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El tiempo siempre se moverá hacia delante sin tomar en cuenta lo que está pasando en el mundo que me rodea, me experimentó esa primera parte, pero a veces se siente como si el tiempo dejará atrás los momentos más dolorosos, mientras recuerdo la falta de pasión y felicidad que mi vida una vez tuvo. Floto al rededor de este falso entorno, tratando de encontrarme a mí misma en la realidad, aunque todo esté perdido. Lo único que puedo hacer es proteger a las personas que pasan por lo mismo que yo pasé, para evitar que terminen igual que yo. Ahora contaré la historia de mi vida, hablando de los momentos más importantes; sean buenos o malos.

Nací en Salisbury, Inglaterra, el 13 de Octubre, con mi madre Marie Ann Bennet y mi padre Charles Arther Bennet, y me otorgaron el nombre de Sadie Marie Bennet.

Se podría decir que el ambiente era lúgubre ese día, lloviendo el 90% del tiempo en Inglaterra, pero en los brazos de mi madre el día se celebraba, por el primer momento en que mis ojos brillaron en los de ella. Mi padre era un exitoso hombre de negocios y le ofrecieron trabajo en Estados Unidos. Mi madre era una adorable ama de casa y no se negó a la oferta. En un instante ya estábamos yendo a nuestra nueva casa; tenía aproximadamente 6 años. Llena de vida y amor hacia mis padres. Estábamos en el pasillo del aeropuerto cuando de repente mi madre me cargó en sus hombros, fingiendo ser el piloto de mi propio avión.

–Estamos a punto de despegar, kkkchhh, por favor abróchese el cinturón de seguridad y disfrute del paseo, kkchhh–. Comencé a reír en ese día, eso habría sido todo.

— ¡Me dejaste atrás! ¡El avión despegó sin mí!–. Rió mi madre justo cuando nos encontramos con mi padre, la anfitriona nos dio la bienvenida a bordo, rogué por la ventaba, y la conseguí.

Todos le ponían atención al piloto que explicaba las medidas de seguridad, su voz me ahogaba, así que miré hacia la ventana y la lluvia no era sorpresa de nadie.

— Es raro es como si la lluvia me siguiera—. Negué con la cabeza, luego despegamos.

Pasamos el tiempo jugando cartas y luego tomé una siesta. Mi padre mostró algunos papeles y aterrizamos.

— Oye hija, ya estamos aquí–. Yo seguía dormida así que me cargó y dormí en sus hombros.

Nos tomó varios días instalarnos en nuestra nueva casa, vivíamos en las regiones montañosas de Pensilvania. Fue hermoso la naturaleza florecía en todos los rincones que imaginaba, todos los días jugaba fingiendo ser un pirata, tomando palos usándolos como espadas y peleando con personas imaginarias, y después montaba un dragón encima de un gran pueblo; todas mis historias tenían un hermoso final feliz.

Mi madre me hacía el desayuno todos los días, desde tostadas francesas hasta huevos revueltos, mi padre siempre tenía una taza de café, siempre tuve té, chocolate o café. Siempre hablábamos de nuestro día y lo que planeamos hacer el resto del mismo.

Mi padre decidió rematar la última caja de la mudanza, así que decidí explorar la casa. Era un día frío así que mi mamá me vistió con una sudadera gris, pantalones vaqueros y unos zapatos de lona, que combinaban con mi cabello castaño claro y mis ojos marrón oscuro

Mientras mi padre terminaba la mudanza, salí a caminar por el bosque para encontrarme con una niña de mi edad, sentada en un montón de margaritas. Me escondí detrás de un árbol.

— H-hola—. Hablé con timidez, ella se volteó mostrando su cabello color chocolate que le cubría casi todo su ojo, que estaba protegido por unos lentes. Usaba un vestido rosa que decía "Mary Janes".

— Hola…—. Habló en voz baja.

Camine hacia ella con una sonrisa en cara, y me senté al lado de ella. — ¡Mi nombre es Sadie! ¿Y el tuyo?—. Pregunté con curiosidad. —¿Vives por aquí? ¡Podríamos ser amigas! ¿Cuántos años tienes?—. Ella se mostró exaltada por el interrogatorio, y respondió con timidez: — M-mary, vivo por aquí, ¿Amigas? E-eso sería bien, tengo seis—. Sonrió.

