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Víctor y sus amigos se irían el fin de semana a una discoteca que estaba cerca de donde él vivía.

Mientras los días pasaban, Víctor y los demás no podían esperar más para la gran noche en la discoteca que tendrían. Aquel día, él y sus amigos entraron a la discoteca donde bailaban y se divertían otros jóvenes. Pasadas unas horas, casi todos los amigos de Víctor estaban o ebrios, o drogados. Él no se sentía bien; se sentía vigilado. Como pensaba que era el alcohol, salió para tomar aire. Al sentirse mejor, volvió a entrar a la fiesta y se tomó unas cervezas más hasta dormirse.

Al día siguiente, Víctor se despertó en medio de la nada y con un dolor de cabeza. Se fue a su departamento. Cuando llegó a su cama, se volvió a sentir observado.

La noche del día posterior, recibió un mensaje en su celular de su amigo James, «Víctor, tienes que venir; está estupendo. Nos invitaron otra vez a la discoteca. Date prisa que se acaban las cervezas». Como no dejaría pasar aquella oportunidad, se bañó, se arregló y corrió al boliche.

Mientras tomaba una cerveza, vio en la entrada un chico desconocido. Su piel no era ni blanca, ni oscura. Sus ojos eran azules. Luego de unos minutos, la gente empezó a gritar asustada. Él no entendía qué pasaba hasta que lo observó; una chica yacía en el suelo sin vida. Todos estaban asustados. Los guardias también habían sido asesinados y las puertas habían sido cerradas; nadie podía salir de la fiesta.

Horas después, todos, asustados, guardaban silencio, cuando se apagaron las luces y, al cabo de instantes, se encendieron. Se repitió aquel proceso hasta que se oyó el grito de un joven. Al prenderse las luces, este estaba muerto. Todos empezaron a desaparecer hasta que solo quedaron cuatro.

A los pocos minutos, vieron un joven que vestía un traje elegante y negro con púas, que tenía un sombrero con un lazo blanco, y que portaba un machete y una escopeta.

—Ustedes no escaparán nunca de aquí, porque yo lo impediré...

Uno de los sobrevivientes le arrojó varias cosas pesadas. No le hizo, sin embargo, ningún daño. Lo agarró del cuello y lo apuñaló hasta su muerte. Ahora solo quedaban tres, el asesino tomó una moneda, la desapareció y dijo:

—No se escondan o, si no, terminarán como esta moneda —dijo entre risas.

El asesino caminó hacia ellos. Uno de los integrantes, desesperado, arrojó una botella a la bola disco. Como esta estaba floja, cayó con rapidez, aplastó al asesino y lo noqueó por unos minutos. Las puertas se abrieron y todos corrieron hacia afuera. En ese momento, llegó la policía y se los llevó a todos.

Debido a no haberse hallado ni huellas, ni pistas del asesino, Víctor y sus amigos son tomados como culpables. Víctor, no obstante, no olvidará quién ha arruinado su gran noche, al que lo conoce como... "el Mago".

El mago