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Una familia volvía a sus vacaciones de verano. Comenzaba el mes de Junio y ellos ya estaban en el campamento de Etxarri Aranatz, situado en Navarra, España.

La chica no muy entusiasmada bajó del coche ayudando a su madre a recoger las bolsas para guardarlas en la cocina.

Su querido hermano Mikel se fue con sus amigos tan rápido como pudo.

La chica suspiró de alivio por que su hermano le dejaría tranquila nada más llegar.

Después de ayudar a su madre y guardar todo, se fueron a dar una vuelta fuera del campamento para ver cómo estaba el ambiente.

Nada más en la entrada de la verja para llegar al campamento, había animales en cautiverio para que la gente los fuese a ver. A la chica no le gustó la idea. Apreciaba demasiado los animales como para verles detrás de rejas con pinchos y con moscas volando a su alrededor.

Decidieron volver a ver quienes habían llegado al campamento.

Por extraño que les pareció, dos amigas de la chica fueron ese verano.

Se suponía que este año no vendrían.

La adolescente se puso feliz al saber que con la menor de aquellas dos chicas podría hablar sobre historias de terror y creepypastas. A las dos les gustaba hablar de ello, aunque después a la chica le costase dormir.

-Hola Marina.- dijo la recién llegada.

-Hola Garbiñe.- le dijo la adolescente feliz de poder estar con alguien sin aburrirse.

Las dos amigas conversaron de todo un poco. EL nuevo curso, los estudios, la familia, incluso comenzaron a hablar de creepypastas.

-Bueno Marina, ¿sigues leyendo creepypastas?

-Por supuesto, me gustan mucho las historias de terror.

-Estamos de acuerdo.- rió.

Pasaron el día comiendo juntas, yendo a la piscina del campamento, viendo historias de terror, etc…

Cerca de las ocho de la tarde, mientras estas reían hablando de sus cosas en la pequeña plaza del campamento, un grupo de chicas pequeñas y alguna que otra de su edad se acercaron.

<<Por favor, iros de aquí...>> - pensó Marina.

Esas niñas todos los años les molestaba a Garbiñe, a ella e incluso al grupo de amigos que tenían antes.

Ese año estaban ellas dos solas.

En aquel sitio a pesar del Español se hablaba el Euskera, Marina también sabía hablarlo, pero no le gustaba.

Las niñas comenzaron con sus típicas burlas a Garbiñe en Euskera, diciendo que Garbiñe era una bruja por creer en Demonios, en Zalgo, y criaturas del inframundo.

A Garbiñe no le importaban las burlas, simplemente les maldecía diciendo que le pediría un deseo a Zalgo, y que a cambio daría la vida de esas niñas sin ningún resentimiento.

Marina incluso se reía, ya que sinceramente a ella tampoco le importaba tener que darle a Zalgo una de las vidas de esas niñatas.

Simplemente pasaban de ellas, pero la mayor parte del tiempo estas las perseguían para criticarlas, para tomar el pelo, etc…

Pero Garbiñe y Marina mantenían la calma ya que eran niñas que probablemente se aburrían mucho con su vida y por eso molestaban.

Al día siguiente, Marina se despertó perezosa, pensando en qué haría ese día.

Después de desayunar, ducharse y vestirse, se fue a donde su madre para pasar el rato.

-Hola Marina. Bueno, hoy a la noche viene papá así que tendremos que estar bien ¿sí?

Marina no estaba a disgusto con su padre y tampoco es que se quisieran matar, pero...su padre muchas veces se pasaba…

A veces insultaba a su madre de forma en la que él creía que hacía gracia, como llamándola “gor” de “gorda” al pobre Mikel “foc” de “foca” y a Marina “esquelética” porque de pequeña siempre estuvo delgada.

Todos querían a su padre, pero si no se hacía lo que él quería, o te gritaba, o te insultaba, o simplemente pensaba que tenía razón en todo y se volvía a casa sin decir adiós haciéndose la víctima.

Cuando su padre ponía de su parte se llevaban bien, pero la mayor parte del tiempo discutían.

Marina estaba harta de sus discusiones, siempre la pagaban con ella o con su hermanito.

-Sí, mamá.

-Bien.- dijo la madre.- ¿Quieres ir a dar una vuelta por el bosque con Carlos? Él irá con sus hijos y con Mikel.

-Bueno, prefiero antes que quedarme todo el día aquí sin hacer nada.

Se levantó y fue hasta su caravana a por la bicicleta.

Cuando estaban los cinco reunidos se fueron al bosque.

Todo el bosque era precioso, los árboles verdes, la tierra y hierva fresca... todo.

Marina siempre quiso vivir en la naturaleza cuando era pequeña.

Vivir en una casa en el campo como “Heidi”.

Pero todo eso cambió cuando fue creciendo. Los estudios eran importantes. No le gustaba mucho el colegio por las burlas de la gente, de el horrible mote que le ponían, de la soledad que sentía cuando iba al instituto. Estaba harta de todo. Tenía que olvidarlo. Se tenía que aplicar de alguna manera para encontrar un buen trabajo en la ciudad.