— Yo también tengo seis, nací en Salisbury, Inglaterra… Entonces no conozco a nadie… ¡Un gusto de conocerte Mary!—.

Ella comenzó a entrelazar sus dedos con flores para realizar cualquier tipo de joya, pulseras, collares, ¡Incluso coronas! Era la primera vez que me sentía a gusto con alguien que no era de mi familia, sabía que seríamos las mejores amigas.

Durante un largo tiempo…

13 años de edad Editar

Entre junto a Mary a la secundaria, eramos inseparables, aún así nunca tuvimos a nadie más que nosotras. Pasábamos por por los pasillos llenos de chismes y groserías, y unos niños que terminaron por golpearme. Mi hiperactividad disminuyo mucho, y ahora Mary es todo lo contrario que de niña. Lo único bueno de la cárcel era la hora de almuerzo, mi madre hacía los mejores putos almuerzos para mí: Desde sándwich de tomate hasta papas fritas y refresco; ya sabes, cosas simples. Por suerte para mí Mary tenía el mismo almuerzo, así que no sentamos en nuestra mesa y hablábamos de los estudiantes y profesores, eran especies de chismes, pero nunca nada odioso.

A medida que el día se extinguía, tomamos el autobús, aunque en otros días íbamos por el camino largo a casa. Todos los niños gritaban y jugaban, nosotras bajábamos en la última parada; así que cuando estaba en silencio sabíamos que era hora de irnos.

Salió mientras la seguía, y nos bajábamos en la carretera para ir a casa, puesto que el autobús no podía llevarnos a la misma, tuvimos que caminar como dos millas, no era ningún inconveniente para nosotras, amábamos nuestro tiempo juntas, eramos como hermanas.

— Entonces, ¿Qué tipo de tareas tienes hoy?—. Gimió Mary cuando bajo su pesada mochila de su espalda

— Biología me gusta, ya hice esa tarea en clase de inglés, y también tengo tarea de matemáticas… Que desperdicio—. Gemí a su lado — ¿Me podrías ayudar con esa?—. Cuestioné, pues sabía que es una calculadora humana. — Sabes que sí, Sadie—.

— Muy bien Mary, muy bien—. Reímos mientras dejábamos una milla detrás de nosotras, faltaba menos de media milla para la casa de Mary; pero no nos importaba, nuestros pies habían hecho todo el trabajo.

— Mary, ¿Te gustaría quedarte a dormir en mi casa?, es viernes y mañana no tendremos escuela—.

— Claro, de seguro a mis padres no les importaría. Iré a casa a empacar, dentro de unas horas iré a tu casa para hacer los deberes—.

— Está bien, adiós—.

— Hasta luego Sadie—.

Nos despedimos, y empecé a caminar hacia mi casa para ser recibida por mi madre.

— Sadie, entra, ¡Hice un bocadillo para tí!—. Dijo mientras mi corazón se calentaba, amaba a mi madre, siempre amable y atenta. Dí un salto y me dirigí a la cocina.

— Madre, Mary vendrá a dormir ¿Hay algún problema?—.

— Sabes que no hay ningún problema, Mary es una muñeca, y además ustedes han sido amigas durante mucho tiempo —. Dijo mientras me entregaba un sándwich al que terminé devorando.

— Gracias mamá, estuvo delicioso pero tengo que hacer las tareas antes de que Mary venga—. Dije para después depositarle un beso en la mejilla, y cargar mi mochila hacia mi cuarto.

— Está bien cariño, te haré saber cuando llegue; ¡Te amo!—.

— Te amo más mamá—. Dije mientras subía las escaleras para llegar a mi cuarto. Abrí la puerta y tiré la mochila, me acosté en mi cama y me quite los zapatos, encendí la radio y me puse unos pantalones chándal, era una ley para mí: siempre debes de andar cómoda en tu propia casa. Abrí la mochila y saqué mi libro de matemáticas y me senté en mi cama estilo indio.

Puse unas sábanas sobre mis hombros para mantenerme caliente, para después comenzar la tarea, y terminar dormida, despertando por los gritos que alertaban que Mary está aquí.

Rompió mi puerta mientras traía un gran bolso lleno de peluches y libros de la escuela.

