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Puerta2
"Hace 2 días se encontró a Cecilia Martínez muerta en la puerta de su casa; por los hallazgos en su cuerpo, se asume fue asesinada. Tenía marcas sobre el cuello, al parecer la habían asfixiado con las manos. Aún no se sabe sobre algún testigo o sospechoso", leyó mi padre en el periódico. No puse mucha atención y fui a dormir.

Unos días después encontraron de la misma manera a uno de los vecinos. Se trataba de un asesino en serie. Pasaron meses desde que todo comenzó y las muertes continuaban. Nadie encontraba pistas. Mi padre quiso cambiar de vecindario: por lo menos 2 de nuestros vecinos habían resultado ser víctimas del asesino.

Dos días después de llegar a la nueva casa, quise salir a una fiesta de noche. Mi padre se preocupó mucho por mi seguridad; sin embargo, me las arreglé para que me dejara salir, fue entonces cuando ocurrió.

Encontré muerto en la puerta a mi padre al llegar a casa. Lloré y supliqué a la policía que me ayudarán a encontrar a ese maniático, les conté lo que había sucedido antes de que lo encontrara. Según ellos, no podían ayudarme, eran muchos los casos y hasta ahora les había sido imposible hacer algo al respecto.

Empecé a vivir sola en un departamento que encontré. Me daba miedo salir a la calle. No quería que me pasara algo, solo salía a hacer las compras del mes y pagar las cuentas. Todo corría "normalmente". Mi vida de alguna forma ya no era la misma, pero estaba conforme, significaba mantener mi seguridad.

Habían pasado dos meses desde que había llegado al edificio. Tenía buenos vecinos, todos eran muy agradables, eso me mantenía tranquila. Me sentía cómoda y en paz. Me había quedado dormida en la sala de estar rodeada de toda la comida chatarra que había sacado de la nevera y la alacena.

Desperté de mi dolorosa posición. Estaba por levantarme cuando escuché ruidos en el pasillo, se trataba de alguien tocando la puerta de alguno de los vecinos. Miré al reloj. Seguían sonando los golpes en la puerta. Me asomé por la mirilla, había un sujeto de pie frente al apartamento de Annie, una chica que también acababa de mudarse.

La poca luz que entraba no era suficiente para que pudiera distinguir algo, de pronto se abrió la puerta. El sujeto se abalanzó hacia dentro. Entré en pánico. No sabía qué hacer, de pronto un sinnúmero de pensamientos recorrieron mi cabeza. Prevaleció aquel que me incitaba a socorrer a Annie.

Sin pensarlo dos veces, salí del apartamento arrojándome sobre el sujeto. Jalando sus cabellos, pegándole en la cabeza, no hubo nada que pudiera haber hecho.  Annie dejó de moverse. Una vez él notó que ella había muerto la soltó, girándose hacía mí. Vi su rostro contra la tenue luz, ¡era mi padre! Pero, ¿cómo?

Yo había estado en su sepultura, yo lo vi. Sin que yo pudiera reaccionar, se esfumó frente a mí. Sin lograr comprender lo que vi, corrí al apartamento. Llamé al 911, la policía llegó poco después, expliqué lo que había sucedido. Después de unas horas de interrogatorio, enviaron una ambulancia a por mí. Bajaron de allí dos camilleros, o eso pensé. Me tomaron de los brazos al tiempo en que me di cuenta de que provenían del manicomio.

Pedí explicaciones a las autoridades, dijeron que yo había matado a Annie y todas esas personas. Al realizar la investigación, revisaron las cintas de seguridad, yo estaba estrangulando a Annie. Yo la maté, y sin poder creerlo aunque lo estuviera viendo con mis propios ojos, estaba allí, tomando su cuello hasta asesinarla.

Ahora estoy en la espera en mi habitación del hospital a que venga. Tarde o temprano vendrá por mí. Cuando llegue mi hora, se presentará, probablemente me lleve consigo como se los llevó a ellos. Espero que sea mientras duerma, así no dolerá tanto.

Yo estoy segura aquí adentro, pero tú ten cuidado de a quién le abres la puerta...