Wiki Creepypasta
Miniatura S.D.












Sovereign Dog, Creepypasta. Escrita por: Alonso Durán 


ACTO VIII: Los Tres Pilares:




Capítulo XXII: CHARLES ALEXANDER FORRESTER




Había divagado largo tiempo tras su encuentro con su amiga, pensativo…

Se desmayó no supo cuándo.




Hora: 05:03-AM



Despertaba otra vez en aquel bosque. Veía de nuevo los troncos negros de aquellos gigantescos árboles.

Troncos negros, sí, pero bastante menos que todo el resto del entorno. Eran como ver carbones sobrepuestos al infinito agujero de un pozo sin fondo.

Oscuridad volvía a rodearlo. Esta, sin embargo, era mayor que cualquiera que lo hubiera circundado. No podía ver sus propias patas, ni siquiera su propia nariz.

Todo estaba Absolutamente callado. La respiración de una mosca podría ser escuchada a mil kilómetros con perfecta facilidad.

Pronto, oyó su propia respiración, como si alguien le respirara al oído.

Luego, sus latidos, como si dos grandes bombos perforaran sus tímpanos, y fueran golpeados dentro de estos.

Tras ello, el Silencio imperó por un minuto completo.

Hasta que oyó algo más: Un sonido de chasquidos repetidos, como los de leña ardiendo. Crépitos, chispeos, se oían claros.

Empezó a captar un hedor a hollín, a azufre, a óxido.

Avanzó, sin ver nada. No oía sus pasos, por cada uno aquel sonido llameante se intensificaba más y más. Resultaba más y más grave, ensordecedor, asemejando los ronquidos de una bestia dormida. Luego, parecieron los aullidos de un enorme animal.

Apresuró el paso.

Sintió algo clavársele en sus cuatro patas.

Se las revisó, no tenía heridas, pero en el suelo vio espinas. Miró a su alrededor y se percató, apenas, que los troncos y ramas de cada torcido árbol estaban llenos de ellas. De sus copas colgaban… ¿frutos? Grandes esferas espinosas…

¿Acababa de verlas moverse?

Siguió caminando, más aprisa.

Tuvo que ralentizar el paso, disminuirlo, frenar. No lo soportaba más, la temperatura era muy caliente, él sudaba como si en un volcán se hallará. No respiraba, se ahogaba. Deshidratado, ardiendo como dentro de un horno de fundición. Su sangre: magma. Estuvo a punto de colapsar…

…pero lo vio.

Vio aquello que no estaba ahí antes: un muelle de vieja madera que daba a un océano infinito de agua negra, en el cual se hallaba un bote de vela, cuya blancura y lustre hacía contraste con el entorno. Como una estrella en el espacio desierto, La Luna en una noche vacía.

Pudo moverse, continuar. Muy lentamente, cada paso: una tortura, no viendo ya nada, sus sentidos abandonándolo…

…luego todo siéndole sufriente… luego tolerable.

De alguna manera, al décimo paso se sintió en un lugar caluroso, que lo hacía sudar, desear, implorar de rodillas por agua para su garganta cercenada… pero poco más. Le era perfectamente soportable, aunque dolía como quemadura de aceite.

Aproximándose a aquel barco se sintió observado. Giró a sus lados: nada a su detrás, nada a su derecha, solo oscuridad total.

A su izquierda…:

Maldijo antes de no creerlo…

Ahí estaba la choza dónde encontró a Forrester. De su única ventana emanaba rojo.

Ignorándola, subió al bote. El acceso a la cabina estaba bloqueado.

Volvió a pisar el muelle, percatándose de que el barco estaba sujetado por cadenas, unidas por un candado de llave.

Intentó forzarlo, manipularlo, corrió de nuevo al bosque y con las espinas desbloquearlo… nada funcionó. Rodeó aquella cabaña, no encontrando nada. Tras varios minutos, pérdida la cuenta de toda vez que hubo intentado, nada dio resultado, solo fracaso puro.

Echó ojo, sin desearlo, a aquella choza otra vez.

Maldijo cuántos insultos supiera a quién, sabía, estaba ahí dentro.

Mas se acercó…

>“No pienso entrar ahí, solo cerciorarme…” —se dijo.

Se aproximó a puntillas a aquella ventana. Asomándose, lo vio. Ahí, sentado al lado de la chimenea encendida, en una mesa que desbordaba baratijas, desde el origami de un caza hasta auténtica basura -dedujo que eran guiones arrugados-, jugaba al ajedrez con nadie.

Tomó aquel una copa hasta el fondo, la arrojó al suelo con fuerza, trisándose en mil trozos.

Manos a la cabeza, se agarró los cabellos. Golpeó aquella mesa cuantiosas veces, arrojando todo lo que había encima, para luego pararse y golpear una pared.

Aun si no hubiera hecho nada de eso, su solo lenguaje corporal era suficiente para notar su decadente estado: Su cabello empapado en sudor, solo vestía una camiseta blanca y pantalones arrugados. No lo reconoció al principio.

Aquel gritaba, golpeaba los muros como buscando romperlos una y otra vez mientras se tambaleaba…

…sollozaba.

Bolt bajó de la ventana, corrió lejos de ahí.

—¡Bolt! ¡¡Bolt!! ¡Viejo amigo, bienvenido a casa! —Escuchó a sus espaldas. Corrió más aprisa.



Un parpadeo.

Estaba frente a él. No podía mover su cuerpo.

Suspiró.

>¡No sabes cuánto me alegro de verte, desde hace tanto anhelo salir de aquí!

>¿Has descubierto La Verdad? ¿Sabes qué fue lo que pasó? ¿Quiénes conspiraron contra mí?

El joven lo miró, en silencio.

>Oh, ¿dónde están mis modales? ¡Adelante!, pasa, pasa. Te prepararé un baño de burbujas.

Le abrió la puerta. Bolt no entró; exhaló aliviado, tal vez no pudiera moverse, pero sí podía evitar precisamente aquello.

>Come lo que quieras. Lo mereces.

Había entrado a la cabaña, y vuelto con dos platos de comida, carne en ellos.

Bolt no se movió. No expresó emoción.

Charles lo miró extrañado.

Chasqueó sus dedos como si acabara de tener una idea brillante.

>Aguarda un momento —Volvió a entrar… y salió.

>¿Lo extrañaste?

Bolt lo maldijo internamente, apretando los dientes. Le había traído su juguete zanahoria.

Forrester notó su molestia.

>¿Bolt? ¿Qué sucede?

—¡Púdrete!

—¿Qué?

—¡Púdrete! ¡¡Déjame ir!! ¡Descubrí La Verdad, ¡déjame Despertar!!

Charles lo vio a los ojos, soltando el juguete. La mirada del muchacho era colérica, la del hombre, triste.

—Te enteraste…

—¡Sí! ¡Vaya que no sé ni qué decir…!

>¡Déjame solo! ¡¡Déjame despertar!!

—…de los rumores mal intencionados contra mi persona. Pobre cachorro engañado —Le habló suave, silenciosamente, parecía que su voz fuera a quebrarse.

Con su mano, temblorosa, le acarició la frente.

—¡¡No me toques!!

—Bolt…

>¿Q-Qué hice de malo?

—¡¿Me tomas el pelo?!