— ¡Deja de dormir Sadie, estoy aquí, la diversión ha comenzado!—. Ella dejó caer todas sus pertenencias al lado mío, dándome un gran susto.

— ¡OH DIOS MIO! Mary, me matas del susto—. Grité mientras trataba de despertarme de la siesta de tres horas.

— Perdona, no era mi intención asustarte—. Dijo para después abrazarme y sentarse a un lado. — ¿Estás lista para esta tarea? Así tendríamos más diversión—. Dijo contenta con el trabajo en manos, yo asentí y abrimos los libros.

18 años Editar

Finalmente éramos mayores que asistían a la universidad, alcanzando la libertad; mucha gente cambió, unos más odiosos que otros. Pero Mary y yo estábamos juntas como siempre, sabíamos que una de nosotras encontraría el amor así que el tiempo es limitado.

Las pandillas se hicieron evidentes: los bromistas, los nerds, los populares, los emos; ¡Había de todo! ¿En qué grupo estábamos?… Nos catalogaban de "monstruos" por que eramos tan impopulares, pero nosotras estábamos bien así. El año escolar pasó increíblemente rápido y ya estábamos en vacaciones de invierno; mientras mi corazón se elevaba por la aceptación de ese chico.

— Así que… ¿Ya lo invitaste a salir?—. Mary se puso adelante de mi cara a lo que yo me ruboricé.

— N-no, todavía no he… ¿Hay posibilidades que le guste?—. Pregunté con nerviosismo a lo que ella sonrió.

— No lo sabrás hasta que le preguntes, ¡Dícelo hoy!—. Ella me presionó hasta que me rendí, esperé hasta que la última campana sonó, y me dirigí hacia el chico de mis sueños.

Lo busqué durante la multitud y lo encontré con un grupo de chicas populares, ellas me vieron y se fueron haciendo bromas de mí. Él quedó solo.

— ¿Te puedo ayudar?—. Preguntó él, tenía pelo rubio y ojos azules hechos de hielo que a todos enamoran.

— Y-yo quería decirte que has estado en mi cabeza todo el año—. Hablé con voz baja.

— Continúa—. Dijo él.

— Realmente me gustas, y quería saber si sentías lo mismo—.

— Lo siento… Pero me gusta una chica, lamento decepcionarte—. Dijo con una sonrisa para después irse caminando.

Aguantaba las lágrimas y Mary se acercó a mí.

— ¡Sadie! ¿¡Qué pasó!?—. Dijó Mary.

— É-él no siente lo mismo que yo… Aunque era obvio, ¿Qué chico popular se fijaría en mí?—. Dije mientras las lágrimas salían y Mary me abrazaba.

— Lo siento… Hoy iremos las dos a casa ¿Sí?—. Yo asentí y nos fuimos a casa.

Fue un viaje largo y doloroso, Mary me apretaba la mano, y yo pensaba en lo que pasó, sabía que me rechazaría, pero lo hice. Mientras que Mary seguía aquí, es mi ángel de la guardia.

— Gracias Mary, por siempre estar ahí para mí, eres la mejor amiga que alguien puede pedir—. Hablé mientras mis mejillas se calentaban aunque estuviéramos en invierno. — Siempre serás mi mejor amiga Sadie, pase lo que pase—. Mis sentimientos mejoraron y me sentí bien.

Comenzamos a bromear por el camino de tierra, que ahora estaba cubierto de nieve. Le entregué mi pañuelo a Mary.

— Tómalo es necesario—. Ella respondió con gratitud.

Nos detuvimos por donde había que separarnos y nos abrazamos.

— No te preocupes, hay mejores, además él no es lo suficientemente bueno para ti—. Dijo en voz baja para salir corriendo y terminar cayendo por la nieve. Se levantó y fue a su casa con cuidado de no caer otra vez.

Llegué al fin a mi casa y la abrí con la llave.

— ¡Mamá, estoy en casa!—. Esperé una respuesta pero el silencio me hizo caer en preocupación.

— ¿M-madre?—. Tiré la mochila para entrar en la cocina y encontrar su cuerpo tendido en el suelo.

—¡MADRE!, ¡MADRE!—. Sacudí su cuerpo suavemente y llamé al 911. La ambulancia llegó en cuestión de minutos, rompiendo la puerta y llevándose a mi madre.

