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Cada ser vivo tiene una canción única que le hace ser como es, algunas rápidas, algunas lentas, algunas que casi ni se oyen y otras tan altas que dejarían sordo a alguien. Si esa canción se para o se borra, no muere, pero tampoco vive, solamente existe. Si algo o alguien encuentra esa canción, la puede manipular a su antojo para que se convierta en su esclavo, en su marioneta eterna. Por eso nuestra canción está tan bien escondida, de la manera de la que ni nosotros mismos sepamos dónde la tenemos. Está tan bien escondida...

¿Cómo la pueden encontrar? Muy fácil. Shall lo hace. ¿Quién es Shall? La pregunta adecuada sería: ¿Qué es Shall? Esto pasó hace mucho tiempo, entre la vida y la muerte. Shall no siempre fue así, solo era una misión que salió mal, era un guardián que protegía todas las canciones del mundo, menos la suya. Un día, no se sabe quién ni cómo ni por qué, se la robaron. Shall al ser una entidad, no estaba vivo del todo, pero tampoco muerto. Cuando a una entidad le roban su canción, no es el mismo, le falta algo que le complete. Por eso, Shall roba las canciones, para vengarse del que le robó su canción y encontrarla.

Pero ¿por qué hace Shall todo esto? Para responder a esa pregunta habrá que ir unos años atrás.

Antes Shall no era conocido como tal, si no como Simón. Simón era un niño alegre de nada más ni nada menos que 14 años. Simón no tenía hermanos, ni un padre, solo una madre que por cierto no era la mejor, debido a la pérdida de su marido cayó en la decadencia de las drogas y el alcohol. Por lo que Simón tuvo que madurar y crecer antes de tiempo por lo que no tuvo una buena infancia. Era un chico alegre y carismático, todo el mundo le quería, pero todo cambió tras el accidente que le cambió la perspectiva de todo.

Una noche, Simón paseaba tranquilamente por la calle, quería estar en cualquier lugar menos en su casa, su madre acababa de volver de un casino, borracha y sin un solo céntimo, como muchas otras veces la habían emborrachado y desplumado. Simón estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no vio aquel coche que se acercaba a toda velocidad por su derecha. Lo siguiente que sintió fue un golpe un su costado seguido por el aplastamiento de su pierna derecha. Simón gritó de dolor, unas cuantas personas fueron a socorrerle.

Lo último que escuchó fue el canto de una niña pequeña, una dulce melodía sin palabras que le llenaba y a la vez le asustaba,no sabía por qué pero sabía que esa no sería la última vez que escuchara la voz de esa niña.

2 semanas después ...

Simón despertaba poco a poco de su coma, estaba confuso y dolorido.

"¿Dónde estoy?-pensó-¿Qué hago aquí?- recordó estar paseando por la calle, alejándose de su casa y de su madre, intentando despejar su mente, luego recordó el golpe, el dolor y ese canto, esa voz tan dulce... Simón volvió a la realidad-"Habrán sido imaginaciones mías" pensó.

En ese momento un médico entró en la sala.

-Por fin despertaste hijo-dijo el médico- temíamos que no lo hicieras.

-¿Donde estoy?- dijo Simón mareado.

-Estás en el hospital Señor Esteban,-prosiguió el médico- estuviste en coma dos semanas, te llevaste un fuerte golpe en la cabeza y te fracturaste una pierna.

-¿Está bien mi madre?- preguntó Simón. Por mucho rencor que le guardara por no estar con él durante su infancia, en el fondo la quería, era su madre y aunque no hubiera sido la mejor madre sentía un gran cariño por ella.

-Lo siento mucho Simón, encontramos a tu madre en el salón de tu casa,estaba muerta -dijo entristecido- se inyectó una sobredosis de cocaína, su cuerpo no lo aguantó. Lo siento mucho hijo.

Simón estaba en shock ¿estaba pasando de verdad? ¿su madre había muerto?. Sin darse cuneta, lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Sintió que le arrancaban una parte de sí mismo, su alegría, su cordura, su todo...

"No es cierto, te está mintiendo, quiere separarte de ella, quieren separarte de lo único que te queda, lo único que aprecias más que a tu vida. Te separaron de tu padre y ahora lo quieren hacer de tu madre, ¿de verdad vas a permitirlo Simón?- dijo una voz dentro de su cabeza, no era la suya, eso seguro, esta era dulce y femenina, pero a la vez profunda.

