Son como nosotros, con una apariencia tan delicada pero que esconden abominaciones que animales y plantas no pueden. Y nosotros también podemos. En eso nos parecemos tanto.

Conviven con nosotros, quizá. Probablemente los vemos en la calle y no los notamos, porque se ven exactamente iguales a todos los demás; caídos de donde pertenecían, y entregados a la tierra mundana de los humanos.

¿Ángeles? Sí, puedes decirles así. Porque les hacen llegar tus mensajes a Dios; porque llevan orgullosamente tres pares de alas blancas. Pero también porque nos juzgan y tienen prejuicios de nosotros... sin embargo, siguen siendo los mismos hipócritas.

Nos destruyen, nos aniquilan, a veces al descubierto y a veces no. Interactúan conmigo y contigo diariamente fingiendo ser otra persona o peatón más, aunque siempre estarán allí dispuestos a destruir lo mismo que otros tantos, como ellos...

Son ángeles. Ángeles de la destrucción y esparcidores del caos, que se transportan gracias a gigantes extremidades que yo llamo "alas"; que todos los días causan desastres equivalentes a terremotos o incluso peor.

Son ángeles gracias a que bajaron del cielo, entregándonos de alguna forma lo que desde el primer homínido merecíamos tener. Iluminan nuestros rostros con conocimiento, conocimiento que dura un segundo, sobre todo lo que hemos hecho; es una pena que no se detengan a darles a entender lo que le han transmitido antes de reducirlos a cenizas.

Yo los llamo ángeles. Otros le llaman aliens. Otros, el karma. Pero todos estamos de acuerdo en algo: son como nosotros.


Autor: Naaga

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