FANDOM


La noche está callada. El viento es lo único que interrumpe al silencio; las ramas meciéndose al son de la desesperación. Adentro sus pasos son lentos.

Las llamas vacilantes de velas moribundas, cuya cera forma quimeras retorcidas, hacen que las sombras crezcan y se encojan a su antojo. Sus pies descalzos, entumecidos han dejado de sentir el piso.

Sin detenerse mira a la ventana. Afuera el viento lleva gritos escurridos de algún lugar lejano y su corazón afligido suplica que fije la mirada en otro lado.

El pasillo es largo, angosto, medio oscuro. El fuego le da una apariencia deforme. Sus ojos de nuevo a la ventana... es demasiado curiosa.

Sigue el viento; hace borrosas las siluetas nocturnas de árboles y casas lejanas, porque esa choza está alejada de todo. Le es incómodo recordarlo; recordar que probablemente no exista un alma a kilómetros. Siente más que nunca el penetrante hedor que la tierra mojada desprende al terminar la lluvia. Y huele a viejo. La piedra de las paredes data de eras azoicas.

Deja de mirar. Se siente observada, acechada. ¿es que alguien...? no... intenta deshacerse de sus pensamientos.

Se detiene. Por la paz decide calmarse, se lleva las manos a la cara pretendiendo olvidar todo y respira hondo. No puede. Detrás la puerta rechina.

¡¡¡Se abre!!! 

Una rendija deja ver la absoluta oscuridad... sobresaltada se pierde en ella. Ligero, un ojo resbala de la negrura abismal; el párpado que se abre deja ver un iris grisáceo... pestañas dulcemente largas.

Ella siente su propia respiración. Una ligera paranoia la invade.

La mirada es seca, penetrante, fría. Se acerca más. Ella desea huir, desaparecer. Intenta correr pero el cuerpo no le responde. Entonces la cosa resulta tener dos ojos, espectrales pero bellos. Solo ahora el cuerpo le responde. Corre, el pasillo se hace más largo, intenta gritar... cree que perdió la voz, que podría vomitar el corazón. Sigue corriendo. De vez en cuando voltea atrás... la criatura entró, su mórbida piel es hermosa, seductora. Sus labios rojos, delgados... más que caminar parece flotar.

Ella cae. Desesperada intenta levantarse en vano. Queda tirada, inmóvil. Parece no ser de género definido la criatura de mirada perdida, enfundada en largas ropas blancas y lodosas. Sus facciones son tan finas, ojos felinos, cabello demasiado largo... la ve fijamente... ambos se quedan quietos, y eso se desvanece a media luz, ante sus incrédulos ojos de niña desesperada.

Un largo silencio.

Se tranquiliza por un rato, suspira. Antes de levantarse cree reírse de lo ridículo que parece todo. De entre sus labios sale voz. Su voz, que se queda resonando y por un momento le congela el alma. Aprieta los ojos. Atribuye todo aquello al cansancio. De nuevo se fija en su sombra; se alarga, se encoje al antojo de las velas, como si bailara... le parece graciosa la idea. Piensa que en ese caso le haría falta un pareja, y el compañero aparece; ambas sombras bailan, saltan, se retuercen...

Ella se queda atónita porque la lógica dice que no es posible. Por alguna razón voltea hacia atrás y ahí esta la criatura, sentada con la mirada retadora.

Sonríe. Una mueca medio siniestra. Su torso desnudo. Un torso viril, que desmiente lo pensado al principio, medio se asoma entre el cabello.

Ella desea... ¿qué desea? ¿desea huir o ...?

La criatura es hermosa. Su mirada subversiva incita a desatar pasiones para ella profanas. Se vuelve horror. Rabia por su condición, deseo. Siente escurrir el sudor; está demasiado cerca de las velas o siente tanto miedo o tanto...

Se siente húmeda. Frágil. Reprimida.

Aquel ser la contempla un rato. Vagamente sonríe, como si se sintiera majestuoso, desvía la mirada a la pared, parece señalar algo y vuelve sus ojos contra ella. El temor la excita. Ve por el rabillo del ojo a las sombras que aún bailan, se retuercen, se niegan a quedarse estáticas y desaparecer.

Un peso enorme sobre sus carnes la hace estremecer. Un cuerpo frío, terriblemente suave. Es la criatura. Su sublime cara está tan cerca que ve su reflejo en el par de ojos grises y siente la exhalación helada, respiración del extraño. No puede moverse. Tal vez no quiere; estando así puede contemplar esa críptica existencia colmada de belleza. Ella misma puede escuchar su respiración agitada agitarse cada vez más.

La criatura está cerca, cerca, cada vez más cerca; las pestañas de ambos se rozan a cada parpadeo, él le aplasta el cabello con los codos, pegados al terroso suelo húmedo. Su abdomen está sensualmente atrapado entre las piernas de dicho individuo taciturno.

No, no desea moverse. No desea huir, aunque el miedo la corrompe y sin pensarlo su mano acaricia el frío torso del ser que se posa sobre ella.

Y él se acerca más. Sus labios tuercen una sonrisa, sus irreverentes ojos reflejan el fuego, la atraen; evocan lujuria. Ella rasga el piso con las uñas, él revela sus dientes; filosas perlas triangulares. De un gélido soplido apaga las agonizantes velas.

Lo demás sucede demasiado rápido; bienvenida la desnudez, una lengua por todo su cuerpo, manos frías le roban su calor (y ella no pone resistencia; se entrega a los actos lúbricos, excitada, envuelta en su propio sudor, descubriendo que el ser también tiene piel, olor propio).

Gemidos, rasgueos. Su respiración terriblemente agitada, risas ahogadas, sudor, mezclándose con saliva, con tierra y su piel desnuda contra el cabello de la criatura; largo, indefinible en la oscuridad; más sudor, él comenzando a roer sus carnes, sangre, satisfacción, más sangre y silencio total.
Una sola respiración. Pasos apenas perceptibles, alejándose. Y la luna delinea su silueta tendida sobre el terroso suelo, inerte; sorda, ciega, muda, húmeda, muerta pero satisfecha.

La noche guarda silencio absoluto. Parece haber visto todo y sentir repulsión por el acto.