¡Padre, mamá se desmayó y llamé al 911, y voy en la ambulancia, ven al hospital, por favor!—.

— ¡NO TE PREOCUPES DULZURA, PAPÁ ESTÁ EN CAMINO!—.

Estuve todo el viaje al lado de mi madre, derramando emociones.

— ¡MADRE, NO ME DEJES, POR FAVOR!—. Mientras un doctor me cuestionaba.

— ¿Algo inusual con su madre últimamente?—.

— Tenía muchos dolores de cabeza y una vez convulsionó—. Hablé en voz baja y el doctor comenzó a anotar, luego ya estábamos en el hospital y llevaban a mi madre a la sala de emergencias. Traté de seguirlos pero una enfermera me detuvo. — Lo siento, no puedes entrar aquí, tendrás que esperar—.

— ¿V-va a estar bien?—.

— Haremos todo lo que podamos, ahora toma asiento y mantén la calma—. Dijo y se fue.

— ¡SADIE!—. Papá gritó, levanté la cabeza para verlo y se acercó a mí. — ¿¡Cuánto tiempo has estado aquí!?—.

— Al rededor de una hora, todavía nada—. Dije cuando apareció el doctor.

— ¿Qué pasó doctor?—.

— Sus órganos están estables, pero les tengo una noticia—.

— ¿Qué sucede?—.

Lamentablemente le hemos detectado la etapa 4 del cáncer de cerebro, no podemos hacer nada, lo siento—. Silencio.

— ¿P-podemos ir a verla?—. Habló por fin mi padre.

— Lamento decirles que seguimos observándola, vuelvan mañana y la recepción les dará el número de su cuarto—. Dicho esto se retiró.

— V-vamos a casa, Sadie—. Me agarró de mi mano y me llevó a casa. Fue una larga noche, terminé durmiendo en el lugar de mi madre.

Al día siguiente tuve que aguantar la escuela, no le dirigí palabra a Mary. Ella se preocupaba mucho por mí, y terminó saltándose unas clases. Tuvimos una clase juntas: Inglés. Ella hablaba sobre su noche: su papá llegó a casa como un idiota y la pasó feliz con la familia.

Tenía que contarle lo de mi madre, yo estaba ahogada en mis pensamientos mientras ella hablaba, solo le respondía con un "sí" o simplemente asintiendo con la cabeza. Ella dejó de hablarme cuando escuchó al chico que me gusta con unas chicas.

— Ella dijó que estaba enamorada de mí, es una idiota, incluso mentí para no quedar mal—.

— ¡Wow! ¿Qué le hizo pensar que tenía oportunidad contigo? O sea tu eres genial y ella no—.

— Ella es fea y nada asombrosa, a diferencia de ustedes—.

Siguieron hablando durante 10 minutos, hasta que Mary se hartó y fue hacia ellos.

— Eres un estúpido, te juntas con las perras que siempre sacan F en sus exámenes, parece que hubieran nacido con retraso, y tú eres un chupa-pollas, eres un poco hombre que se pone a hablar en susurros como vieja chismosa, y eres aún más estúpido que éstas dos zorras juntas por haber rechazado a Sadie—. Los chicos quedaron ofendidos.

— ¡Largo de aquí monstruo! Nos pondremos al día con ella—.

— ¡Espero que lo haga mientras se la chupan al profesor para no reprobar!—. Rugió como rayo y se acercó a mí.

—¿Nos vamos?—. Asentí, nos tomamos de las manos y nos fuimos.

Durante el camino Mary habló: — Has estado muy callada este día, ¿Sucede algo?—.

— Mary… M-mi mamá está en la etapa 4 de cáncer de cerebro, le queda un mes de vida a lo mucho—. Dije mientras las lágrimas fluían.

Ella empezó a llorar. — S-sadie lo siento, eso es horrible. ¡T-te juro que siempre estaré a tu lado pase lo que pase!—. Ella me abrazó… No era un día agradable.

— ¿Me quieres reservar?—. Dijo con una sonrisa y un sollozo.

— S-si—. Ella me acompañó a casa y subí las escaleras.

— ¡Voy a cocinar algo!—. Ella gritó.

