FANDOM


La multitud esperaba en silenció el despertar de la bestia. La niebla escondía las demás atracciones, pero eso no importaba. Ese día fue el elegido para que se diera a acabo lo que se pensó sería uno de los mejores y mas misteriosos eventos jamás hechos en la ciudad.

La bestia de la cual hablamos estaba hecha de madera. Era un dragón al estilo japonés. Sus escamas de colores chillones la ridiculizaban. Sus fauces eran agujeros de los cuales salía una luz anaranjada, quizá proveniente de una de esas maquinas baratas que cualquiera puede comprar en el centro, junto a la fuente estancada. Su cuerpo recorría todo un sendero sin fauna que todo el mundo conocía, pero lastimosamente nadie recuerda su nombre. En la gigantesca boca podían caber cuatro hombres de tamaño mediano. Junto a la anterior mencionada se habían puesto unos reflectores improvisados. Estos se prenderían al momento exacto de la llegada de los anfitriones.

Todos estaban reunidos, juntitos codo a codo, a unos metros del dragón. La mayoría eran jóvenes, desde niños que corrían sin detenerse hasta adolecentes que disimuladamente compraban paquetes que contenían polvos de cierta índole. Los adultos estaban, si, pero no todos se encontraban para supervisar a los jodidos mocosos. Los solteros y padres fumaban en un rincón, alejados de las mujeres que se alteraban por el más mínimo movimiento. Las mujeres normales, que en su mayoría eran amas de casa, o veían a sus hijos o se entretenían con lo que pudieran encontrar. Ha de notar el lector que esos eran tiempos en donde no muchos tenían la más avanzada tecnología, por lo que el aburrimiento allí si era cosa sería.

Los reflectores se prendieron al unísono. Los niños se acercaron rápidamente, asombrados. Los hombres solteros apagaron sus cigarrillos. Todas las amas giraron sus cabezas. Los reflectores se movieron en dirección de las temible fauces, y allí dentro, según pudieron notar los más pequeños, había una o dos personas.

Un grave sonido provino de dentro del dragón. Los niños retrocedieron hasta los pies de sus atentas madres. Desde la gran boca salió un hombre, con un gran taiko (tambor japonés) en mano, vestido de demonio. Segundos después otro hombre con el mismo tipo de traje le siguió.

El primer hombre vestía una túnica color amarillo claro. Poseía una capa muy brillante. Los cuernos de su sombrero eran regordetes y cortos. Su gordura era inconfundible, pues era el único obeso en el evento.

El segundo hombre era todo lo contrario al primero. Su túnica era de color carmesí. Sus cuernos eran largos y delgados. Era tan flaco como un fideo. No poseía capa, pero se cubría con una manta larguísima, tan negra como la oscuridad.

El demonio dorado dejo el taiko en el suelo y, sin parecer cansado por traer semejante bulto, habló tan relajado que sorprendió a algunos.

-Buenas noches, almas. Dejad que nos introduzcamos antes de empezar está ceremonia- se arrodilló y señalo su propia frente con uno de sus dedos regordetes.-Yo soy Hirundo, un muy antiguo demonio que guía a los hijos de la dueña del fin del universo.

El demonio rojo se tiro de bruces a la tierra, señalo su propia frente con uno de sus largos dedos y habló a todo pulmón.

-Mi nombre es Kryptopterus. Provengo de las asquerosidades de los hijos de la dueña del fin del universo. Alumno del grandioso Hirundo por toda la eternidad.

Cuando pararon de presentarse, todo el mundo les miraba con atención. Los niños se habían acercado nuevamente, esta vez por los bonitos colores de los trajes de los demonios. Alguien, dentro de la multitud, no paro de reírse, pero nadie le presto atención.

Los demonios se levantaron al mismo tiempo. El demonio dorado busco dentro de su traje y saco de un pergamino. Lo abrió mientras miraba a su alrededor en busca de alguien o algo específicamente. Hablo con más claridad esta vez.