Finalmente, decidió vivir en la ciudad. Ahora ella quería mudarse a Japón. Ir lo antes posible.

Nada más llegar al río, los amigos de su hermano y este se pusieron a saltar las rocas en busca de sapos y ninfas acuáticas.

Marina fue detrás de ellos para ir al otro lado del río.

Llegó tan lejos que ya no podía ver al padre de los niños.

Comenzó a escalar una pequeña montaña al lado del río.

Mikel y sus dos amigos seguían saltando y jugando.

Marina aprovechó y se fue un poco más lejos para estar tranquila y pensar con claridad antes de volver.

Se sentó en el césped verde y respiró hondo.

De repente sintió un extraño pinchazo en el pecho... en el corazón.

Le empezó a doler la cabeza, pero no le importó ya que era normal, había heredado las migrañas de su madre.

Al final, sin ningún motivo aparente, comenzó a llover.

La chica se levantó e intentó llegar a las bicicletas lo antes posible, pero se le hizo complicado ya que la tierra estaba resbaladiza.

Vio como su hermano, sus amigos y el padre desaparecían dejándola allí sola.

Cuando Marina miró a los alrededores no vio nada raro, pero sentía que algo no iba bien.

Consiguió llegar a la bicicleta, pedaleó lo más rápido que pudo, pero al llegar a una cuesta, miró hacia un lado y vio a las niñas diciendo su nombre, susurrando insultos que le decían sus compañeros de clase cuando ella era pequeña.

Marina sabía que no era real y que se estaba imaginando cosas. No pudo más y gritó tapándose los oídos.

Cogió la bicicleta y subió la cuesta. Cuando llegó a su caravana tiró la bicicleta y vio que su padre ya había llegado.

-¡Oye! Marina ¿Qué te pasa? ¿Por qué tratas así a las cosas? - gritó.

-Porque me da la gana.- dijo con tono frío.

-¡Marina! ¡No trates así a tu padre!- dijo su madre.

-¿De verdad? Nada más llegar ya estamos gritándonos. Yo no he venido para eso.- dijo su padre enfadado.

Marina se encerró en la habitación de la caravana y empezó a estirarse del pelo de la pura rabia.

Cogió un cuaderno y comenzó a apuntar todo lo que le había pasado en ese último año, en el 2018.

“Mi perro muerto, mi gato muerto, mi conejo muerto, el hermano de mi abuela enfermo muriéndose, nuevo instituto donde al menos no me insultan pero estoy completamente sola en todo, algunos suspensos, mi mejor amiga no me hace caso porque está con su novio, no tengo amigos, mi antigua mejor amiga ahora es mi enemiga, en el campamento tampoco tengo amigos, todos me han abandonado, mi padre y mi madre todo el día discutiendo, un verano de pura m*****, los que creía “amigos” me han traicionado…¿qué más me falta?”

La chica se recargó en la cama a descansar un rato...pero solo conseguía tener pesadillas.

Finalmente, la peor pesadilla se hizo realidad esa misma noche.

Ella iba con Garbiñe a una cabaña abandonada en el campamento donde se sentaron en unas sillas medio rotas y Garbiñe comenzó a repartir chucherías por todo el suelo.

Cogió su teléfono y puso la canción “Pop Goes The Weasel”. Laughing Jack era el creepypasta favorito de Garbiñe junto con Sonic.exe.

Marina la miró extrañada. No sabía si era buena idea molestar a nadie.

Garbiñe cerró los ojos. Marina no tuvo valor para hacerlo. Se levantó y se fue de allí.

Nada más salir eso parecía surrealista. El grupo de chicas tontas se acercaron a ella.

-Aparta, Marina-Dor.- dijo una.

Parecía que a la gente le encantaba ese chiste, pero ella no encontraba la gracia ninguna.

Finalmente se fue sin contestar.

Pero... se paró en seco cuando oyó cómo empezaban de nuevo con sus tonterías hacia Garbiñe.

Marina terminó harta y al final volvió a entrar a la cabaña.

-Vosotras, ¿queréis pararos de una maldita vez con vuestras estupideces?- dijo muy enfadada.

Ellas solo hacían muecas para reírse de Marina en su cara.

-Bien.- dijo sonriendo malévolamente Marina.

Ella salió de allí con su sonrisa de oreja a oreja.

Ya fuera se puso la capucha de la chaqueta gris que llevaba.

Se metió la mano en los bolsillos y comenzó a caminar fuera del campamento.

Llegó al comienzo de la entrada del campamento y ahí se paró dando la espalda al grupo de chicas que la miraban.

Ellas comenzaron a murmurar, pero a Marina le daba igual. Solo se quedó quieta sin moverse hasta que notó como una de ellas se aproximaba riéndose creyendo e intentando demostrar coraje y superioridad a todas las de su grupo.

Esa chica era la más mayor del grupo y tenía la misma edad que Marina, 16 años. Marina se alegró de que fuera ella, ya que era a la que más rabia daba. Siendo la mayor y mostrando ese tipo de tonterías... no era para nada "guay".