*Ring-Ring*

— Residencia Bennet…—. Mary tomó el el teléfono.

— ¡Hola Mary! Soy el papá de Sadie, Arther, ¿Puedes decirle que llegaré hasta la noche? Vamos a ver a mamá mañana—.

— Le diré—.

— Gracias por estar ahí para Sadie—. Colgó.

Mary subió a mi cuarto y me encontró con la cabeza enterrada en la almohada, abrazando a mi peluche de elefante rosa.

— Sadie, relájate—. Se acostó junto a mí y se quedó en la noche, como buena amiga.

Las semanas pasaban y debido a los medicamentos que mi madre consumía eran horas y horas hablando de ella y su cuidado.

— Hola mamá, ¿Cómo estás hoy?—. Pregunté con una sonrisa.

— Bien, cariño ¿Y tú?—.

—Te he estado extrañando mucho—. Dije con una cara triste para después llenar un florero con nuevas margaritas que había comprado, puesto que siempre le hacía sonreír verlas.

— Estoy tan preocupada por ti—. Dijo para después poner su mano en mi mejilla mientras mis lágrima caían.

— Mi querida Sadie, si es mi hora de partir no puedo hacer nada, pero tu eres una mujer fuerte y sé que podrás hacer grandes cosas por el mundo—. Entrelazó nuestras manos. — Siempre estaré ahí para ti… Pase lo que pase ¿De acuerdo?—.

— Bien, te amo mamá—.

— También te amo, Sadie—. Me dí cuenta lo mucho que cambiaría cuando ella se vaya.

— ¿Cómo está tu papá?, yo sé que no se toma bien una mala noticia—. Dijo preocupada.

— No lo he visto mucho, incluso ha estado ensuciando la casa cuando llega, incluso hoy encontré toda su ropa por las escaleras—. Dije mientras ella asentía. El silencio inundó la sala, y solo se escuchaba el monitor cardíaco, en un instante le dió un ataque a mi madre, entre en pánico y llamé a las enfermeras, cuando llegaron me fuí.

Papá trabajaría hasta tarde. Lloré hasta dormir, otra vez.

Pasó una larga semana, faltaba poco para que el mes se cumpla. Volví a visitarla ese día, estaba lloviendo, así que llevé un lindo paraguas que me había regalado Mary.

Entré a la sala, mi madre estaba sentada en una silla y se me quedó viendo.

— Hola madre, ¿Cómo estás hoy?—. Le pregunté mientras me miraba con una sonrisa.

— Nunca… Mejor dicho—. Dijo con voz ronca.

— Tu ritmo cardíaco es muy bajo hoy—. Dije con preocupación mientras miraba el aparato. Las gotas golpeaban la ventana, ella no hablaba, no podía.

— Ahora que me doy cuenta… Los recuerdos más memorables que tengo, sin importar si son buenos o malos; siempre están en época de lluvia o nieve—. Hablé en voz baja y luego me dirigí a mi madre. — Y-yo no quiero que el doctor me diga que no estás bien, y-yo se que estás sufriendo, p-pero yo…—. Mi madre soltó mi mano, acompañado por un sonido de "Beep", el ruido retumbaba en mis oídos y mis ojos reaccionaron de forma natural, cayendo lágrimas como si no hubiera fin.

Su mano estaba fría, grité y entraron las enfermeras, ellas trataron de reanimarla usando desfribiladores, dándole oxígeno, pero nada funcionó. Una parte se fue con ella… Ella se había ido… Ella me había dejado aquí… y no podía hacer nada al respecto.

Yo me senté ahí mientras las enfermeras cubrían el cuerpo de mi madre con una sábana blanca. Me quedé ahí varias horas.

— Hemos contactado a tu padre, ya sabe sobre la situación. Vendrá y después irá a casa, lo siento—. Asentí, abrí mi paraguas y caminé hacia casa en una lluvia torrencial.

Todo el tiempo pensé en todos lo momentos que tuve con ella. Ese día algo en mí cambió, al igual que papá, y no para bien.

Esa noche llegué a casa después de un paseo de 10 millas, abrí la puerta para encontrar silencio, negro y sin corazón.

— No puedo creerlo—. Me sentía vacía, como si mi alma se hubiera ido a la mierda.

