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Lo que estás a punto de leer es una prueba más de que las apariencias engañan. Mi nombre es lo de menos, presta mucha atención, si te tropiezas con ésa "cosa" huye, corre tanto como puedas, no trates de luchar porque te digo de antemano que el que saldrá perdiendo serás tú...

...Hace un año conocí a una chica, se llamaba Sarah, era inteligente, era hermosa y yo la amaba locamente. Una noche, decidí invitarla a cenar. Ella accedió sin problemas. No es por alardear, ni mucho menos, pero me gasté 300€ en una cena y no me arrepiento.

Salí de la ducha y me eché el mejor perfume que tenía. Quería impresionarla. De repente, tocaron al timbre. Me pareció raro porque yo iba bien de tiempo. Se había presentado en mi casa antes de hora; qué chica más puntual. Me puse mi mejor camisa y salí a recibirla.

Había algo extraño en su mirada. Los ojos de Sarah eran verdes. Lo digo porque los de ésta "cosa" eran de un color negro azabache... Algo muy dentro de mí me dijo que no era ella. La invité a pasar, por cortesía. Una vez adentro, pasamos al salón. Seguidamente, dejé la ventana abierta sólo 5 cms. La falsa Sarah ni siquiera se percató.

Quise darle el regalo en el momento oportuno: antes de la cena. Ella abrió el regalo con desdén y me preguntó:

—¿Y ésto qué es...?

—Son los zapatos que tanto te gustan. ¿No lo recuerdas? Los del escaparate. Te vi tan ilusionada que bueno, decidí comprártelos.

—Dije con una media sonrisa.

En ése instante, todo cambió. La cosa iba de mal en peor, y peor que iba a terminar. Ni siquiera les hizo caso ¿¡Cómo olvidar ésa mirada llena de rencor...?! De la noche a la mañana, ya no le gustaban ésos zapatos. Para cuando empecemos a cenar serían las 22:10h.

De buenas a primeras, me soltó:

—Deja de hacerte el tonto. Ambos sabemos lo que le ha pasado a la verdadera Sarah.

Sabía perfectamente a lo que se refería, pero preferí hacerme el tonto, sólo por un poco tiempo más. En mi regazo, tenía un cuchillo más grande que mi mano. Ésa maldita "cosa" había bajado la guardia. Sonreí mostrando una sonrisa vanidosa y le dije:

—Ya decía yo que tus ojos no eran tan bonitos como los de ella.

Después de eso, se transformó ante mis ojos. Ésa "cosa" medía más de 2 metros. Tenía el ceño muy fruncido, y parecía estar muy, pero que muy enfadado. Sabía de sobra que no llegaría a la puerta, así que pensé: mi única salida es la ventana. La dejé abierta adrede.

Me moví en zig zag para evitar los ataques. Los pantalones vaqueros no me permitían moverme con toda la flexibilidad que quería, pero aún así, logré darle esquinazo a ése monstruo. No me preguntéis cómo lo hice porque ni yo mismo lo sé.

Lo único que sé es que me pegué a la pared y de una manera u otra, corrí hacia la ventana y salí. No encuentro una explicación para todo esto, lo único que sé es que jamás volveré a ver a Sarah... Jamás volveré a tocar su cara... Ella se ha ido lejos, muy lejos, y tengo que aceptarlo...