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LimboP MORADOR DEL LIMBO
"Se estremece la tierra, ruge la espuma de los mares sobre las montañas, y el cielo arde en música de sombras y liras infernales"

Este es un descarriado del Limbo, penitente del Purgatorio con fecha de nacimiento en un guiño de ¡CreepyLooza! Abstente de la arena, que esto es más legal que tu jfa. Burló La Guillotina y a los Jueces del Infierno, así que cómete tu teclado.

La vida transcurría, normal, solo vida, los humanos, embebidos en sus existencias y la gran mayoría en su supervivencia. Otro día más, dejé mi cama con todo el pesar que dan las responsabilidades acumuladas solo por el hecho de ser un adulto. Tristeza, amargura, impotencia y frustración. Mis compañeras de siempre se aferraban a mis pies y a mis hombros haciendo que dar cada paso fuese un enorme esfuerzo.

Lo único positivo en este departamento de clase baja es que tengo acceso a un ridículo balcón de medio metro de largo así que tomé el último de los cigarrillos que me quedaban y me lo desayuné ahí mismo como todas las mañanas, junto con los restos del café de la mañana anterior. Todo un banquete para mi úlcera.

Mientras la cafeína y las sustancias cancerígenas comenzaban a circular por mi sistema me dirigí a la nevera para beber el agua helada que calmara momentáneamente mi acidez estomacal. El agua helada era un hábito arraigado desde mi niñez.

Desde el mini balcón en el décimo tercer piso, miré hacia arriba y abajo de aquella enorme construcción de condominios. El inmueble de enfrente es idéntico a este donde me encuentro, al asomarse, uno puede ver como paisaje a toda una manzana de edificios, construidos exactamente iguales y del mismo color, diseñados exclusivamente para alojar a una clase social empeñada en sobresalir con base en el esfuerzo, soportando explotaciones y abusos laborales con la esperanza de siempre: subir de estrato y pertenecer a la élite.

En el edificio frontal a mi balcón se encendieron varias luces de los otros departamentos, veo caras conocidas y desconocidas mientras observo con desinterés. Al igual que yo, todos se despiertan para continuar con las rutinas. No veo ni un rostro feliz. Todos se asoman como comprobando el clima. Una estupidez que hacemos todos los adultos como para terminar de aceptar aquello que no podemos cambiar.

Este amanecer el cielo es una mezcla de gris, blanco y rosado. El resultado es un color que me recuerda a una herida infectada supurando pus. Hay un hedor permanente en las calles, smog, basura y otros olores corporales producto del hacinamiento de las grandes urbes tercermundistas como esta en la que vivo.

Una llovizna prístina es lo que hacía falta para hacer de este día uno de esos días que incita a la nostalgia, a los recuerdos de tiempos mejores. Puedo verlo en las miradas de todos los vecinos. Todos anhelamos tiempos pasados. Todos estábamos mejor tiempo atrás.

¡Ah, mi niñez!, fue magnífica, en lo que cabe, era feliz y no lo sabía. Todos los adultos valoramos la niñez cuando ya es demasiado tarde. Añorarla ahora, en estas circunstancias, me pareció patético e inútil. Pero lo hice, pedí al cielo, con mis sentimientos más sinceros, que regresara el tiempo y nos librara de la decadencia de nuestra sociedad.

Un sonido externo me interrumpió mientras me alistaba para salir hacia el trabajo, una especie de estruendo que venía aparentemente de las nubes. Miré el reloj de pared, por un instante me pareció que el segundero se deslizó hacia atrás, “imaginaciones mías” me dije. Me quedé mirando fijamente el reloj y ahora sí pude comprobarlo, el reloj estaba descompuesto. Efectivamente iba para atrás. Quise verificar si las baterías estaban agotadas, pero ya no pude moverme, estaba paralizado.

No comprendía lo que pasaba, tal vez un infarto, tal vez un ataque epiléptico, tal vez una embolia. Fueron instantes inimaginablemente eternos hasta que mi cuerpo comenzó a moverse por sí mismo, no podía hacer nada para evitarlo. El horror era inmenso, mi cuerpo hacía todas las cosas sin mi voluntad. Quise gritar y no pude, estaba atrapado en un vehículo de carne, sangre y vísceras que deambulaba sin mi consentimiento a través de mi departamento. Lo más horrible fue que todos los movimientos del cuerpo iban hacia atrás en cuanto a la naturalidad: daba pasos hacia atrás, hacía todo como en un movimiento de reversa, como cuando reproduces un video desde el final hacia el inicio.

Me encontré a mí mismo, devolviendo el café que me acababa de tomar, expulsando el cigarrillo aquel mientras el humo se reconcentraba y se metía de nuevo a mis fosas nasales y por mi boca y las cenizas se volvían a reconstruir en un cigarrillo nuevo.

Podía sentirlo todo de nuevo, pero no podía hacer nada para evitarlo. En reversa volví a sentir mi vida, minuto a minuto, segundo a segundo.

El amanecer dio paso a un anochecer, o, mejor dicho, a una madrugada sombría donde fui transportado hacia mi colchoneta y obligado a cerrar los ojos durante las horas de la noche, mientras yo me quedaba encerrado en aquel cuerpo que no parecía reconocer mi propia conciencia. El horror puro se manifestó cuando presencié mis propias pesadillas como un espectador. Impotente y frustrado comencé a orarle al cielo, a Dios, a quien fuera que me sacara de ese infierno que era vivir toda mi vida de nuevo. Y entonces abrió los ojos aquel extraño cuerpo que ya no me pertenecía, se fue incorporando lentamente y se dirigió a la salida del edificio, siempre en reversa, miré al portero, y vi en lo profundo de su mirada el brillo del horror que yo mismo estaba experimentando. Supe que él también estaba atrapado.

Y no solo él, no solo yo, todos estábamos atrapados en esa infernal pesadilla: volver a vivir nuestras vidas sin poder hacer nada al respecto: volver a sentir el dolor por heridas o enfermedades, repitiendo jornadas buenas, malas, regulares, almuerzos, cenas, decepciones, humillaciones, risas, primeras experiencias que ya nunca serán las primeras. Repasando todo lo que hemos hecho, desde insultar, lastimar y agredir, hasta amar y generar risas a otros. En resumen, saber con certeza que tan patética o maravillosa ha sido tu existencia.

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Han pasado años. Yo he vuelto a ser un niño, volví a sentir el alivio que proporciona el agua helada en la sequedad de la garganta después de una carrera de cuatro cuadras; reviví la alegría de ver arder la casa de ese niño que era mi compañero de clase y la huida para que no me atraparan; volvía experimentar el profundo rencor y a justificar ese que fue mi primer y único crimen cuando volví a sentir todos los maltratos y abusos físicos y mentales en el colegio.

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Mi cuerpo ha cumplido recién 3 años. Mis padres me llevaban a todos lados. En el fondo de sus miradas puedo ver ese terror profundo de no saber cómo es que están volviendo a vivirlo todo luego de su fallecimiento en el accidente de tránsito. Seguramente al principio estaban contentos de verme, pero luego, la falta total de control del cuerpo… debe ser muy duro para ellos. Yo ya me he acostumbrado y solo me dejo llevar. Desde hace tiempo y con la pérdida de toda mi fe solo he podido formularme una pregunta: ¿de dónde viene la conciencia humana?

Es posible que esa respuesta solo la sabré en el momento exacto de mi concepción. Solo deberé esperar un par de años más, o debo decir, menos.

   =>Y r v o z<=