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Carl Michaels era un hombre de 30 años que vivía en un pequeño departamento en Chicago, todos sus vecinos alegaban que era un hombre normal, muy amigable con todos, pero en esa apariencia tan apacible se escondía un hombre con una perversión que nadie pudo notar. Carl tenía un gusto por ver imágenes de gente muerta, con sus cráneos despedazados producto de un accidente automovilístico, con huecos negros en su cuerpo producto de ataques con armas de fuego, entre otras cosas que alimentaban cada vez más su morbo.

Luego de trabajar en un pequeño local de comida rápida llegaba a su humilde morada y se adentraba bajo el manto de la noche en una pequeña habitación donde tenía su computadora, al lado de su cocina donde estaban posados platos con restos de pizza que traía de su trabajo, con cucarachas que se paseaban en la mesa y por todo el apartamento. Todas las noches seguía la misma rutina de sacarse su abrigo y su uniforme de trabajo dejando ver su delgada figura y su piel tan blanca como la leche, acomodaba sus grandes anteojos y buscaba en la vasta web un poco de satisfacción para esa perversión oculta.

Una fría noche de invierno, con el sonido de fondo del ladrido de los perros callejeros y el pasar de los automóviles, luego de entrar en una gran cantidad de sitios a los que ya estaba acostumbrado a visitar, esta vez en una de ellas encontró algo inusual, un link de una página con letras aparentemente escogidas al azar que llamó su atención y decidió curiosamente entrar para ver de que se trataba.

Era una página demasiado simple con solamente varios vídeos titulados con números. Hizo click en el vídeo número 1, era un hombre filmando un vídeo con una cámara de una muy baja calidad donde se adentraba entre las sombras de una casa hermosamente decorada, subía las escaleras hasta la habitación de una joven pareja que se encontraba dormida serena mente, cuando lentamente se ve un cuchillo que se asoma a la garganta de la joven y en un rápido movimiento dejó ver la sangre que brotaba de su cuello empapando las sabanas blancas de un fuerte color rojo, y procedió a hacer lo mismo con el hombre, luego de este acto solamente se escuchó una sola frase:

Tú puedes ser el próximo, con una voz grave y ronca que hacía erizar los pelos de la piel. Carl había encontrado algo que satisfaga su sed de sangre y morbo que tanto estaba buscando.

Pasó incontables noches visitando la misma página y viendo cada uno de los vídeos que estaban en ella, incluso llegaba a masturbarse cuando las víctimas del asesino eran curvilíneas mujeres que gritaban al verlo entrar en sus hogares y eran asesinadas sin piedad, y al final de todos los vídeos se escuchaba la tenebrosa voz del hombre repitiendo la misma frase.

Todo iba a cambiar cuando una noche luego de ver todos los vídeos que alojaba el sitio web notó que se estaba produciendo una transmisión en vivo, sin dudarlo ni un segundo, Carl se dispuso a ver el vídeo. Era una habitación totalmente oscura en la que no se podía notar casi nada, pero entre lo poco que se notaba ver empezó a darse cuenta que ese lugar se tornaba demasiado familiar, el asesino había entrado en su propia casa y poco a poco empezó a comprender que él ahora iba a ser la víctima de eso que tanto le daba gusto ver.

Miró rápidamente hacia la computadora y notó que el hombre estaba frente a la habitación, no tenía forma de escapar del inevitable fin, la habitación no tenía ventanas y el teléfono estaba en la habitación principal, sabiendo que no había forma de escapar se acurrucó en una esquina en posición fetal, derramando un mar de lágrimas cuando de repente abrió la puerta un hombre robusto con una sudadera negra y un pasamontañas que cubría su cara, sosteniendo una cámara en una mano y deslizando lentamente un gran cuchillo afuera de su funda.

Tres días después la policía llegó al departamento tras las llamadas de su jefe y varios vecinos que no habían sabido absolutamente nada de Carl en esos días, revisaron todo el lugar hasta llegar a la habitación, que despedía un olor nauseabundo, el piso cubierto con un mar de sangre y en un rincón se encontraba el cuerpo sin vida del hombre con su cuello degollado y su computadora destruida salvaje mente.

El asesino nunca fue encontrado y Carl se transformó en una de las víctimas de esta página web que cada día acumula más vídeos. Ten cuidado, porque tú puedes ser el próximo.