-No puede ser...-dijo Simón- esto no es verdad, esto no es verdad... ¡ME ESTÁ MINTIENDO! -gritó Simón tirándose encima del médico y pegándole puñetazos hasta que su nariz empezó a sangrar -¡no me arrebatarán a mi madre!-gritó-¡no volverán a separarme de alguien a quien quiero!- Simón continuaba agrediéndole.

El doctor, asustado y dolorido por su reacción, cogió la jeringuilla que tenía en el bolsillo interno de su bata,en la que contenía una potente anestesia y se la inyectó a Simón en el brazo. Sintió una parálisis, le empezaron a fallar las piernas y los brazos y se desplomó en el suelo, veía como una enfermera iba corriendo hacia el médico y luego... nada.

Cuando se despertó, se encontró en una sala acolchada, se acercó a la puerta , pero cuando intentó abrirla se dio cuenta que llevaba puesta una camisa de fuerza. Simón se desplomó en el suelo. Y así pasaron los días, abandonado a su suerte, hasta que un día, pero no un día cualquiera. Ya hacía un año del accidente, un año desde la muerte de su madre, un año desde que ya no tenía cordura, ese día la volvió a oír, la voz de esa niña, esa dulce canción sin palabras. Se le apareció una niña de unos 6 años, con una bata de hospital, cabellos cobrizos, ojos grises y manchada de sangre, mucha sangre.

-Te la han robado-dijo la niña- ¿Acaso no quieres recuperarla?

Simón no sabía a qué se refería,-¿Qué me han robado?- preguntó

-Tu canción.-dijo la niña seria -te la han robado, te han robado tu personalidad, tus seres querido, tu todo -Simón no hacía el más mínimo gesto, solo la escuchaba- te llevo manteniendo con vida un año, pero no me queda energía, pronto morirás.

-¿Por qué me mantienes con vida?-preguntó Simón

-Porque me escuchaste, porque me ves-dijo la niña- no todos los mundanos pueden verme, es un extraño don.

-¿Qué don?- dijo Simón intrigado

-El poder ver a los guardianes- respondió la niña- somos entidades que os protegemos de vosotros mismos, os curamos con nuestra fuerza, os animamos con nuestra vitalidad y protegemos las canciones de vuestra alma.

-Recuerdo que antes mencionaste lo de las canciones- dijo Simón- pero, ¿qué narices son?

-La canción eres tú mismo, una parte de tu alma, tu fuerza- explicó la niña - si te la quitan tu guardián te mantendrá con vida el tiempo que pueda aguantar hasta que se quede sin fuerzas y muera.

-¿Y qué pasa si muere tu guardián?-dijo Simón

-Ay querido Simón,-dijo la niña- para responderte a eso tendré que proponerte un trato

-¿Qué clase de trato?-dijo Simón

-Conviértete en un guardián, como yo. Te podrás vengar del que te hizo esto, del que mató a tu padre, del que le vendió a tu padre su primera dosis... y del que te robó la canción- dicho esto la niña levantó la mano- dame la mano y ya estará todo hecho.

-¿Y que te tendré que dar a cambio?-preguntó Simón

La niña sonrió y dijo -Tu humanidad.

-¿Mi qué?- dijo Simón

-Tu humanidad- volvió a decir la niña- tu capacidad de sentir, de vivir y de estar ciego a la verdad del mundo- dijo la niña-Simón dame la mano y podrás buscar a quien te hizo todo esto, al que te encerró, al que te quitó a tus padres, al que te robó tu canción.

Simón decidido y lleno de ira hacia el que le quitó todo, levantó la mano y se la dio. Lo primero que sintió fue un pellizco, que recorrió desde su mano hasta el resto del cuerpo.

Luego comenzó el dolor, un insoportable dolor, como si le clavaran un millón de clavos en la palma de la mano y fueran subiendo, cuando el dolor cesó, vio a una niña con una bata de hospital y cabellos cobrizos asustada porque no sabía dónde estaba. Ya no le veía. Cuando se dio la vuelta solo pudo oír su nuevo nombre, lo que oirían sus víctimas al robarlas la canción y ese era... Shall.