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Sniper

Los Estados Unidos y la Unión Soviética se volvieron superpotencias después de la Segunda Guerra Mundial, pero las tensiones que crecieron entre ellas finalmente las llevó a la Guerra Fría, algo que todo el mundo conoce.

Sin embargo, hubo muchas cosas desconocidas durante esa etapa: conspiraciones, intrigas y espías...

Y entre ellas, una criatura clasificada que se utilizó en la guerra por la URSS, durante el gran conflicto.

Un francotirador ruso llamado Nigel Cannabinoi, que fue asesinado durante la Segunda Guerra Mundial, fue traído por su país a la vida con la tecnología secreta, sólo conocida por el Gran Imperio Comunista. 

Fue nombrado Sniper.

El científico que creó a Sniper era Verat Gonzel; él no quería hacerlo y trató de persuadir al ejército de esa idea; dijo que el sujeto no era inteligente, que no habían encontrado evidencia alguna de que sería útil, y de hecho, aseguró que podría ser una amenaza completa; pero no le hicieron caso.

Sniper podía ser inmortal, así que le clasificarían como su " super-soldado". Incluso existía la posibilidad de lograrlo como el soldado perfecto.

Joseph Stalin, hombre que ordenó su creación, le dijo a Gonzel que "no habría ningún peligro para el ejército", incluso si se produjera un error. Por esa razón, el científico abandonó toda esperanza de hacerles cambiar de idea y tuvo que seguir las órdenes.

Tras el experimento al que sometieron al soldado, no ocurrió nada relevante. La criatura se encontraba sosteniendo todo el tiempo su rifle de francotirador, en posición; estuvo estático por tres días seguidos.

Su apariencia no era lo esperado, tampoco: se veía como cualquier ser humano, con la excepción de que sus ojos eran de un color rojo brillante, que parecían oscilar como una luz que no tenía suficiente batería. Verat se excusó de que el color era para causar miedo, pero el parpadeo le dejaba intranquilo y llevaría cierto tiempo para conseguir los datos suficientes para su corrección.

Cualquier otro aspecto era correcto: vestido con el correcto uniforme (aunque algo roto) y llevando una capucha que sólo dejaba ver el brillo de sus ojos brillantes.

Los sucesos relevantes se dieron luego de otros tres días, en los que se suponía que todavía estaba en su trance. Stalin había ordenado a Gonzel que desechara a Sniper y clausurara el proyecto, a lo que el científico accedió gustoso. Pasó un día, y Verat oyó un grito en el laboratorio en el que mantenía al Sniper. Unos soldados rusos corrieron rápidamente a la habitación, y encontraron al francotirador desgarrando con sus dientes las venas, los capilares y las demás partes del cuerpo del oficial que estaba en guardia; devorándolo.

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La criatura les miró con sus brillantes ojos, y se cargó a por ellos. Subió al primer soldado y con su mano lo atravesó por la espalda; la sangre brotaba con rapidez; con su mano arrancó y arrojó la médula espinal del hombre.

Los otros corrieron en busca de ayuda, pero el médico estaba en lo cierto en su reporte... La criatura sería mucho más rápida que un humano normal.

Él se abalanzó sobre ellos y clavó sus dientes en el cuello de uno, hundiendo sus garras en su cuerpo. El soldado gritaba de agonía, mientras los científicos corrían a la escena; para cuando llegaron, sólo encontraron los cuerpos de los dos soldados que mató junto al general.

Se paralizaron de miedo: la criatura no estaba allí. Uno de los científicos tuvo una vaga idea y corrió a la habitación en la que se encontraba antes Sniper, y le encontró en el mismo lugar y la misma posición.

No tenía idea de lo que podía haber pasado: no se encontró ADN alguno, pero la única cosa segura era que ningún soldado enemigo había sido responsable. Ninguno de los demás países pudo averiguar lo que había sucedido.

Después de cinco semanas, llegó la estimación de que veintisiete soldados fueron muertos. Todos estaban asustados, soldados de cualquier rango; incluso el mismísimo Stalin tenía miedo del misterioso asesinato. Luego de otra semana más, el Sniper despertó de su letargo y se precipitó a la habitación de Gonzel. El científico todavía estaba dormido, así que lo agarró y lo llevó a la bodega.

