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Estaba durmiendo de forma serena cuando me desperté de un sobresalto, nerviosa, tomé mi teléfono y revisé la hora. Eran las 4:00 a. m. de la madrugada; no comprendí por qué me había despertado a esa hora.

No tenía nada que hacer, así que salí a jugar con mi amigo, Thomas. Él era un poco raro, pero le tenía cariño, después de todo era mi única amistad. Luego de un rato nos aburrimos, así que decidimos ir a dar un paseo por la ciudad. Todas las calles estaban a oscuras, era triste y hermoso a la ves; el silencio; los pocos pájaros volando; el frío de la mañana, todo era calmante.

De pronto, Thomas empezó a sentir náuseas y un leve dolor en el estómago, por lo que volvimos a mi casa y pasó la noche conmigo. Le dí una aspirina y nos fuimos a dormir, pero le seguía doliendo el estómago. Su dolor parecía empeorar mientras pasaban las horas, le pregunté si quería ir al doctor, pero me dijo rotundamente que no.

Me levanté al día siguiente cerca de las 9:00 AM, me froté los ojos por un momento y me dí cuenta que Thomas no estaba en la cama, supuse que estaría en el baño por lo que fui a revisar, pero no se encontraba ahí tampoco, lo busqué por toda la casa, pero no estaba en ningún lugar. Me puse unos tenis, un sweter, y salí a buscarlo.

- ¡Thomas...!- Gritaba por las calles esperando a que me respondiese.

Después de unos minutos llamándolo, lo encontré entrando al bosque que había en la ciudad. Nadie entraba a aquel lugar por miedo, pues habían muchas leyendas sobre almas de soldados fallecidos en la guerra

Lo llamé una vez más mientras saltaba por la reja que hacía de entrada del bosque, Thomás se giró y empezó a llorar repentinamente cuando me vio. En un abrir y cerrar de ojos, entró corriendo al bosque y yo fui tras él.

Lo perseguía tan rápido como podía, pero no lograba alcanzarlo. Lo seguí hasta que se detuvo en frente de un árbol enorme, me tomé un momento para descansar, pero cuando me incorporé, me di cuenta que alrededor de aquel árbol habían niños amordazados, y más arriba, habían otros colgados de las ramas, muertos...

- Thomas, todos esos niños... ¿Esto es tu culpa?- Le pregunté atónita.

- Sí...- Me respondió de forma triste, como si se estuviese lamentando.

- ¿Por qué?

- Y-yo me pregunto lo mismo pero... Pero creo que él me eligió...

- ¿Quién?

- ¿Acaso no sabes sobre él?

Le negué con la cabeza aterrada.

- Muchos dicen que no tiene nombre, otros lo llaman como quieren...

Entonces Thomas empezó a acercarse a mí, y en voz baja me dijo:

- Yo lo llamo...

The Soul Man

Traté de correr de inmediato, pero algo me detuvo cuando me di la vuelta. Un hombre se había puesto en medio, era de una estatura media, vestía una remera y unos jeans, ambos rotos y llevaba un amuleto rojo con blanco. Pero lo que me petrificó fue el ver su cara, estaba completamente desfigurada, no podía distinguir los rasgos faciales, lo único que pude asimilar fue que tenía la boca cocida.

- ¿Por qué haces esto?- Le pregunté desesperada a Thomas, pero no me respondió.

Fue entonces cuando sentí un cuchillo atravesar mi cuerpo varias veces. Thomas me estaba apuñalando.

En mi último abrir de ojos, pude vislumbrar a Thomas adentrarse en el bosque con The Soul Man para no volver nunca más.