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“¡Voy a atraparte!” Karen reía mientras perseguía a su hermana.

“¡No, no!” Gritaba Beth, rodando sobre la cama para escapar de su hermana mayor.

Las dos corrían por la habitación entre risas mientras la sábana blanca ondeaba como una capa en las manos de Karen. La levantaba sobre su cabeza y la usaba como una enorme bolsa siempre que su hermana estaba cerca, pero siempre fallaba cada vez, la niña pequeña simplemente era más rápida que los ataques de la mayor.

“¡Soy la bruja malvada!” Dijo Karen cambiando su voz. “Voy a convertirte en un fantasma, ¡Y no hay nada que puedas hacer!”

Las lágrimas aparecieron en los ojos azules de su hermana, estaba riéndose muchísimo.

“No, no ¡Para!” Beth gritaba, esquivando cada nueva tentativa con la sábana. “¡No quiero ser un fantasma!”

“¡Demasiado tarde, pequeña!” Dijo Karen, girando en el último momento esquivando el armario.

“Has entrado en mi casa sin permiso, ¡Y ahora debes de pagar el precio!” Terminó su frase con una serie de carcajadas que harían sentirse orgullosa a Margaret Hamilton.

Beth corría más rápido, esquivando todos los juguetes que yacían por el suelo. Ella y su hermana mayor jadeaban cansadas entre cada explosión de risas.

Finalmente Karen consiguió atrapar a Beth en una esquina, levantando la sabana y cubriéndola con las sombras. La mayor intentó poner su mejor cara para asustarla, mientras mantenía la sabana en alto como un verdugo su hacha antes de la ejecución. Parecía funcionar, podía ver el terror en los ojos de Beth.

Con sus susurros de voz de bruja dijo.

“No hay escapatoria para ti, mi pequ…”

“¡No!” Beth gritó y empujó a su hermana mientras se abría paso.

“¡Hey!” Se quejo Karen. “No es justo, se supone que no puedes hacer…” Se giro rápidamente, casi perdiendo el equilibrio, con la sábana tapando su cabeza.

Oía los pasos de su hermana y veía la figura oscura a través de la tela. Con una enorme sonrisa de triunfo, Karen se abalanzó hacia delante envolviendo a su hermana pequeña con un enorme abrazo.

“¡Te tengo!” Rió. “Ahora eres un fantas…”

Se paró, escuchando los pasos de su hermana continuar fuera de la habitación y bajar corriendo las escaleras. Podía escuchar la voz de su hermana también.

“¡Mami, mami! ¡Hay alguien en nuestra habitación!”

Incluso con las sabanas, la figura que Karen abrazaba se sentía muy, muy fría.