Verat despertó en una habitación llena de cadáveres de los soldados asesinados. Entonces se dio cuenta de que estaba encadenado a un muro de hormigón.

No podía liberarse, incluso después de luchar durante lo que pareció una eternidad. Gritar no era una opción, puesto que las paredes y el techo estaban hechos de sólido hormigón. Sabía que estaba condenado, por lo que sólo miró al suelo y comenzó a llorar. Pero antes de derramar su primera lágrima, subió la mirada y vio a la criatura cara a cara.

Abrió los ojos amplia mente. A pesar de su miedo, estaba muy interesado y la curiosidad sobre lo que su creación haría le despertaba. El Sniper golpeó el pecho del científico con su mano derecha, haciéndole gritar de dolor.

Pero no duró mucho; hundió su mano en su pecho y comenzó a arrancar el corazón del hombre, clavando sus dientes en él y dejando la sangre salpicar de su cuerpo.

Puso sus manos alrededor del cuello de Verat, rasgándolo. Se armó de su rifle, apuntó a la cabeza del cadáver y por primera vez, apretó el gatillo: el blanco explotó, y las partes de su cara volaron en todas direcciones.

Como Sniper terminó con Verat, oyó los pasos de alguien bajando las escaleras del sótano. Este fue Nikolai Yezhov, quien gritó de terror al ver la grotesca escena; pero la criatura no estaba a la vista.

Cuando el soldado le contó lo visto a Joseph, este se volvió el más abrumado por el terror: mandó a los científicos a investigar el cadáver de Verat. Una vez más, no encontraron restos de ADN alguno, ni huellas dactilares, ni indicios algunos del asesino. Los soldados tenía pánico, no sabían quién lo hacía ni el porqué. Algunos especularon que eran espías estadounidenses provocando la matanza.

Cada día, un soldado desaparecía. Años más tarde, el ejército de la URSS se encogió cada vez más; días, semanas, meses y años pasaron, hasta que los militares de la Unión Soviética eran escasos.

Cada soldado que moría, eran algunos por manos de los estadounidenses, otros por suicidio y unos últimos por el Sniper, por lo que los Estados Unidos terminaron ganando la guerra; pero todavía quedaba Stalin.

Joseph estaba en Kuntsevo Dacha, de pie sobre una silla, con una cuerda alrededor de su cuello. Sus ojos escurrían las lágrimas, a punto de saltar, hasta que la puerta se abrió y una figura encapuchada de ojos rojos brillantes entró. Stalin entró en shock al darse cuenta que era Sniper, pero este retiró la cuerda y lo tiró al suelo.

El líder se sintió frustrado y comenzó a gritarle, diciendo: "¡Usted, monstruo, que ha matado a todos esos grandes hombres, que ha tomado las vidas de cada último soldado; aunque no tengo ni idea de cómo lo hizo sin dejar pistas algunas, por favor, ya máteme!". Para su sorpresa, la criatura empezó a hablar.

"Eso será un placer, Stalin, como lo fue a matar a todos los soldados que este ejército pudo encontrar. No me gusta ser esta abominación llamada "Sniper", y para responder a su pregunta, nunca terminará lo que hizo Verat. Yo también iba a ser un super-espía, no sólo un soldado. Esta guerra pudo haber tomado miles de años, y ni una sola persona pudo darse cuenta de que el causante fui yo. Como dije, será un placer matarlo, un placer matar al hombre que trajo el comunismo a este país corrupto..."

Stalin corrió un segundo antes de ser tomado, y fue a la captura del rifle dejado junto a la puerta. Lo tomó, apuntó a su cabeza pero nunca disparó. El Sniper se levantó y rió al ver a Stalin en completa confusión y miedo; el líder soltó el arma y rompió a llorar mientras la criatura reía con más fuerza.

El Sniper cogió el rifle y de un fuerte golpe lo mató. Tomó el cuerpo, lo sentó en su escritorio y acomodó su escena, limpiando la poca sangre, las huellas, cualquier pista. Tomó una jeringa de entre sus ropas e inyectó la enfermedad en el cadáver, para luego irse.

Un año después, el 05 de Marzo de 1953, Stalin fue encontrado muerto en su habitación con un cigarrillo en mano, prueba que demostró que murió a causa de aterosclerosis.

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