-Vinimos solo por esta noche en busca de almas para saciar a una muy impaciente deidad. ¡Oh, no sabéis como es! Y me tardaría siglos en explicároslo. Pero tened en cuenta que su furia es temible y eterna. ¿No queréis hacerlo enojar, verdad? –todos afirmaron mientras otros se alejaban-. Sus sacrificios serán venerados en uno de los muchos espacios del infinito tiempo. ¡Por favor, que se organicen en una fila las almas que mencione!

Tres niños de piel oscura.
Ocho pobres que vivan en una granja a la lejanía.
Cuatro adolescentes, hijos de reyes, bañados en oro o que busquen la gloria en sus vidas.
Diez mujeres limpias.
Dos niñas aún no tocadas por las serpientes de la impureza.
Dos personas sin cordura.

Llegó un niño de ascendencia africana y dos de india. Cuatro hijos de un granjero soltero se aproximaron, y cuatro de una mujer agricultora se acercaron lentamente. Un grupo de niños ricos llegaron al oír que se les necesitaba. Ocho mujeres jóvenes universitarias y dos mujeres solteras se acercaron. Dos niñas gemelas, delicadas y penosas, hicieron fila. Una loca de cabello rojizo y un retrasado mental del tamaño de un gigante se alinearon en al fila mediante saltos. Todos estaban en fila, esperando para introducirse en las entrañas del dragón.

-Con esto será suficiente –dijo Hirundo, complacido-.Se giró para mirar a su aprendiz. Señaló a la boca de la bestia y Krypto hizo lo mismo-. ¡Que se abra! ¡Que reviva una vez más! –dijeron al unísono.

La siguiente escena quedo en al memoria de muchos, los cuales ayudaron a la construcción de este relato. Todo empezó con un leve murmullo que en menos de unos segundo se intensifico hasta convertirse en el espantoso sonido que hace las alas de un avión. Vino sin previo aviso; todos tuvieron que taparse los oídos. Irónicamente los demonios ni se taparon los oídos ni hicieron gesto de notar el horrible sonido. Un punto luminoso apareció en las profundidades de la bestia y empezó a crecer hasta obtener la forma de un circulo giratorio. Cuando apareció el circulo, el interior del dragón se ilumino con una multitud de luces que no parecían provenir de ninguna parte. Chipas parecían salir de los orificios de la bestia. El sonido paro inmediatamente. Todos devolvieron la vista para ver un espectáculo de colores.

La perplejidad de muchos se hizo inminente. Los más pequeños, al notar lo colorido del lugar, se acercaron corriendo. Uno de los jóvenes de la fila exclamo su inconformidad, pero se calló al escuchar que uno de sus compañeros le llamaba “gallina”. Algunas de las amas de casa se alejaron con sus hijos en mano.

-Id –exclamó el demonio rojo con algo notable esfuerzo, pues no era fácil para él decir lo próximo-. Y que Él os tenga en cuenta en los otros infinitos mundos.

La fila india se deshizo en unos segundos. Todos entraron corriendo y sin pensarlo dos veces. Todo el que entraba desaparecía en el mar de luces. Pasados unos minutos, y totalmente de sorpresa, unas infinidad de llamas salieron de la boca del dragón para elevarse hacía el cielo. Nadie salió herido de aquello, por suerte. Los aplausos, ensordecedores, no se hicieron esperar.

Los dos demonios, especialmente el carmesí, lloraban lagrimas que salían de sus mascaras.

El demonio carmesí casi empieza a gimotear, pero su compañero se lo impidió. No era el momento de entristecerse por unas almas ya idas.

-Muchísimas gracias…-espetó el demonio carmesí.

-Los seres de este universo son demasiados comprensivos. Demasiado -dijo el demonio dorado.

Cuando ambos levantaron sus brazos al cielo lleno de estrellas, de repente la neblina los engulló y no se les volvió a ver jamás.

Uno de los hombres solteros fue a la parte trasera para ver porque una de las hermosas chicas universitarias, ni los otros, habían vuelto tras varios minutos. Tras llegar, llamó a gritos a los demás. Y estos llamaron a la demás gente. Al otro lado no había ni una sola persona de las que habían ingresado, sino un gran manchón oscuro en la tierra, un poco de pasto quemado y un árbol el cual sus hojas, todas, se habían desintegrado.