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Cuando teníamos nueve años mi amigo Pablo y yo (obviamente nombres inventados) estábamos en el colegio, vivíamos en una zona en la que las afueras de nuestro pueblecillo se extendía un enorme bosque, habían dos zonas que teníamos prohibidas:

La primera zona la llamabamos "La zona de de los actos satánicos e invocaciones" y a la otra la llamabamos "No entres", esta era más peligrosa porque cualquiera que entraba a esa zona aparecía muerto o sufría enfermedades cerebrales que lo llevaban a la muerte después de unos pocos días.

Mientras estábamos en el colegio Pablo y yo hablamos sobre las invocaciones satánicas y que no emocionaba muchísimo ver una de aquellas invocaciones satánicas (cuanto me arrepiento ahora de esto ¡Qué estúpidos fuimos!).

Como ya se sabe, en algunos pueblos los niños pequeños tenemos mucha libertad y podemos salir por la noche.

Un día en el que deseábamos ver algo satánico, Pablo y yo nos escapamos de nuestras casas sin decirles nada a nuestros padres y caminamos hacia el bosque, nos encontramos con un señor calvo vestido con una túnica roja que le cubría desde los pies hasta la cabeza.

Nosotros nos extrañamos ¿Qué hacia aquel tipo vestido así en Verano con el calor que hacía? ¿Y a qué venian esas pintas?

El desconocido se nos acercó y nos preguntó:

-¿Quereis acompañarme e ir a ver obras satánicas?

Nosotros que éramos muy crios y deseabamos ver algunas de esas cosas, respondimos que sí.

Qué idiotas fuimos.

Le seguimos y atravesamos gran parte del bosque hasta llegar a un gran claro.

Antes de entrar en el claro Pablo y yo nos sentimos muy asustados ¿Y si aquello era mala idea? ¿Y si nos marchábamos en aquel momento?

Pero nuestro orgullo y nuestra curiosidad nos lo impidió y nos quedamos.

En el centro del claro había un grupo de hombres y mujeres, todos vestidos igual que el calvo.

Aquellas personas nos miraron molestos, como si fuésemos intrusos.

Pero el calvo (Que debía ser el jefe) dijo:

-No les molesteis, son iniciados.

¿Iniciados?

Al oir eso mi amigo y yo nos miramos nerviosos y un poco asustados.

Aquello había llegado demasiado lejos y le dijimos al hombre:

-Oye tio, que has sido muy majo por traernos aquí, pero nosotros nos queremos ir...

Él nos miró, sonrió y dijo:

-No teneis porque tenernos miedo, nosotros no os haremos daño.

A pesar de nuestras peleas y súplicas nos obligaron a sentarnos entre el jefe de aquella banda (el calvo) y una compañera suya sentados con las piernas cruzadas.

Pablo y yo nos miramos nerviosos.

Queríamos irnos.

Pero estábamos paralizados.

Entonces el calvo dijo:

-Que los iniciados se coloquen en el centro.

Dos hombres nos llevaron a cada uno al centro y nos obligaron a colocarnos de rodillas con las manos en la espalda.

Yo sentí mucho miedo y mi amigo igual. Entonces el calvo salió al centro y se situó delante de nosotros.

De una de sus enormes mangas sacó un enorme cuchillo afilado y se lo clavó en la mano.

Yo grité sorprendida ¡Aquel hombre estaba loco o mal de la cabeza!

Mi amigo y yo pegamos un grito, pero no podíamos movernos o escapar.

Con su otra mano cogió su sangre y se la untó entre sus dedos como si fuera una crema.

Yo ya no quería saber nada más ¡Quería escapar con mi amigo!

El calvo lunático se acercó a mi atemorizado amigo y con aquellos pringados de sangre le hizo una extraña marca en la frente.

Yo sentía mi corazón latir a tope.

Entonces se acercó a mí e hizo lo mismo.

Fue horrible.

El grupo comenzó a cantar una melodía oscura pero yo no los escuchaba, solo tenía miedo.

Recuerdo que escuché una voz penetrante y oscura que me llamaba y me decía:

-Tengo un trato para ti, haré que todos los deseos que tengas siempre se cumplan si a cambio me dejas poseerte durante dos horas diarias y matar a un miembro de tu familia.

Sólo pensé: ¡Nunca deberíamos haber venido!

Salí del trance y abofeteé a mi amigo y salimos corriendo a traves del bosque en dirección a nuestro pueblo.

Al llegar nos escondimos dentro de unos cubos de basura hasta que amaneció.

Cuando amaneció caminamos y pasamos frente a una parada de autobuses y en el cristal vimos aquella marca en nuestra frente.

Tenía la forma de una cruz invertida y tenía un color rojo sangre.

Con la ropa y las uñas nos quitamos la marca de nuestras frentes y volvimos a casa y nunca regresamos al bosque...

Se dice que siempre que un niño quiere ver cosas satánicas el hombre calvo se le aparece en la calle por la noche y le ofrece llevarlo a ver rituales...