—P-por favor, ¡no sé por qué estoy aquí, tú sabes La Verdad, ¡por favor, dime!!!

>¿Qué hice mal? ¡¿Qué hice mal?!

>¡Por favor, por favor dímelo, te lo suplico! ¡Ayúdame!, no soporto más esto, quiero volver a dirigir, quiero volver a ver a mi hijita…

>¡¡Por favor, ayúdame, no me dejes solo!!

Bolt no lo escuchaba. —Déjame ir…

—Bolt, perrito bueno, en serio, ¡dime! Sé que han dicho cosas feas sobre mí, ¡pero son sabotajes! ¡Ayúdame, por favor, estoy desesperado, sólo! Solo tú has venido, ¡por favor, Héroe, ¡Sálvame!!

—¡¡Cállate!! ¡Déjame ir!

Charles lo miró, mano al pecho, temblando, sus ojos llenándose de lágrimas.

—¡¿A-así que los crees…?!

>Bolt, por favor, por favor dímelo…

>¿Te parezco alguien malo? ¿T-Te parezco una persona violenta?

—No, ¡para nada! —Se burló.

>Solo…

Le tomó por sorpresa el que Forrester explotara en lágrimas. Desmoronándose, cayó de rodillas frente a él. Bolt ¡ansiaba largarse corriendo!

—¡¡¿Qué fue lo que hice mal?!!

Bolt lo ignoró, no quería verlo, no quería oírlo.

>¿¡Por qué me dejas solo!? ¿¡Por qué crees lo que dicen!? ¡Yo no te hice nada! ¡Te di un hogar, una dueña, comida, juguetes, ¡un propósito a tu vida!!

>¡Te hice vivir aventuras! Aun con tanta acción, ¡en ningún momento estuviste en peligro real! Nunca hubo sangre en tu serie, ni tu vida ni la de ella jamás sufrieron daño alguno. ¡¡No te hice nada!!

Lloraba a lágrima viva.

>¡Te di todo! ¡¡T-Te hice pasar a la historia como un superhéroe para millones!!

>¡Te enseñé, te entrené, te endurecí, ¡por eso aquí has sobrevivido, triunfado…!!

>¿P-Por qué me das la espalda…?

Bolt lo miró con ira, -tratando de escapar, no podía-. Le contestó:

—¿Por qué eres así?

>¿¡Cómo es que resultaste ser… todo eso…!?

>Tú… ¡¿por qué?!

>¡¿Cómo?!, tú, alguien a quien muchos amaban, que hacía que tantos lo amaran, resultó ser todo eso. Tú sabes que yo siempre creí luchar contra el mal, ¡pero jamás imaginé que el mal fuera algo de lo que hiciste! ¡Asesinar inocentes… y… y…!

Le dio una arcada.

>¡A niños…! Yo… ¡No puedo entenderlo! ¿Cómo vas a…?

Todo a su alrededor le dio vueltas.

>¡Eres un maldito! Tú… Tú ¡mentiroso, ¡Traidor!! ¡Traidor a la Verdad, ¡Traidor a la Vida!! ¡Traicionaste la confianza que tantos te tenían, desde trabajadores hasta tus propias esposas, ¡torturándolos y asesinándolos!! ¡Me mentiste, teniendo el descaro de esperar que yo despertara y limpiara tu imagen al mundo! ¡Eres peor de lo que jamás conocí! ¡Yo… en Verdad no sé ni cómo describirte!

—¡Claro, ¡cómo no!! "Sobre mi tumba tirarán montañas de basura", ¡porque yo luché contra el sistema y sus élites, ¡ya ves!!

—Ajá, "luchabas contra el sistema", ¡por eso les hiciste lo que les hiciste a tantas personas y animales!

—¿Dónde está lo malo? Todos los procesos de progreso requieren sacrificios, ¿o acaso esperaban que la guerra contra el sistema fuera una lucha con olor a rosas? La mayoría fueron Reaccionarios: quienes se negaron a trabajar y a seguir en las condiciones que se nos impusieron, ¡mal por ellos! ¿Sabías que me sabotearon y calumniaron contra mí? ¡Esos sí que fueron traidores!

>¿Por qué debería lamentarme por ellos? ¡¿Por qué me condenan por eso?!

Se rompió. Llorando de nuevo, lágrimas hacían charcos en sus manos.

>¡¿Por qué…?!

>Solo… ¡¿por qué?! ¡¿Por qué me pasa esto?! ¡¿Qué hice para merecer todo esto?! ¡¡Ser recordado como un monstruo, ¡como un MONSTRUO!!! ¡¡Todo mi Arte a la basura!! ¡¡¿CUÁNDO LA GENTE VA A DESPERTAR?!! ¡Valorar las Artes, el progreso, la humanidad de nuevo…!

>¡¡¡Valorarme…!!! ¡¡Por una vez en la vida…!!

Aquel era un desastre, regado en lágrimas, baba y sudor.

>¡¡¿Por qué…?!!

>¡¿Por qué nada vale la pena?! ¡¿Por qué la gente es tan ciega?! ¡¿Por qué el mundo se ha corrompido tanto!? ¡¡Porque ahora las Artes son solo piezas de cambio!! ¡Dinero! ¡¡Centavos!!

>¡¿Por qué más le puse un nombre tan apropiado a ella?!: ¡¡Penny!!

Miró a Bolt a los ojos.

>Hice todo por amor a la gente: las Artes son lo que necesitan en sus vidas, destruidas por un sistema corrupto que busca corromperlas.

>Pregunto, de nuevo: ¡¿Qué hice mal?!

La voz del Director, sumándosele al desgarro y a lo rota que se oía, tomó un tono de indignación, irritación, furia.

>¡Todos conspiraron contra mí! ¡¡Todos!!

Bolt cerró sus ojos, no soportaba verlo.

—Tienes serios problemas, ¿te lo han dicho?

—¿Qué si me lo han dicho? ¡Claro que me lo han dicho! Kalikas, Matney, Falconner, Dobey, Parker, Stuart, Walv, Vant, ¡cuántos me lo han dicho! ¡Freeman también!, sus ayudantes, algunos imbéciles moralistas, ¡¡todas las zorras que yo amé!! ¡¡¡Vaya que me lo han dicho!!! ¡Como a todos se lo dicen! "Sócrates, tienes problemas", "Galileo, tienes problemas", "Servet, tienes problemas", ¡"Gandhi, tienes problemas"!, ¡¡ "King, tienes Problemas"…!!

>¡¡Estoy harto de la mierda del mundo, SÍ!! ¡¡¡ESE ES MI PROBLEMA!!!

>No, ¡no la soporto! Por eso hice lo que hice, ¡por eso desafié a los culpables de todo, ¡y me martirizaron!! ¡Qué bien que algunas balas fueron guillotinas para algunos, ¡eso sí es Justicia, ¡se lo merecían!!

>Fue un camino difícil el que recorrí. ¿Muertes se dieron? ¡Sí! ¿Qué tiene de raro? ¡Es lo natural! ¿Cuántas mutaciones malignas sobrelleva la especie antes de que llegue esa que le permite evolucionar? ¿Cuántas guerras padecen las civilizaciones antes de la paz? ¿Cuántas crisis soportan las sociedades antes del crecimiento?

