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El sol sangra en medio del atardecer anaranjado y rojizo, y una leve brisa helada poco a poco comienza a llegar hasta donde se encuentra Marcos, hombre de avanzada edad que ha trabajado todo el día en la recolección de alimentos y abrigo. Han pasado ya 84 días desde la extinción del hombre en la tierra y, al parecer, él ha sido el único sobreviviente junto con su hermana Ángela. Ella comienza a hacer el fuego para preparar una insípida, pero contundente cena, mientras él vuelve a recargar el generador de electricidad con cierto fastidio al notar que su hermana aun no entiende que solo debe ser ocupado durante la noche y solo para ocasiones que lo ameriten. Luego, mientras ambos comen a la luz de las velas en medio del sepulcral silencio nocturno, Marcos decide recordarle a su hermana lo del generador.



-He tenido que recargar el generador una vez más… Ángela, ¿no entiendes que la luz eléctrica se necesita solo de noche y no de día?

Pero la mujer guarda silencio, solo mantiene su atención fija en la sopa de verduras y vegetales que ha cocinado.

-El combustible no debe ser malgastado… ahora es oro ¿comprendes?

-Dime, Marcos… ¿hay más gente allá afuera?… ¿hay más sobrevivientes?

-No lo sé…- responde el hombre reflexionando.- ¿porqué me preguntas?

-Porque hablas como si así fuera… si no hay nadie más… el combustible va a estar ahí para nosotros dos  por el resto que nos queda de vida… no te preocupes por él.

Marcos baja la mirada y suspira profundamente.

-El mundo es grande, Ángela. Es probable que la tragedia que llegó a nuestro mundo no haya acabado con todos completamente. Así como nosotros… creo que es razonable pensar que hay otros sobrevivientes… ¿no te parece?

-Sí, me parece razonable… y creo que lo he comprobado estos días.

-¿Eh? ¿A qué te refieres?- pregunta Marcos

Ambos permanecen frente al TV encendido gracias a la energía del generador. La pantalla solo muestra un hormigueo constante producto de la señal estática.

-Son… son unos rostros…- dice de pronto Ángela intentando explicar.-aparecen de la nada y hablan…

Marcos permanece pensativo y en silencio. Por un lado se pregunta si es que acaso su hermana no se está ya volviendo loca. Tanta soledad, tanta incertidumbre sobre el mañana, tantos días silenciosos… en fin, todos ingredientes que ayudan a condimentar la locura.

-Creo que si te quedas el tiempo necesario mirando la señal de la estática… vas a terminar viendo y oyendo cualquier cosa.- dice Marcos intentando pensar con lógica.

-No lo entiendes, no son efectos ópticos… ¡es real!

-Bueno, suficiente.- resuelve finalmente el hombre.- Voy a apagar el generador.

Marcos iba a dar un segundo paso cuando de pronto desde el monitor del TV un pantallazo de algo que podría describirse como un rostro apareció, luego unos cuchicheos le siguieron, era una voz,… una voz humana.

-¡Ahí están!… ¿los ves?- pregunta Ángela  al borde de la euforia.

El incrédulo hombre lentamente se va acercando al TV y puede ser testigo de cómo un rostro (que a veces se transforma en dos) emerge de la señal de estática e intenta entregar un mensaje.

-No puedo entenderlo…- dice Marcos agudizando el oído.- Casi no se entiende…

Ambos hermanos pasan casi una hora arrodillados frente al televisor intentando entender el mensaje hasta que de pronto las figuras desaparecieron por completo y no se volvieron a ver más.

Durante el día siguiente el anciano hombre no intercambió palabra alguna con su hermana sobre el fenómeno de la TV, ni su hermana tampoco tuvo la intención de mencionar el tema. Aquel día fue como cualquier otro, Marcos fue en busca de más alimento y material que pudiera servir de abrigo mientras que Ángela organizaba y ponía en orden todo lo recolectado. A la hora del crepúsculo ambos se encuentran sentados a la mesa cenando como de costumbre. Es Marcos quien no puede más con la curiosidad e inevitablemente rompe el silencio.

-Así que… ¿Qué ha pasado hoy?… ¿algo interesante en la TV?- pregunta de pronto Marcos y como respuesta obtiene una tierna y dice sonrisa por parte de Ángela.

Esta vez ambos hermanos llevan puestos sus anteojos y se han preparado con lápiz y cuaderno para anotar cualquier mensaje claro que llegue a sus oídos.  De pronto del constante hormigueo en la pantalla se materializan unas siluetas y ruidos apenas entendibles. Con dificultad se logra ver unos rostros, unos ojos y unas sonrisas, de alguna forma esto parece familiar para Angela.

-Esas sonrisas… son…- dice intentando ordenar sus ideas.- son tan… familiares.