— No puedo vivir sin ella—. Corrí hacia la cocina y tomé un cuchillo de chef que había pertenecido a mi familia durante generaciones y lo llevé a mi habitación.

Me puse mi vestido elegante naranja, para ver mi cuello y parte de mi cintura.

— ¿¡POR QUÉ TE FUISTE!?, ¿¡POR QUÉ DEJASTE!?, Tú eras mi todo, mi vida cuando no había ninguna, mi coraje cuando estaba débil… T-tú eras mi madre—. Esa noche quería matarme, y para ser honesta debí hacerlo; en cambio tomé el cuchillo y me hice dos cortes en mis muñecas, para ver si me desangraba. Caí de rodillas, llorando, mientras el líquido carmesí manchaba el suelo; llegando a la creación de un pequeño charco se color rojo. Me sentía bien y ahí caí en la depresión y en la locura, algo que debía esconder de todos; incluyendo mi padre.

Mientras estaba sentada, mientras mis heridas coagulaban, me limpié con un trapo viejo y tiré todo dentro del armario. Me tiré a la cama llorando, esperado dormir.

Me desperté a la mañana siguiente, por suerte era fin de semana. Me puse una gran sudadera gris. Bajé por las escaleras para encontrarle el vidrio de un cuadro roto. Negué con la cabeza y me hice un té de manzanilla.

Me senté en la mesa mientras tenía recuerdos de desayunos con ella. Empecé a llorar.

— M-madre no puedo creer que estés …—. Limpié las lágrimas con mi manga y me fui a bañar. Miré mis muñecas con satisfacción. El resto del día pasé viendo dibujos animados, era un día horrible. Hubiera preferido haber muerto.

Seguí en el sofá hasta las 8 de la noche, escuché un ruido de un carro parando. — Hola pequeñita—. Dijo mi papá entrando a la sala para después desordenar mi pelo.

— No te he visto en mucho tiempo, ¿Cómo estás?—.

— He estado muy cansado por el trabajo, y lo de tu madre me ha hecho mal—. Dijo y lo seguí a la cocina donde tomó un vaso de whisky frío para después sentarse en un taburete. — Ya terminé el trabajo que tenía, ahora vendré más temprano a casa—.

— Bueno… Me iré a dormir, mañana tengo escuela—. Dije y después lo abracé mientras el me besaba la frente.

Cuando salí de ahí, él se sirvió otro vaso. Me acosté en mi cama y lo oí llorar desde la cocina… Esa sería la última buena charla que tendría con él.

Volver a la escuela era difícil… Quiero decir… Era imposible. Me encontré con Mary en la entrada de mi casa y me preguntó como estaba mi madre, me quedé callada. Supongo que ella lo entendió. Todo el camino era en silencio hasta que llegamos al autobús.

Ese día llevé mi sudadera gris para que no vieran mis cortes. Pensar en que se fue mamá y además que papá empezó a beber cuando él no lo hacía me preocupaba. La campana sonó, cuando salí Mary me estaba esperando, le dije que iba a tomar el autobús.

— Sadie… ¿Sucede algo?—. Preguntó Mary de forma preocupada.

— ¡Si, todo está bien! ¡SOLO VETE YA!— Grité y ella dio un brinco hacia atrás.

— Si tú lo dices—. Ella se fue y se subió al autobús, yo me fui a mi casa sola, me sentía mal por gritarle a Mary. Empezó a llover pero terminó pronto.

Tenía una batalla interna de emociones.b"Estarás bien, estarás bien… Recuerda lo que dijo mamá", "No le hagas caso", "Estarás bien", "La única forma de estar con ella es muriendo, al menos un corte al día".

Reí mientras lloraba, había perdido la cabeza. Mis sentimientos cayeron. Entré a casa y me desperté cuando escuché el auto de mi padre chillar.

— ¡SADIE, VEN AQUÍ!—. Escuché a mi papá gritar y salí de mi habitación.

— Si papá… ¿Qué pasa?—. Sus pisotones se escuchaban en toda la casa.

— ¡TÚ, ESTÚPIDA PERRA DE MIERDA!—. Dijo para después darme una cachetada.

— ¿¡POR QUÉ!?—. Grité y él me tiró hacia abajo, haciendo que mi columna vertebral chocará con el suelo.