>¡Es la realidad, ¡esa es La Verdad!! ¡Solo un tonto arrogante puede pensar lo contrario: ¡que hay un orden sin desorden, que hay bien sin mal…!!

>¡¡¡Esa es La Verdad!!! ¡Pero claro, el mundo es el mundo, ¡la masa es ignorante!! ¡Tantos no pueden aceptarlo…! Para ellos existimos nosotros: Para ayudarlos a sobrellevar su nula existencia, distrayéndolos y divirtiéndolos en sus penurias.

>Aun así… ¡aun así…! ¿Qué somos realmente?, sino poco más que marionetas desechables. Si no eres famosos, ¿¡a quién le importa tu muerte!? ¡¡Porque yo soy famoso y les ofendí, les demostré La Verdad, es que me reptaron hasta el cuello!! ¡Porque mi hija es una celebridad, ¡¡¡GRACIAS A MÍ, es que ahora hacen escándalo por un par de quemaduras suyas!!!

—Te equivocas —Respondió el can.

El señor Forrester lo miró fijamente.

>Ella lo es todo para mí, y lo seguirá siendo, aunque viviéramos bajo un puente.

Forrester: rostro inundado y ojos sumergidos, le sonrió.

—Te duele, ¿eh…?

>Tu historia de ninguna vida te afecta, ¿no?

>Te crees especial, ¿no es así? Te crees aún un superhéroe, el Santo luchador contra el tirano, solo por quedar igual de ciego que siempre, ¡creyéndoles! ¡¡Como si solo en S.A. pasarán esas cosas…!!

>Debes saber, amigo mío, que tales fenómenos no me son exclusivos ni a mí, ni a mis estudios; se dan, tan normales como la muerte misma. Si a cambio traen beneficios, productos, son un precio que los consumidores están dispuestos a pagar. Si son los pilares de las Artes, los Artistas estamos dispuestos a cimentarlas sobre ellos.

>Así es, ¡en todo! Es lo natural. ¡Bien que sea así! Siempre trae Arte, cambio, innovación…

>La sangre y las lágrimas no son ajenas a los cimientos de las más grandes maravillas, cachorro.

>Ahora, acepta esa Verdad, como todos hacen: Sé consciente si deseas, pero no dejes de disfrutar la carne. A fin de cuentas, no por abstenerte del consumo los muertos renacerán.

>Disfruta, a partir de ahora, de tus emocionantes aventuras, súper-perro —Dijo el hombre, lágrimas y sudor ausentados. Encantador, ilustre aspecto. Le regaló una sonrisa perfecta al cachorro.

Bolt hizo todos sus esfuerzos para no perder la calma.

—¿Y si elijo no hacerlo?

La sonrisa del Director desapareció.

—¿E-Eso quieres…?

—¡Sí!

Una lágrima se deslizó desde el ojo de Forrester.

No dijo nada, por un minuto entero.

—¿En Verdad…?

—En Verdad.

Otra lágrima.

—Muy bien —Se secó ambas.

Rio suavemente.

>Vuelvo a estar solo, traicionado…

—¡Ahórrate tus…!

El Director acarició de nuevo la cabeza del muchacho, riendo.

—Ay, ¡qué ternura da ver a los engañados! ¡Qué absurdo!, yo, ¿confié en un perro? ¡Más aún, uno que vivió toda su vida fuera de realidad…! ¡¿En serio esto no lo vi venir?! ¡Qué torpe soy! Jajaja…

>Es tan irónico… Yo, ¡confié en ti! Yo, que siempre te odié junto a tu serie. Yo, quién aún hoy te considero la decadencia absoluta de mi obra; pasar de denunciar los abusos elitistas a hacer un show comercial para niños…

>¡Yo que, estúpido, deposité en ti mi confianza, mis estudios y mi legado, ¡para que al final vuelvas aquí, creyendo a mis enemigos, viéndome como un villano, mientras traicioneramente desertas de la sublime tarea que te he obsequiado!!

>En fin, el mundo es el mundo, ¡los malvados triunfan, los buenos perecen…! Gente como yo, suministradores del opio y de verdadera medicina: muertos, silenciados. ¿Qué vamos a hacerle…?

Él permaneció en silencio. Pasado un momento, preguntó:

>¿Qué vas a hacer?

La respuesta del joven fue directa, segura:

—Despertar.

La respuesta de Charles Alexander Forrester, igual.

—Bien.





Un parpadeo.

Se encontraron en el muelle: Cadenas reemplazadas por simples sogas. Candado esfumado.

Bolt finalmente sintió sus músculos destensarse, como liberado de grilletes y ataduras.

Corrió al bote, subiéndose a su cubierta, alejándose de Forrester.

>¿Eliges rechazar vivir como una estrella, que la gente te crea un héroe? ¿Eliges paralizar la industria, el progreso, la revolución Artística-tecnológica, destruyendo un legado meritorio, quitándoles la oportunidad a unos nobles estudios de producir Verdadero Arte y no solo números? ¿Arrebatarles el entretenimiento a millones, acabar con la fomentación a adoptar animales, la compra de tantos bienes, y dejar a innumerables buenas personas sin un trabajo estable que les permite alimentar a sus familias y a sí mismos?

>Bien, "héroe"…

>Vete.

Aquel volvía a llorar.

>Vete, y no regreses.

>¡Vete!

Bolt fue a la proa…

>Solo quiero que tengas en claro dos cosas:

>Primero: Yo nunca hice nada creyéndome superior a ustedes, animales. Sé más que bien que nosotros, los humanos, pertenecemos a vuestro reino.

>Segundo: Debes saber que, aunque te vayas, no te llevarás a mi hija contigo. Seguirá actuando con otro perro, tarde o temprano se acostumbrará, y lo terminará "amando" tanto como te "ama".

>Sí, eres cosa reemplazable. Cualquier perro como tú les sirve. Aunque dejes los estudios, Penny permanecerá. La habrás abandonado.

—Eso ya lo veremos.

—¡JA! Perro tonto, ¿qué cambiaría ahora? Ellos te han visto durante TODA TU VIDA en las situaciones más desesperadas, conocen todos tus movimientos, tus trucos, se anticipan a ellos.

>¿Qué te hace creer poder eludirlos, poder escapar, ahora?

Bolt lo miró a los ojos.

—Que ahora sé quiénes son. Sé lo que me rodeó toda esa vida.

>Ahora sé La Verdad. ¡Y no permitiré que vuelvan a dominarme!

Un brillo verde se exhibió fugazmente en los ojos del perro.

Forrester lo vio en silencio por un instante.

Volvió a reírse.

Lo miró fijamente. Un sombrío celeste escapaba desde lo más profundo de aquel hombre.

Bolt bajó su cabeza, no soportó mirarlo…

…Bajo sí, distinguió una serie de luces rojas encendiéndose, cual magma erupcionando de volcanes submarinos:

5:37:15-AM

5:37:16-AM

Bolt maldijo, rápidamente deshaciendo los nudos y dejando así al barco a la deriva. Desanudó las velas; una ventisca se materializó espontáneamente e impulsó al bote, alejándolo con velocidad del litoral, de la tierra firme, de Forrester.

El velero comenzó a navegar sin rumbo hacia un destino incierto, misterioso, el cual Bolt sabía que debía afrontar, y ¡lo haría!

El negro vacío devino su manta circundante, el silencio más absoluto su único acompañante.