Marina comenzó a caminar de nuevo hacia el ancho camino del bosque.

La otra niña como estúpida la siguió.

Se adentraron más hasta perder la vista de las otras niñas y de Garbiñe.

Marina volvió a pararse, pero esta vez se dio la vuelta quedando en frente de la muchacha.

-Zer nahi duzu nitaz? Zuri ostikada bat ematea edo? (¿Qué quieres de mí? ¿Que te dé una hostia, o?- la niña comenzó a hablarle en Euskera de nuevo.

Marina entendía todo, pero cada vez tenía más asco a ese idioma.

-Ostikada asko emango dizut, lurrean botata utzi arte. (Te voy a dar muchas hostias, hasta dejarte tirada en el suelo.)

-No me importa.- dijo Marina sonriente.

No se le veían los ojos, solamente la expresión de felicidad en sus labios.

La chica se asustó. Comenzó a temblar y se dio la vuelta para volver al campamento.

-Espera, no he terminado de hablar.- dijo Marina.

-Ez dago ezer hitz egiteko, ez didazu ulertzen, inuzente. (No hay nada de qué hablar, no me entiendes, pringada.)- dijo la chica riéndose de ella.

-Te comprendo perfectamente, sé lo que buscas en mí.- sonrió Marina.

La chica paró y se dio la vuelta.

-¿Qué dices, niña?- preguntó tomando a Marina como una loca.

-Te daré lo que quieres, pero te advierto que después de ello no harás más daño. Y tranquila, tus queridas amigas también tendrán el mismo regalo.

-¿De qué carajo hablas? Te voy a meter una patada, estúpida.-esta hizo exactamente lo que dijo.

Marina levantó la vista mientras reía sádicamente.

La chica quedó petrificada.

Marina ya no tenía sus lindos ojos verdes azulados...tenía el ojo izquierdo de color blanco y el ojo derecho totalmente negro.

Ella rió y rió.

-Estoy harta de tener que guardar mis heridas, de tener que soportar gente como tú. Al parecer hay que ser malo para sobrevivir.

La chica comenzó a caminar hacia atrás con intención de correr, pero no era tan fácil, Marina ya no se lo iba a dejar fácil.

-Estoy harta de sufrir.- Marina empezó a acercarse a la chica con intención de agarrarla del cuello. Rió como si no hubiese un fin.

La chica con miedo agarró a Marina de su largo cabello.

De casualidad agarró un mechón cerca de su nuca. Se fijó que tenía mechas rojas cuando su cabello era marrón clarito.

Comenzó a tirar fuerte de él para que esta la soltase, pero no era suficiente como para que Marina se rindiera.

Los labios de Marina empezaron a coger un tono pálido, un tono rosado mientras que en los bordes de estos eran rojos.

-Vas a sentirte mejor de lo que estoy yo, estate segura. No puedo dejar que personas como tú vayan por ahí acosando y maltratando creyéndose de  lo mejor.

Marina sonrió y comenzó a apretar más el cuello de la chica.

De repente el pálido rostro de la joven se volvió oscuro, le comenzaron a salir manchas y signos por el lado izquierdo de la cara.

Le comenzaron a invadir por todo el rostro de la furia y rabia consumida que había guardado durante esos años.

Se había sentido prisionera de todo lo malo, pero ahora, ahora se sentía bien, libre.

La libertad que buscó durante mucho tiempo en el pensamiento de suicidio.

Su abuelo se fue hace cuatro años, y ella no pudo pensar en la idea de vivir sin él.

Ahora, se sentía mejor que nunca.

Acabando con una parte de las heridas que le causaba la vida, cerrándolas.

Finalmente, el rostro de Marina se tornó negro totalmente. Solo se le veía su ojo blanco y la sonriente boca que no dejaba de transmitir terror a la chica.

De repente grietas le salían debajo de los ojos.

Por fuera se la veía rota de verdad, pero dentro finalmente había sacado su temor a la vida, sus heridas se cerraban con cada llanto de la muchacha que ahogaba entre sus manos.

-Para terminar con esto de una vez, te lo diré de una forma en la que me entiendas.- rió.- Tanto que os gusta jugar con el nombre Marina... pues... debajo del agua no se puede respirar... así que...

Esto era una gran pesadilla, una pesadilla hecha realidad. Marina se sentía bien por una vez, liberada.

Comenzó a reír tan fuerte que la muchacha se puso a arañar los brazos de esta para después gritar por ayuda. Nadie la oiría, estaban en medio del bosque.

Y finalmente, Marina dio el paso al fin de una vida normal. Torció su cabeza a un lado.

-Shhh...utzi arnasa hartzeari. (Shhh...deja de respirar.)

Esta historia no termina aquí. Si veis a una chica de pelo largo marrón con mechas caoba, ojos verdes... puede que solitaria y con una gran sonrisa rosada... por favor... cuidado con lo que haces, porque siempre estará viéndote, para saber cuándo tendrás que dejar de respirar.

Atentamente

Garbiñe.