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Había una chica rara a la que nadie podía entender. Aunque tenía amigos, se guardaba sus problemas. Era alguien tímida pero amable, incluso si las personas no lo fuesen con ella, mientras más quería a la gente, más daño le hacían.

Un día ella se enamoró, lo conoció, hablaron y todo estaba bien, cuando estaba dispuesta a confesarles sus sentimientos, él se fue y no lo volvió a ver; no hizo más que deprimirse, pero sabía que tenía que seguir con su vida, sin mirar atrás, sin prestar atención al dolor del pecho. 

Su madre le decía que el amor no existía, que solo la utilizarían e iban a herir su corazón, su madre lo repetía todos los días justo cuando su mirada era melancólica, ella solo se negaba a hacerle caso a su madre.  

Sus "amigos" no la hacían sentir bien, de hecho, la hacían sentir peor a como estaba, sin embargo ella los quería y quería estar con ellos; hasta que un día descubrió que habían estado hablando mal de ella, burlándose, haciéndola solo un juguete y pisándola a sus espaldas. Ese día se sintió tan mal que decidió no volver a confiar en nadie, ni en sus propios padres, ni en sus amigos, mucho menos en su corazón ya que fue el que más la hizo sufrir. 

Eso cambiaría, su corazón estaba lo suficientemente roto para otra decepción más y lo único que podía hacer en aquel momento de ira, era asesinar, esa idea era perfecta y no la pensó demasiado. En la noche antes de ir al colegio no pudo cerrar los parpados para descansar, porque podía recordar las palabras de su madre, las burlas de sus amigos, todo. Y aquello llevaba ejecutar la idea.  

Al día siguiente decidió llevar un cuchillo escondido entre sus cuadernos, le habló a cada uno de los que decían ser sus amigos después de clases y los llevó hacia el salón, los acorraló en las cuatro paredes y los mató. Jugó con ellos torturando sus cuerpos lentamente de una manera inimaginable y se sentía muy feliz, algo que jamás había sentido. Miró sus dedos, sus manos goteando líquido vital y sonrió.  

Arrastró todos los cuerpos y se sentó junto a ellos, los miró por un momento y decidió suicidarse al contemplar la opción de ser condenada; tomó el cuchillo y lo deslizó en la yugular, en sus treinta segundos de vida pensó: "Ahora estamos a mano, vamos a hacer amigos por siempre.". 

Enseñanza:

Todos van a jugar contigo, pero tú también puedes jugar con ellos, y recuerda, nunca llegues a querer a alguien de verdad. 

Todos somos juguetes para alguien, pero llega un momento en que hay que cambiar de papeles y será tú turno de jugar.  


201.190.46.211 06:23 21 ago 2016 (UTC) Sara