Vio atrás de sí por última ocasión: el Señor Forrester alzaba su mano, como despidiéndose.

Un parpadeo.

Cabaña derrumbándose, incendiándose sobre aquel; desapareció, tan rápido como la propia ribera.

Espantado, Bolt huyó de ahí.





Capítulo XXIII: DESDICHA




Emitió un suspiro débil y extendido, concentrando sus ideas en lo que acababa de pasar. Los latidos rítmicos, periódicos de su corazón, volvían a ocupar a todos sus sentidos. Detonantes de cada nueva exhalación, debilitada.

Mantuvo sus ojos fijos en el lugar dónde ahora reinaba La Nada.

¿Había pasado cuánto tiempo a la deriva…?, ¿minutos? ¿horas? ¿días? ¡¿años?! ¡¿¿Milenios??! No lo sabía. Nada tenía sentido, el tiempo mismo había sido arrancado del espacio a su alrededor.

Sus orejas, caídas, apenas captaban unos sonidos apagados: los silbidos del viento, que impulsaba lentamente al navío, abrazando sus velas; a él por igual, helándolo. Coordinados en perfecta sincronía con sus respiraciones, los confundió inicialmente con sus propios latidos.

Asomó su cabeza, y vio su opaco reflejo. Fue una cuchillada de Verdad: Se veía a sí mismo marcado por sus sacrificios, pero sin ninguna ganancia, ni progreso, sin aún Despertar; aún tan alejado de ella mientras volvía, por cruenta vez, a estar solo, abandonado, rodeado por Nada.

No tenía por qué negarlo, la frustración y la rabia volvían a poseerlo.

Así, vio a todos lados. Nada había que lo reconfortara. ¿Siquiera había camino? ¿¡Había algo más!?

Dolor invadió su pecho, rocío asaltó sus ojos.

Tuvo miedo.

Vagaba aquel en un singular espacio nebuloso. Rodeándolo un negro telar, manchado de pronto por incontables puntos de especial blancura: Luces radiantes, algunas titilantes, centellantes, sus brillos alumbraban el cielo, por debajo de él también.

Aliviaban la pesadumbre del lugar, tan antes producida, aportándole confusión.

Él, viajero entrometido, flotaba no en un océano, ni en el espacio, sino en… Algo Más.

Navegaba, a pesar de todo, con un destino ¿claro?

Eso esperaba.

>“Nada gano llorando” —se dijo.

>“Solo puedo esperar”.

Quiso entrar al resguardo del interior… No pudo hacerlo.

Vio al cielo.

Aquellas luces reteniéndolo en su visión, incontables…

…Una sola resaltaba:

>La Luna… ¿eh?

La veía.

Lo veía.

No podría haber predicho que, en ese momento, tendría preciados recuerdos de Esa canción…

…Oyó el sonido de monitores cardíacos, de respiraciones lentas… y luego…

…La melosa voz de aquella félida, con ese acento de Brooklyn y escénico canto, que a él describía admirablemente:

“>Hay algo que un día conocí

>Y fue por ti…”

Había conocido tanto del mundo gracias a ella, mas nada de eso era comparable con todo lo que aprendió dormido. ¡Nada que en su otra vida hubiera imaginado!

Repensar en su desengaño le vaciaba por dentro.

Recordar lo revelado por la autora de tal canción, sin embargo, seguía siéndole poderoso. Aquello, aquella, trajo lágrimas a sus ojos.

“>Y fue por ti…”

Pensó en ella, quien consideraba una hermana…

“>No hay hogar cómo tu hogar

Ahí perteneces tú…”

Él: Alejado de la vida, más lejos de Todo como jamás estuvo. Tal hogar al que deseaba volver le era más lejano que nunca.

Memorias siguieron pasando ante su vista. En medio de la oscuridad se veía hundido, en el fondo del océano: ahogándose.

Voces desconocidas le susurraban.

No cabían más dudas, en Verdad había enloquecido. Su mente lo había abandonado.

Podía jurar que su corazón ya ni siquiera latía.

Seguía consciente, empero…

…y, en el fracturado espacio, ella estaba con él. ¡Su espíritu, aún quebrantado, seguía con vida!

Aún podía hacer algo, ¡lo que fuera, ¡para salir adelante!!

Había llegado tan lejos, estaba en sus últimos pasos, ¡no iba a darse por vencido ahora!

¡No, ¡no lo haría!!

Por ella ¡NO! ¡Por sí mismo, por su propia fuerza, voluntad y medios, ¡había descubierto tanto, ¡averiguado, explorado, avanzado, peleado, progresado, soportado, inmolado, mantenido firme ante toda tormenta!!!

“>Y a La Luna ladro hoy.”

Pecho firme, mentón hacia La Luna, gritó:

—He pasado ya por todo esto, ¡y he vencido! ¡He descubierto, ¡he hecho todo lo que se me ha pedido!! ¡¿Dónde está mi hogar?!

>¡Me enfrentaré a lo que sea que Ustedes me pongan delante!

>Solo dime…, Oh Luna:

>¿¡Qué me queda por hacer!? ¡¿Qué me falta descubrir?!

—Descúbrase La Verdad —Dijeron Ellos…

Bolt se desplomó. Fue tirado al suelo al chocar el bote.

Se levantó con prontitud.

y La Verdad apareció, descubierta.




Capítulo XXIV: IMPIADOSA DEVASTACIÓN




El barco encalló al arribar a destino. Quedó varado en la orilla pedregal de un islote tan pequeño que a simple vista podía verse su final. De su suelo de porosas rocas volcánicas, emergían cuantiosas hierbas, junto a no pocas rosas blancas y rojas…:

Vida.

Treinta humanoides figuras lo habitaban, observándolo. Eran soldados de Calicó.

Bolt respiró hondo, exhaló largamente.

>“Qué más da” —Se dijo— “No vale la pena huir de lo inevitable…”

Como si escucharan sus pensamientos -¡bien hacían!- una de ellas se le acercó. Lo reconoció de inmediato: era Mark.

Su ojo verde lo contempló; el otro lado de su cara estaba cubierto por una mancha negra, así como gran parte de su pecho, y el cañón de su pistola.

Se quitó el uniforme de soldado, revelando su Verdadera vestimenta: no más que harapos.

Aquel de ojo azul le extendió sus brazos.

Bolt suspiró, dejándose ayudar a descender del barco.

Dobey lo cargó con inesperada delicadeza hasta la orilla, y con mismo tacto lo dejó ahí.

Escuchó una puerta abrirse tras él.

Giró, vio la cabina abierta, de la cual salió el barquero: Un hombre anciano. De sus grises cabellos caían cuantiosos mechones de pelo muerto, llenos de suciedad. Su larga barba blanca mostraba misma falta de higiene. Aquel parecía sacado de una época lejana, no menos que veinte siglos atrás. Una tela marrón rojizo sostenida a su raquítica cintura por un cinturón dorado apenas le cubría, y una gran capa roja se mantenía atada a sus hombros por un botón de plata del tamaño de un centavo.

Aquel hombre se paró en la cubierta y, sin decirle nada, lo miró con odio; impetuosos fuegos emanaban de sus ojos.

Parpadeó…

…Ningún barco existía ya, solo vacío.

Volvió a inhalar… exhalar… Escuchó sus latidos.