— T-tú eres como ella ¡ERES COMO MARIE!—. Mis ojos se abrieron mientras intentaba salir de ahí, él se quitó el cinturón de cuero que mi madre le había hecho y comenzó a pegarme, pedí piedad, pedí que parara… No lo hizo. — Perra sin valor—. Dijo para después irse a ver televisión.

Entré a mi cuarto silenciosamente. — ¿P-por qué?—. Esperaba a que la muerte viniera por mí, tomé el cuchillo de mi madre y me hice más cortaduras en mis muñecas.

A los pocos días mi cuerpo tenía moretones por doquier, sin darme cuenta me volví alguien asustadiza y sumiza.

En la escuela Mary y yo apenas hablábamos, tiempo después dejamos de hablar.

Un día ella se me acercó. — Sadie… Estoy preocupada por ti, si te sientes triste ya sabes a dónde ir—. Cerré los ojos mientras ella se iba. Espere a que mi padre borracho viniera para dejarme llorando y sangrando.

Se volvió a repetir, me dejó sangrando en la cocina mientras él se encerraba en su cuarto.

— No puedo seguir con esto, ¡Debe de terminar!—. Gemí mientras mi cuerpo me obligaba a estar en el azulejo apróximadamente una hora. Me levanté débilmente y me encerré en mi habitación.

Estaba harta del dolor, no podía seguir viviendo así. Ella me dijo que estaría bien. ¡ESTO ERA LA PEOR MIERDA!, la casa era un desastre, no comí un par de días, hasta que él dejó unas sobras. Él rompía toda las cosas que podía, incluso una vez intentó golpearme con un florero que hizo mi madre.

Conté seis cortes en cada brazo. ¿Cómo terminé así?, falté a clases una semana.

No sabía que ese sería el día de mi muerte, ese día llevaba un camisón blanco.

— ¡S-SADIE VEN A T-TOMAR MI ABRIGO—. Él me buscó por todas las habitaciones de la planta baja, se rindió y se fue a la sala de estar con una nueva bebida. Yo estaba escondida debajo de mi cama, mi garganta estaba adolorida, necesitaba un trago. Me deslice en silencio y bajé la escaleras de puntillas, tomé una taza del armario pero sonó contra mi cabeza. "Mierda", traté de correr pero él me tomó del brazo.

— Bueno, bueno. Sadie ¿Por qué te escondes de mí? Sabes que te encontraré y caerás en mi trampa—. Era un borracho inteligente, me tiró hacia la encimera, quitándome la respiración. Buscaba aire mientras jadeaba y de repente el vaso cayó. Lastimándolo a él, y la sengre que se deslizaba por su pierna era prueba de ello.

Esconderme había sido lo peor que había hecho, estaba furioso. Empezó a golpearme sin piedad, lloré y pedí piedad.

— ¡TÚ NO MERECES VIVIR!, ¡QUIÉN DEBERÍA VIVIR SERÍA MI ESPOSA! ¡MARIE!—. Él me golpeaba mientras yo escupía sangre y pedía perdón. Esas palabras cayeron como ladrillos.

— Yo nunca te amé, ¡NO ERES MI HIJA!—. Dijo y después se fue. Como pude fui a mi cuarto.

— N-no soy su hija, n-nunca me amó, esto es un sueño—. Mi cuerpo estaba roto, mi corazón estaba roto y mi alma también. Era hora de dejar de perder el tiempo.

— ¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué nací? ¡SOY SADIE MARIE BENNETT Y MI VIDA ES UN PEDAZO DE MIERDA!—. ¿Por qué le gritaba a mi reflejo? Tomé el cuchillo de mi madre (Con el que dormía), y empecé a mirarlo de forma divertida mientras temblaba. Lloraba y reía.

Incliné mi cabeza hacia un lado mientras sostenía el cuchillo con fuerza.

— ¿Realmente estaba lista para esto?—. Antes me había cortado sin haber llegado a ningún lado, el cristal me llamaba y sonreí.

— No más dolor, no más sufrimiento—. Me iba a enterrar el cuchillo en el cuello, seguía mareada por el golpe que me habían dado, entonces me enterré el cuchillo en mi ojo.

