FANDOM


Ha pasado un año desde que dejé la heroína. Había un montón de razones para que hubiera empezado, todas ellas igual de estúpidas en retrospectiva, pero la cosa importante era la razón por la que había parado.

La última vez que me inyecté, estaba con un grupo de cuatro amigos. Estábamos juntos casi siempre, y éramos, más o menos, vagabundos. Hace un año, decidimos colarnos en una casa abandonada para tener un lugar donde dormir. Hacía frío afuera, y ninguno de nosotros queríamos pasar otra noche durmiendo a la intemperie.

Tome la heroína que nos quedaba y la repartí entre nosotros, chutándonos. Me tumbé, mirando el decrépito techo de ese edificio, preguntándome si mi interior se vería igual tras años de drogarme y, de una forma diferente, abandonando a mí mismo. Tenía un subidón que me hacía estar tirado ahí, mirando alrededor y pensando, pero sentía como si no pudiera moverme o hablar. Mi mente vagaba en un estado similar al sueño.

Cuando miré alrededor, vi un hombre que no podía reconocer con nosotros. Estaba encorvado, envuelto en ropa sucia y rota, su pelo era largo, enmarañado y grasiento. No llevaba zapatos, y su piel era amarillenta y casi pelada. No podía entender qué es lo que estaba haciendo hasta que se plantó delante de David, uno de mis amigos que dormía en el suelo helado. Con sus dedos, abrió los párpados de David, pero este no se movía. El hombre los cerró despacio, y el color pareció ser drenado del cuerpo de David. Hizo lo mismo en cada uno de mis amigos antes de acercarse a mí.

“Por… por favor… no…” Susurré con esfuerzo, sintiéndome incapaz de moverme. Su cara estaba cerca de la mía. Sus enfermizos ojos amarillentos me miraban.

“Me gustas. Cambia tu vida.” Dijo. Su aliento era terrible, tuve que contener una arcada. Sus dientes estaban pudriéndose por dentro. Presionó sus yemas contra mis labios. “Tan solo cambia tu vida.” Dijo.

Conseguí salir de esa ensoñación. No tengo ni idea de si lo que vi era real o simplemente un sueño, algún tipo alucinación pesadillesca alimentada por las drogas.

Me levanté a la mañana siguiente, y recordando lo que había pasado, corrí fuera de la casa. Las noticias oficialmente catalogaron la muerte de mis amigos como sobredosis, y al día siguiente ingresé en el hospital para desintoxicarme. Habitualmente durante mi estancia, aluciné con su cara. Mirándome a través de las ventanas. No podría decir si era una alucinación o no. Lo veía por todas partes. Cuando tenía una tentación o cuando pasaba por algún viejo lugar donde compraba, ahí estaba él. Ayer por la noche, pensé en volver a drogarme, y vi su decrépito rostro en la ventana.

Pero él nunca se queda. He cambiado.