Volteó, y escudriñó a aquellas gentes: Desvestidas de los uniformes ficticios, los veía vestir Realmente: prendas sucias, desgastadas; descuidados aspectos. Manchadas de negro en tantas partes de sus cuerpos, solo sus ojos verdes y azules resaltaban…

…así como sus armas: fusiles, pistolas, fierros, cuchillos, mazos y martillos.

Bolt exhaló. Aunque no de Calicó, eran soldados.

Una mujer negra se le acercó: Annie Walv, sin lugar a dudas.

Dicha mujer lo acarició cual Forrester y, sin decir nada, señaló detrás de ella y de los demás…

Károlos Kalikas estaba ahí, a no más de veinte pasos.

Bolt tuvo miedo…

…pero decidió afrontar lo que debía afrontar.

Comenzó a caminar, y…

…a sus lados, los soldados lo siguieron, como volviendo a escoltarlo.

Sentía su corazón contraerse por cada paso que daba.

Quince…

…Diez…

…Cinco…

…Dos.

Ahí lo tenía. Y este lo tenía a él.

Cara a cara, se miraron sin decir nada, hasta que el joven habló:

—Si vuelves a preguntarlo, sí, ¡he disfrutado mucho este recorrido!

Kalikas sonrió.

Bolt hizo lo mismo.

>Sí, esa gata me enseñó a ser sarcástico.

—¿Crees que todo esto amerita serlo?

Fue silenciado. Pensó…

—No.

El Heleno asintió.

—Siento que hallas tenido que enterarte de todo esto.

>Te felicito. A pesar de no tener superpoderes, a pesar de ni siquiera ser Soberano de tu mente y a pesar de haber sufrido aquí, continuaste, y llegaste más lejos que muchos.

>Lo bueno: es que estás a punto de gobernar tu mente. Entonces podrás irte.

—¿No puedo ahora? ¿Todavía no descubro la dichosa Verdad?

—No por completo. Casi, pero te faltan ciertas piezas para terminar el rompecabezas…

>Mis piezas.

—¿A qué te refieres? ¿Lo que pasó con Louisa McLean no fue suficiente como para que obtuvieras un ojo azul?

—Yo no lo deseé… No es por ella que me gané este estigma —Confesó, suspirando.

Bolt notó cómo todos los presentes lo observaban.

Suspirando, viendo al cielo, murmurando algo, Kalikas sacó del bolsillo de su pantalón una hoja de papel, la cual desdobló y le extendió.

>Por ejemplo:




Actor Károlos Kalikas defiende a Charles Alexander Forrester.

05/07/2004

—Las cosas de las que se acusa a nuestro Director y a muchos directivos de Sovereign Entertainment son terribles y abominables. Hasta este momento no hay pruebas de su veracidad. Mientras la culpabilidad del señor Forrester para con esos trabajadores, mujeres e infantes no haya sido probada, recomiendo no dejarse llevar ni difamarnos" —Declaró a los medios.




—Así que lo defendiste…

—¡Cuánto me arrepiento de ello!

—Tú… ¿sabías lo que hacía con los trabajadores, las mujeres, los niños y los animales?

Kalikas suspiró.

—Siempre supe algunas cosas. Sabía que él se entregaba a los excesos: embriagándose hasta desmayarse, consumiendo sustancias, y casándose cada dos por tres mientras llevaba a otras mujeres a la cama. Supe, sí, de sus fiestas, de sus encuentros… Fui tonto al creer que todos eran consensuados con mujeres adultas.

>Condené todo eso en su tiempo, incluso intenté convertirlo, pero como nunca me hizo caso me dije: “¿Para qué gastarse? Mejor me enfoco en mi hija y en mis hermanos y hermanas ortodoxos”.

>No supe ni por qué se divorciaba ni con quienes más se acostaba hasta que… mi hija… ya sabes…

—¿Es Verdad lo que dices?

—Lo es. Si no, ¡que ahora mismo caiga un rayo!

Nada pasó.

—¿Qué hay de los trabajadores? ¿No eras tú el que creaba sus máquinas y vehículos?

Kalikas exhaló —S.A. tuvo una organización interna tan jerarquizada como el feudalismo: siervos y dueños. Éramos el polo norte, y los trabajadores el polo sur. Para bien o para mal ni siquiera yo, quién decía luchar por ellos, se interesó jamás en sus vidas, en sus problemas, en sus situaciones. Nunca los visité, ni me reuní con ellos hasta finales de 2005. Nunca presté atención a lo que algunos murmuraban, ni nunca agaché cabeza, porque yo pertenecía al polo norte. Como todas las denuncias públicas que oía, o bien caminando por la calle, o por radio o por televisión, empezaron con Freeman, sus obispos y sus sacerdotes asumí que, en su religiosidad y conservadurismo extremos, buscaban difamar a Forrester.

>Incluso las actrices y nosotros éramos dos polos.

Hubo silencio en todo el lugar. El cielo negro estaba despejado.

—Así que nunca supiste de nada, ¿ni participaste en nada ma…?

Un rayo cayó en medio de todos, iluminándolo todo.

Kalikas bajó su cabeza.

Bolt cuestionó inmediatamente:

>Muy bien, ¡ahora escúpelo! ¿Qué fue lo Verdaderamente malo que hiciste? Obviando lo de Louisa…

El griego suspiró.

—Ven conmigo, cachorro —Comenzó a caminar por el islote. Bolt, tras dudar un poco, lo siguió.

Llegados a la otra orilla, las aguas ahí se abrieron, y revelaron tres paredes llenas de cuadros: fotografías, retratos.

Kalikas descendió a ese espacio de aguas abiertas por unas escaleras de piedra aparecidas. El joven fue tras él.

Una vez ahí abajo, el heleno reconoció:

>Hice cosas muy malas en mi vida…

>Tras fallar como padre, como cristiano, pensé mucho en lo de mi hija. Llegué a considerar que lo que le pasó fue un castigo del Señor a mí por todos los males que cometí, creyéndolos correctos.

—No digas tonterías.

Károlos quiso sonreír, pero no pudo.

Una lágrima se le escapó, mientras descolgaba y desempolvaba un cuadro que al can le mostró: Una foto enmarcada de un hombre jugando con una niña, dándole un empujón en un columpio.

El joven suspiró.

>Lo siento mucho, en Verdad.

>Discúlpame por dudar de ti, por creerte un villano.

—Descuida, tienes motivos para verme así.

Asintió.

—Vaya… no dudo que eran muy unidos —Dijo el perro caminando, contemplando las otras fotografías: Se veían ambos jugando, cocinando, saliendo al campo, a la montaña… Kalikas leyéndole un cuento en la cama, enseñándole aritmética y literatura griega e inglesa. Ya ella más grande, su padre le hacía aprender historia griega, a honrar las tres banderas, a tocar instrumentos, a armar y operar circuitos eléctricos, a arreglar un automóvil, a construir mecanismos…

Le enseñó muchas más cosas.

El joven se lamentó.

>No quiero imaginar lo que debió ser… —murmuró.

Suspiró.

>Ese… siempre fue mi mayor terror: perderla.