— Mierda, mierda, mierda ¡No aguanto!—. No sé como pero terminé con mi vida en tres movimientos, y ahí quedé. El cuchillo cayó, mi cuello estaba cubierto de un líquido carmesí, al igual que mi boca. Mi cuerpo estaba helado. Pensaba que ya era libre… Pero…

¿Dónde estaba mi alma?, ¿En el cielo? O ¿En el infierno?, pues en ninguno. Me convertí en un ser ectoplasmico. Miré hacia abajo y vi mi cuerpo tirado, me asusté mucho, pero lo volví a ver. Era un alma en pena, estaba emocionada pero a la vez súper asustada.

— W-wow ¿Qué es esto?—. Hablé y mi voz se escuchó distorsionada, como si gritara en una cueva. — ¿Por qué estoy en la tierra? No tiene sentido para mí. O sea soy un alma, no una de ficción, no, no; ¡UNA REAL!—. Traté de darme una idea de lo que pasaba, traté de agarrar el pomo de la puerta, pero literalmente se deslizó como mantequilla de mis manos, ya que atravesé la puerta. Mi cuerpo seguía desangrándose en la habitación del frente, y para mi sorpresa una gota de sangre cayó en la cara de mi padre, el corrió arriba y gritó.

— ¡SADIE! ¿¡QUÉ FUE…—. Se estremeció, su aliento era visible, estaba tan borracho que su botella de cristal se rompió en el suelo. Le echó una mirada a mi cadáver, soltó una sola lágrima de remordimiento, y llamó al 911 para reportar el suicidio. Comencé a agitar las manos y a hacer caras graciosas frente a él, aún así no podía verme. Tal vez no me miraba porque no quería que me viera, me puse pensativa mientras me hacía visible, mi padre abrió los ojos con asombro y caminó hacia atrás por verme flotando frente a él.

— ¡S-SADIE!—. Gritó mientras yo me reía.

— ¡Bien, padre! Parece que han vuelto las almas—. Me reí y cruce los brazos.

— Puedo ver tu alma temblando, como si hubieras… Tal vez… ¿Visto un fantasma?—. Me reí cuando él entró en shock.

— No hay necesidad de temerme… ¡Oh! Espera, ¡Sí la hay!—. Cerré los ojos y me puse encima de él, impidiéndole moverse.

— No te muevas, a menos que quieras ir al matadero—. Me reí, y envolví mis manos alrededor de su corazón y después tiré de él, ahora yo tenía el control de su cuerpo. Por primera vez sentí como si no pudiera parar, yo estaba bien, yo tenía un propósito, la… ¡VENGANZA!

— ¡Oh!, mirenme soy un borracho que abusa de su hija porque es la viva imagen de su madre y me gusta más que ella—. Usé su caja de voz para proyectar mis sentimientos y usé su cuerpo como una marioneta, y tomé el cuchillo con el que me suicidé.

— ¡AHORA ES MOMENTO DE HACER LO QUE ME HICE A MÍ MISMA, SOPORTARÁS MI DOLOR, MI SUFRIMIENTO, LO QUE HICISTE ESTUVO MAL Y NO DEJARÉ QUE HIERAS A ALGUIEN NUNCA MÁS!—. Grité con su voz y deslice el cuchillo en su cuello, clavandoselo una y otra vez, como un muñeco vudú.

— ¡HaHaHa! ¿Cómo se siente, papi?, ¿Bien?, ¿Lo haces por mí?—. Grité mientras su cuerpo se sacudió y cayó. Salí de su cuerpo y me puse a su lado.

— Aww, pobre papá, pero esto es lo que hiciste, así me convertiste—. Hablé con confianza y ahí me di cuenta.

— Ya sé por que nací, por persona como tú, personas que abusan de sus hijos por su propia gratitud, pero eso cambiará, ahora tengo un propósito, y ahora no puedo dejar de agradecerte padre, yo soy lo mejor, ¡Mamá tenía razón!—. Dije mientras las sirenas de policías se hacían presentes.

— Bueno, parece que los policías llegaron tarde, oh bueno, adiós papá—. Salí de casa dejando atrás una vida dolorosa que alguna vez tuvo felicidad. Sigo recordando las palabras de mamá. Y recuerda… Trata a tus hijos con respeto, o si no, creo que no seremos buenos amigos.