-Son de personas.- responde Marcos.- se supone que son familiares…

Súbitamente una voz emerge desde la señal malograda, pero no se alcanza a oír con claridad. La voz repite “los…..mos…….jos….”. Angela anota rápidamente en su cuaderno sin siquiera entender muy bien de qué se trata.

-Pero… ¿qué es esto?- se pregunta Marcos en voz baja.

-¡Marcos, mira!- exclama de pronto la mujer al borde del llanto.- ¡Son papá y mamá! ¡¿los ves?!

El hombre se queda sin aliento al percatarse que ambos rostros, o al menos las facciones, son en efecto muy parecidas a la de sus padres. Apenas y pudo recuperarse de la sorpresa cuando el mensaje que se venía repitiendo de pronto se escuchó más nítido que nunca:

-“… los… extrañamos… hijos….”- dice la voz distorsionada desde el televisor.

En ese instante ambos hermanos se miran sorprendidos, luego al cabo de unos segundos se abrazan y sin dar cabida a las preguntas emocionados comienzan a llorar.

Durante esa noche Ángela no logra conciliar el sueño, Marcos tampoco, pero este último intenta por todos los medios no dejarse llevar por la extraña experiencia vivida.

-¿Dónde podrán estar, Marcos?- pregunta de pronto la mujer aferrándose a la almohada de su cama.

-¿Eh?… ¿dónde más, Angela?… ellos están muertos, tú bien lo sabes…- responde Marcos con voz fría.

-No, no… tú los viste. Están vivos y nos hablaron…

El hombre confundido solo guarda silencio y se tapa con una frazada hasta la cabeza. Sabe que sus padres murieron hace ya muchos años…  ¿Será que intentan comunicarse desde el más allá?

-Ya no estamos solos en el mundo… ellos han regresado, Marcos…- dice Angela con un hilo de voz mientras una lágrima rueda por su mejilla.

Al día siguiente Marcos regresa temprano de su faena de recolección. Esta vez no ha querido alejarse mucho del hogar, ni de su hermana, tal parece que la curiosidad también se ha apoderado de él y de lo que podría significar un nuevo mensaje a través de la señal de TV. El aparato se encuentra encendido a un volumen muy alto y junto a él permanece Angela quien como una niña pequeña aguarda pacientemente con un lápiz y cuaderno atenta a cualquier variación en la señal.

-Hermana…- dice Marcos con voz suave.- no está bien malgastar así el generador, aún es de día…

-Ellos nos pueden volver a hablar, Marcos, estoy segura de eso…- contesta la mujer esperanzada.

Al cabo de unos cuantos minutos la interferencia en la señal da paso a los mismos rostros del día anterior, sonríen y expresan nuevas palabras.

-¡Ahí están!- exclama Angela llena de alegría.- ¿No es maravilloso?

Marcos se acerca un par de pasos y se queda fijamente observando al monitor. Desde allí nuevamente brotan frases inentendibles que poco a poco empiezan a cobrar sentido.

-“… los espe… ramos… … estamos… tras la colina del… río mayor…. Los… extrañamos…. Hijos…”

Angela, embargada por la felicidad, da un salto y abraza a Marcos.

-¿Viste?…¡están vivos!- exclama la mujer llorando de alegría.- ¡Debemos ir, queda muy cerca!

-P…pero ¡Angela!, ¡es imposible!… ellos murieron…

La mujer sale de la casa corriendo y tras ella sale Marcos en dirección  al río mayor.

-¡Hermana!- exclama Marcos.- ¡Detente, por favor!

-¡Marcos, ven!, ¡nuestros padres nos esperan!- responde Angela sin detener su marcha.

Ya corriendo por el cauce del río y estando muy cerca de la colina, Marcos logra ver a algunos sobrevivientes que  desde otras direcciones van hacia el punto de encuentro tras la colina. Su instinto de supervivencia le hace detenerse y ocultarse tras unas rocas.

-¡Hermana!- grita nuevamente, pero es inútil. Angela y las demás personas llegan al lugar indicado y desde allí una enorme luz voraz emerge arrastrando a todos quienes se encuentran junto a la colina como si se tratara de una aspiradora gigante.



Marcos pudo escapar y logró aprender mucho sobre aquel día. Aprendió bastante sobre la malvada raza extraterrestre que había llegado a la tierra hacía ya varios meses y habían propiciado el exterminio de la raza humana. Aprendió también sobre cómo habían urdido aquel plan para llamar la atención de los pocos sobrevivientes que iban quedando en la faz de la tierra. La soledad mata lentamente y el ver a estos seres queridos llamando a las personas con su espíritu aniquilado todos los días no era algo menor…

Ellos podían adentrarse en la psique humana… y eso era terrible.

Marcos lo supo cuando al cabo de varios días pudo ver en la estática de la TV el dulce rostro de su hermana Angela sonriendo y diciéndole que lo extrañaba.