>Es curioso, ¿sabes…? Pareciera que algo nos uniera. Tenemos tantas cosas en común: Yo siempre vi a Penny como mi única familia, a la que proteger, salvar. Mi mayor temor siempre fue que algo malo le pasara. Actuamos juntos. Cuando creí perderla quise vengarme, hacer daño…

>Tú, tu hija… Bueno… en fin.

>Lamento decirlo de esa forma, no es por ofender… sólo quería comentarlo. Me parece como si en eso estuviéramos relacionados.

Kalikas reconoció:

—No te equivocas en lo absoluto.

>Es más, astuto perro…

>No solo en eso estamos relacionados —Aquel había dicho, sacando del muro otra fotografía, la cual arrojó a los pies del can.

Este último la observó:

Károlos Kalikas y su hija estaban sentados en un sillón frente a un fuego hogareño. Una gata negra, con manchas blancas y sin garras, dormía en el regazo de la casi adulta, acurrucada con una bola de estambre.

Bolt sonrió, nervioso.

—Esto es mentira ¿No? —Rio—. ¡Buen chiste!

Kalikas lo miró, en silencio.

>¡Deja de bromear! ¡¿Qué clase de falsedad es está?!

—Ninguna, me temo.

>Es La Verdad.

La sonrisa de Bolt fue amputada.

—¡No! No-no-no, ¡no! ¿qué estupideces dices…?

—Lo que te faltó descubrir.

Se giraron al escuchar aquella voz femenina dirigiéndoseles.

Desde la embarcación reaparecida sobre ellos, cual gato de Alicia en el país de las maravillas, Mittens había hablado.

Bajó de ella, caminando hacia los demás mientras ambos subían.

—¡¿¿¿Mittens???! ¿¿Qué rayos…?? —Ella lo vio de reojo, encontrándose su mirada con el aturdimiento y confusión total del joven.

Entonces, Walv se agachó, tomando a la gata en sus brazos. Desde el hombro de la mujer, ella continuó:

—A pesar de todos los descubrimientos que hiciste esta noche, Bolty, me parece que aún queda gato encerrado en todo este asunto… —Le sonrió, forzadamente.

Ella vio a todos, regalándoles una amplia sonrisa irónica.

Miró al heleno.

>Károlos Kalikas, te resaludo.

>Luces mucho más abierto a hablar con animales que cuando nos encontramos la otra noche —expresó, burlonamente.

—Créeme, si ustedes hablaran en verdad, yo no habría hecho nada de lo que…

—¡¿O sea que necesitas humanizarnos para sentir empatía por nosotros…?! —La joven casi se rompió, sus labios temblaron en tanto su falsa sonrisa se derrumbó.

Lo contempló a él, luego a los demás, con mayor asco que odio.

>¡Todos aquí lo sabían!

>Todos ustedes sabían perfectamente lo que pasaba, ¡¡incluso participaron en ello!! ¿Todo para qué? ¡"Hacer Arte"! Cuando les tocó a vosotros vieron que no era bonito…

Se dirigió a su amigo:

>Animales, pequeño cachorro, estuvieron en el mismo escenario que tú… pero ninguno duró tanto. Ninguno fue tan valorado como aquel perro quien Verdaderamente llenó tantos bolsillos.

—Mittens, ¿¡puedo saber de qué estás hablando!? —Ideas venían formulándose en su cerebro, pero no quería creerlas.

—Oh… Así que no lo descubriste, ni te lo dijo, ¿eh? ¿Ni siquiera Charlie te habló al respecto?

—¿¿Forrester?? ¡No! No. No sé nada…

Aquella agachó su cabeza. Suspiró. Asintió.

—Bien… Kal, es hora de que Bolt termine de conocerte…

>…de que vea La Verdad de tu actuación.

Kalikas asintió, aplastado por las miradas de todos los presentes.

—Es Verdad.

>Bolt…

>Hora de que sepas La Verdad, completa:




Suspiró.

>Fuimos los dueños de Mittens. Ella fue uno de mis regalos de cumpleaños a Layla.

>Crecimos los tres juntos. Mientras yo no sentía nada por la gata, se forjó una relación entre ellas, a la par que mi hija despegaba su carrera como actriz. -Esa fue la auténtica razón de porqué la adopté en primer lugar-.

>¿Te suenan "Whitecats"? ¿"Black Cat’s Life"? Sus guiones, como el tuyo, venían desarrollándose desde mucho antes que ese cumpleaños. Desde el 99, siendo precisos…

>Quise que ambas participaran en alguna de ellas. Se lo exigí a Forrester a cambio de darle mis ideas para hacer tu serie.

>Tras aceptarlo, asumí que ambas protagonizarían una u otra. Como parte de uno de los protocolos de Forrester para ello, le quité sus garras por adelantado, y comencé a adiestrarla desde pequeña.

Bolt entonces miró a Mittens, quien desvió su vista.

>Sí, Bolt, es cómo piensas. No fui un entrenador compasivo.

>Entretanto, compuse la música para esas películas.

>Me preguntaste ¿cómo es que Penny sabe esa canción?: "Ladrando a la Luna". La respuesta es simple, yo la compuse y escribí su letra, en inglés y en griego, para "Whitecats". La aprendió mi hija, hizo varias grabaciones y una audición. Fue a ella a quien escuchaste.

>Supongo que, de tanto oírla en casa, ello fue de lo poco que Mittens se llevó de ahí.

>En fin…

>En pocas palabras, ni Layla ni su mascota quedaron en ningún papel ni en una ni en otra película. A partir de ahí, empecé a ver a Mittens como un animal parásito que solo servía para hacerme desembolsar dinero, sin dar nada a cambio.

>Un buen día, tras que la sede de S.E. en Nueva York -donde estábamos- fuera vendida debido a la crisis, tuvimos que mudarnos de nuevo a Los Ángeles.

>Dejamos a Mittens atrás. Me costó al principio convencer a Layla, pero terminó aceptando mis argumentos de por qué no podíamos seguir teniendo y manteniendo a un animal. "Es un animal, después de todo, no es que estemos abandonado a una persona" le dije.

La sangre de Bolt heló. Recuerdos de lo que esa vez Mittens le gritó casi en llanto se clavaron cual lanza en su corazón:

—“…Es lo que todos ellos hacen: Te dicen que te aman, te dicen que te van a cuidar siempre. Hasta que un día, empiezan a empacar todo y se mudan a otro lado y con ellos ¡se llevan su amor! ¡¡Y dejan a su gata sin garras abandonada para defenderse sola!!”

>“…La abandonan… preguntándose… ¿qué es lo que hizo mal?”

Bolt apretó los dientes, diciendo— Eres un miserable.

Kalikas asintió.

Mittens se rio un poco.

—Y eso que aún no lo conoces.

El can, ofendido y estupefacto, replicó.

—¿Necesito conocerlo más? ¡¿Te parece poco lo que te hizo?!

Una sonrisa nerviosa apareció en el rostro de la joven.

—Lo que me hizo no es nada.



En ese momento, Vistazos Demoledores le fueron presentados al can:

Noticias:



Nueva polémica desatada sobre S.E. Studios: Actor acusado de maltrato animal.

02/07/2005

Károlos Kalikas se halla nuevamente bajo las antorchas del escarnio público tras salir a la luz evidencias que lo vinculan con los casos de abuso y asesinato animal ocurridos en Sovereign Entertainment.

