador, giró su rostro hacia mí y abriendo los ojos, exclamó: 

- …No,… -dijo entonces Delia, mirándome fijamente con sus ojos sin vida, y con una voz que me escarapeló por completo-,… “Él” no me dejará ir con ustedes,… nunca,…

Entonces, aterrado, ví yo y todos los demás cómo,…. ¡CÓMO UNA FUERZA INVISIBLE,… UN BRAZO Y UNA MANO MUSCULOSA Y SEMITRANSPARENTE LE TOMARON CON FUERZA POR EL PECHO!!!,… ella pegó un grito terrible, que nos estremeció por completo; por un segundo estiró su brazo al máximo hacia mí, pero ya no se pudo agarrar de mi mano,… a pesar de la semipenumbra de la habitación, yo y mis acompañantes vimos con pánico cómo esa mano transparente apretujó su seno derecho, marcando dolorosamente sobre él sus enormes e inhumanos dedos, haciéndola gritar de nuevo.

Atrayéndola con fuerza inaudita, la asió cual garra y la jaló con fuerza contra la pared a sus espaldas. Un golpe seco, su nuca estrellándose pesadamente contra la pared, un sonido realmente horrible y todo terminó.

Todos nos quedamos mudos y a la vez sumamente impactados: habíamos sido derrotados de nuevo; no pudimos rescatar a la niña, a la pobre, pequeña y aterrada Delia. 

Lentamente Vanessa comenzó a abrir los ojos, conforme su rostro, que hacía pocos instantes mostraba los rasgos y gestos de una niña de ocho años, comenzaba a retomar la apariencia de la mujer de 35 años que era Vanessa. Estaba regresando en sí. Atrás quedaba ya la voz aguda y dolorosamente sufriente de Delia, para dar paso a la voz madura y enronquecida de mi amiga médium: 

- …¿Qué pasó?, ¿hicimos contacto?,… –comenzó a preguntarme Vanessa, peinándose con los dedos y tomándose la cabeza como sintiendo recién que se le avecinaba una tremenda jaqueca-,… ¿rescatamos a la niña?,… - …Se llama Delia,… - le dije mientras me sentaba a su lado, contra la pared; yo también estaba exhausto. Prendí y cigarrillo y le ofrecí otro. Vanessa aceptó gustosa-,… no está sola: un “ente” no la deja ir. Fracasamos de nuevo,… - …Cuéntamelo todo después,… -replicó Vanessa, soltando una gran bocanada de humo-,… Delia,… se llama Delia,… solo eso sabemos,…

En ese momento, el resto de nuestros acompañantes explotó: de golpe, los demás miembros de nuestro “Círculo de rescate” empezaron a dar de gritos. Tras pasar horas tomados de las manos, las dos chicas exclamaron a grandes voces que no volverían a intentarlo nunca más. Los otros dos miembros, dos muchachos amigos de Vanessa, discutían entre si acaloradamente, acerca de si se hizo lo suficiente o si debíamos intentarlo de nuevo.

Yo solo pensaba la desazón que no me abandonaba: seis años,… seis años de intentos fallidos; seis años tratando de rescatar al espíritu de Delia,… y 24 años en que su alma atormentada sufría, penaba en aquella casa abandonada, que nadie quería habitar,… 24 años de haber sido violada y muerta,… 24 años de sufrir lo indecible en manos de su maldito asesino, aún junto con ella, en el Más Allá,…

- …Lo peor es que ella no sabe que está muerta,… -, dije con un susurro, como para que solo lo escuchara Vanessa.