Según testimonios, grabaciones y archivos documentales, él habría sido cómplice y participe directo en las vejaciones a las que C.A. Forrester sometía a los animales de sus producciones.




C.A. Forrester es acusado de explotación y maltrato animal.

Leonard Cowell                           04/07/2006


(…)

Otras denuncias señalan el cómo las prendas de exóticas pieles animales: de leones, lobos, entre otros, que usan los actores en varias de sus obras no son sintéticas, sino productos de caza. En dichas obras no infantiles, a su vez, los animales que se ven siendo cazados: conejos, liebres, aves…; o asesinados en defensa propia, como las serpientes y cocodrilos en “Roraima”, presuntamente corresponderían a grabaciones reales de los “ejercicios” y “actividad recreativa” del actor Károlos Kalikas, famoso por su célebre cita: “Nosotros, los cazadores, hacemos más por la naturaleza que los animalistas. Investiguen un poco y verán La Verdad.”



Polémica en el mundo científico y cinematográfico: Paparazis fotografiaron el lado oscuro de Károlos Kalikas.

-Edoardo Leporatti (01/12/1992) The Network Z.V. Daily

Las fotografías enternecedoras de Károlos Kalikas celebrando su quinto aniversario de bodas con su esposa: Cassandra Sewell, dónde se les ve cenando juntos, compartiendo helado, paseando por la playa, acariciándose y besándose, capturadas por los paparazis el 25 de marzo del pasado año, han revelado una cara sombría del ingeniero y actor. En varias de ellas, se le ve obsequiando a su amada numerosos abrigos, botas, gorros, sombreros, entre otros artículos hechos de pieles de animales, que ella viste por el resto de la noche. En un video en específico, fue filmado diciéndole a esta, con orgullo, que él mismo cazó a los animales y confeccionó las prendas.

Ante esto, Kalikas se defendió públicamente, respondiendo a la prensa: —Yo no he hecho ningún mal. Tengo los permisos de caza y de confección con lo que cazo. Las armas están igualmente en mi posesión de manera declarada y legal. Era una fecha especial, por eso quise entregarle a mi esposa algo especial, hecho con mis propias manos; una obra de Arte que le fuera útil, no el típico cuadro o jarrón.

En Navidad 1991, los paparazis fotografiaron a Kalikas y a su esposa nuevamente, esta vez paseando con su hija pequeña, quién fue captada llevando un abrigo, guantes, gorro y botas, todo hecho con pieles de animales.

Sobre esto último, K. Kalikas declaró: —Nuevamente lo digo: Hago lo que hago por la gente a quien amo. ¿Cuál es el problema en que le haga a mi hija ropa, mantas, entre otras cosas? ¿Por qué no habría de regalarle cosas en su quinto cumpleaños?

A raíz de estos sucesos, tanto la Academia Nacional de Ciencias como la Royal Society sancionaron a su miembro, descartándolo permanentemente como candidato a su presidencia. Del mismo modo, los estudios S.A. lo expulsaron momentáneamente, impidiéndole participar en varias producciones. Su Director: C.A. Forrester, expresó: —Tenemos constancia de la autoría de uno de nuestros actores en tales atrocidades, y a su nombre nos disculpamos. Me comprometo a castigarlo ejemplarmente para limpiar nuestra consciencia de la mancha con la que nos ha manchado.

Desde entonces, Kalikas ha llevado un proceso legal contra las instituciones, acusándolas de discriminación y ataques a su persona y familia.






Entrevista:

Una periodista preguntaba a Kalikas en la fiesta de año nuevo de 2003:

—Señor Kalikas, ¿cómo se encuentra el perro de vuestra última serie? ¿Qué dice sobre los rumores de que lo maltratan?

—Los animales no pueden ser maltratados, señorita. No tienen ni nuestra conciencia ni nuestras emociones. Es como decir que, cuando talamos un árbol, llora. Es un lenguaje romántico, poético, metafórico, cuyo uso en las Artes viene bien, pero no tiene sentido usarlo cuando nos referimos a la realidad.





Y un Vistazo al interior de un pasillo en los estudios, en el que una actriz comentaba a Kalikas:

—"Los Citadinos" ha sido todo un éxito, doctor. Aun así, el Director Forrester me ha dicho que no desea hacer una secuela. Bella, nuestra perrita protagonista, tuvo cachorros. Esperaba que fueran protagonistas en la parte dos, pero no podrá ser. No sé si en otros proyectos…

—Pierda cuidado, Jenna. Ya tenemos suficientes películas de animales, y los cupos están llenos para las que vendrán.

—Entonces, ¿qué hacemos con ellos…?

—Yo me ocuparé ahora mismo de todos. Ve, anda y tomate un café, tengo un amigo con quién dejarlos.

—Gracias, Kal, confío en ti.

—Y yo en él.

Aquella mujer se alejó, mientras Kalikas fue en la otra dirección.

El pasillo quedó solo.

Pasados un par de minutos Kalikas volvió a aparecer en el Vistazo.

Si Bolt hubiera sido un niño, quizás habría pensado en "El Hombre del Saco" al ver a Kalikas ahí, cargando uno a sus espaldas, cual un costal lleno de muy pequeñas manzanas…

…Salvo claro, que las pequeñas manzanas no se mueven, gimen, ni ladran.

El Vistazo mostró al actor arribando a una puerta, la cual abrió. Dio al exterior: a los basureros de los estudios.

Arrojó la bolsa.

Se retiró, silbando, como cualquiera quien saca la basura.





El Reino del Absoluto Silencio gobernó al lugar, a sus actores.

—No…

>¡No…! ¡¡No!! ¡Por favor…!, dime que no… —El joven cerraba sus ojos, rehusándose a creer nada.

—Es Verdad —dijo Kalikas.

—No… ¡No! ¡No puede ser!

Raudales afluyeron desde los parpados del joven.


La chica exhaló.

—No sabes cuánto me encantaría que no… pero ahora ves La Verdad de Kalikas.

>Además de conocer perfectamente y participar en todos los abusos a animales que ocurrieron, incluido el tráfico de varias decenas, a él mandaban a todo animal que no fuera ya "útil a S.A.". Se ocupó desde de los callejeros hasta de los traficados, empleando desde inyecciones hasta corrientazos eléctricos.

>Eso sí, liberó a aves, liebres, conejos y a algunos más en el cerro cercano a los estudios… para cazarlos. ¡Qué gran deporte, ¿eh?! ¡Qué gran tradición familiar!

Eso último lo dijo dirigiéndose a Kalikas, quien miró hacia otro lado.

>Lo que acabo de decir, Kal, es una ínfima parte de La Verdad, que ahora deberás desvelarle si queremos que Despierte…

Dicho eso, Kalikas asintió, bajó por las escaleras y al minuto regresó, trayendo consigno dos nuevos marcos, cuyas fotografías enseñó a Bolt, para su horror:





En la primera fotografía: Layla Kalikas, de 16 años, portando lentes y protectores de oídos, se encontraba en un campo de tiro, empuñando un fusil y disparándolo. Era instruida por su padre, quien la miraba con orgullo.





En la siguiente fotografía: ambos se hallaban en la falda de un cerro. Sonreían, portando cada uno un rifle. Károlos exhibía a dos coyotes, y Layla a un zorro. Los dos los cargaban en sus manos: oscurecidas.

Ante aquello, Bolt vomitó.




Mittens prosiguió:

>Como todo buen padre, pasó mucho tiempo de calidad con su hija… divirtiéndose ambos.

>¡Qué gran hombre fuiste, Kalikas!

Mittens trató de sonreír sarcásticamente una vez más. Pero sus labios cayeron como si anzuelos y cadenas estuvieran clavados a ellos.

Sus ojos se hicieron agua…

…lloró en silencio, murmurando:

>¿Por qué…? ¿Por qué tú…? ¿Por qué Layla?

>¿Por qué, gente como ustedes, tan buena con otros humanos, que ayudaron a tantos, por qué hicieron todo eso? ¿Por qué ustedes, artistas…? ¡Malditos sean, ¡el mensaje de todas sus películas infantiles era amar y cuidar a los animales!!

>¿¿Por qué ustedes…?? —rompió en llanto.

>Tú… Kalikas…

>Dijiste que eran dos polos, ¿no? ¡Vaya que esos polos se unieron! ¡Vaya que liberales y conservadores, ateos y religiosos, hombres y mujeres, ¡directores, directivos, actores y trabajadores, ¡victimarios y víctimas, vaya que se unieron en uno solo para realizar tan bellos espectáculos ¿eh?!!!

>¡Vaya sí se dejaron las pieles!

>Todos ustedes…

—Mittens…

Aquella se secó las lágrimas y dijo, para sorpresa hasta del joven:

—Te perdono, Kalikas…

>Te perdono, en serio.

>Te perdono lo que me hiciste, y sé que no querías lo que pasó con Louisa.

>Perdono a Layla, porque sé de quién aprendió…

>Te perdono, por mí…

>…pero lo que hiciste con esos animales no tiene nombre.

>Lo que todos ustedes hicieron con Louisa y con tantos más, tanto humanos como animales, no tiene nombre…

>Ayudarme a salvar a uno es, como dijo alguien, menos de lo mínimo que puedes hacer…

—Espera, espera, ¡espera! —Bolt interrumpió— ¡¿Ayudarte a salvarme?! ¡¿Esa es la razón detrás de todo esto?! ¡¿Ayudarlo a él?!

—Nada es por él, Bolt —Replicó Mittens.

>Todo esto es por ti.

>Como puedes imaginar, esos estudios han hecho una excepción contigo, porque tú eres excepcional: Perro de la hija de Charles Alexander Forrester. Mismo que ha recaudado billones.

>Pero más temprano que tarde dejarás de serles útil, y entonces te sumarán a la lista.

—Kalikas… ¿me matará?

—Él no… Él no será el único carnicero que verán los estudios, ni tú la última carne.

>A menos que, claro, hagas algo al respecto… tal como el carnicero hizo lo suyo aquí.

Kalikas asintió.

—Por eso se me encomendó la tarea de ayudarte en este sueño, Bolt.


Dicho eso, se presentaron nuevos Vistazos: Kalikas, oculto a la vista de Bolt, lo vigilaba, direccionaba, colocando documentos en cajones que luego el joven revisaba, arrojándole una hoja de papel frente a él, luego muchas más…



>Tras haber hecho tanto con tantos, debo salvar a al menos uno.

>Pero esto no es por mí, es por ti, Bolt. Tú eres quien ha avanzado y descubierto, quien ha caído y se ha levantado, quien ha resistido y continuado, quien llegó hasta aquí.

>Lo has hecho excelentemente, poco a poco dejaste de depender de mí, dejaste de perder y comenzaste a ganar, a vencer…

>Poco a poco, comenzaste a hacerlo todo por tu cuenta, por y para ti, por nadie más.

—¿Qué hay de Penny? ¿Acaso ella no significa nada?

—Fue tu motivación inicial: volver a verla. Aún guardas parte de esa fuerza contigo, pero poco a poco empezaste a desear más tú mismo Despertar. Empezaste a priorizarte. Comenzaste a actuar por tu bienestar.

—Pero, ¡yo quiero verla!

—No lo dudo.

—Mittens, dime las cosas claras. ¿Despertaré en Verdad? ¿Verdaderamente las veré a ambas, de nuevo? ¿A Rhino? ¿A…?

—Eso depende de ti.

>Has sido iluminado, pero no pocos desean cegarse. Sabes La Verdad, pero no pocos eligen vivir una mentira.

—¿A qué te refieres?

—Lo descubrirás eventualmente. Solo te digo: Sea cual sea el camino que tomes, hazlo por ti. Por nadie más. Cierto es que nuestras acciones repercuten en muchos más que nosotros, pero debes pensar, cuando actúas, primero en ti: en tu bienestar, en tu felicidad, en tu propia vida.

>Eso es ser Soberano, Bolty. Gobernarte a ti mismo, forjarte tu destino, construir tu vida, mandar tu mente, para usar tu cuerpo en lo que a tu alma venga mejor.

>Yo misma aprendí a hacerlo, por la fuerza, dejando mucho atrás… Te lo confirmo, no es fácil, duele.

>Pero no me arrepiento de nada. No me arrepiento de haber gobernado mi vida cómo Yo lo hice.

—Mittens, por favor, sé clara. ¿Volveré con ustedes o no? Ya me estás asustando.

La chica, ante eso, sonrió, viendo hacia el cielo…

…y luego mirándolo a los ojos. Los marrones azulados del joven se encontraron con sus verdes brillantes.

—Te deseo lo mejor, Bolty.




Dicho eso, en un parpadeo, ella ya no estaba ahí.

Bolt giró hacia su izquierda, derecha, arriba y abajo: Ni rastro de ella ni de nadie más. Solo Kalikas.

—¿Q-Qué significa esto…? ¿A qué se refería?

>¡¿Qué se supone que…?!

—Bolt, ¿Quieres volver con Penny?

—¿Otra vez la misma pregunta? ¡Por supuesto!

—Entonces apresúrate.

Diciendo eso Kalikas sacó, del interior de su traje, un reloj de bolsillo.

Bolt lo vio, y un frío recorrió su columna.

6:28:16-AM

—La mayoría no sabe cuánto le queda a su reloj. Pero todos saben que este eventualmente marcará su hora de dormir para siempre.

>Tú, sin embargo, puedes decidir cuándo se frenarán tus agujas.

—¿Ah sí? Entonces cállate y explícame: ¡¿Qué me queda por hacer para Des…?!

—Solo una última cosa… —Dijo, mientras una puerta de madera se aparecía de la nada ante ambos—. …Debes salir de aquí.

Bolt dudó.

—¿Cuál es el truco?

—Te quedan ochenta segundos.

—Yo…

—¿Quieres perder a Penny?

—¡NO! ¡No, en lo absoluto!

Kalikas asintió.

—Eso pensé.

>¡Vete! Has dado con La Verdad. Te mereces un final feliz.

—¿¡Q-Qué!? ¡¡¿De Verdad?!!

—Setenta…

El joven rompió a llorar. Se sentía liviano a la par que su pecho se calentó, cual chimenea en invierno.

Seguido de eso, Bolt corrió sin dudar hacia la puerta, incrédulo, pero radiante.

Desaceleró en los últimos pasos, sonreía y lloraba más, sin creerlo.

Se detuvo frente a ella. La vio…

—Penny, ¡al fin!

Con fuego en su corazón…

…cruzó la puerta.