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¿Alguna vas has ido al hospital por una grave emergencia querido lector? No es la mejor experiencia, ¿verdad?
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Mi nombre es Guillermo González Fernández, alias Memo, tengo 15 años y esta es mi historia:

Hago paracaidismo, es uno de mis pasatiempos, uno normalmente tiene que seguir las reglas y tener sumo cuidado al lanzarse de un avión. Era un día soleado, mi equipo y yo estábamos por lanzarnos del avión, nos pusimos el paracaídas, los lentes y el traje, estábamos listos, yo fui el primero en lanzarme, podía sentir el aire corriendo por mi rostro y cuerpo, no me sorprendí tanto del paisaje por las muchas veces que había hecho esto, me dieron la indicación por el radio momentos después de que tenía que sacar mi paracaídas, enseguida después del mensaje busque la cuerda de mi mochila que libera el paracaídas. Lo jale.

Este salió como siempre, mire hacia arriba, para mi sorpresa este estaba enredado, sentí náuseas y miedo por lo que sabía que me iba a pasar, pude ver el área de aterrizaje en el pavimento de un estacionamiento, sentí escalofríos al ver el área y empece a sudar aterrado, caía rápidamente, y estaba por estrellarme por unos cuantos metros, mi vida pasó por mis ojos y rece para que sobreviviera.

Me estrelle. Caí de frente y me deslice con el rostro y parte del cuerpo unos metros del objetivo, me dolía el cuerpo, tosía sangre y podía sentir mis huesos quebrándose y torciendose, me retorcía por el suelo gritando de dolor, hasta desmallarme.

Abrí mis ojos lentamente, veía luces pasando en el techo, estaba acostado y había 5 personas empujando lo que creo que era una camilla, me tomo poco para saberlo, estaba en un hospital. Me alegré un poco pero al sonreír sentí como mi mandíbula tronaba, fue horrible, al oír mi jadeó una de las personas me inyecto en el brazo anestesia, en segundos volví a estar inconsciente.

Un corte me despertó, me levanté de golpe, mire a mi alrededor, había 3 médicos mirándome con sorpresa, estaba en una camilla en una habitación pequeña y poco iluminada, mire hacia mi abdomen, mi piel había sido cortada sólo para poder exponer fragmentos rotos de mis costillas, un estómago cortado del cual salían gotas de sangre, mi corazón latiendo, mis pulmones destrozados como si hubieran explotado, sentí asco, gire mi cabeza hacia un lado de la camilla y vomite, no podía creer lo mal que me veía, pero lo peor se vio a continuación, un espejo en una pared de la habitación revelo la mayor parte de mi rostro sin piel o con esta colgando, se me hizo un nudo en el estómago y sentí que mi corazón paraba, uno de mis ojos estaba al descubierto, mi nariz se partió en 2 y expuso mi cráneo, mi boca estaba torcida y escurría sangre, con la simple brisa del aire mi cara ardía. Uno de los médicos rápidamente me tomo de un brazo y me volvió a inyectar hasta quedar dormido.

De nuevo fui despertado por el dolor, sentí un golpe fuerte en las piernas, me levanté de golpe y antes de que pudiera ver la herida uno de los cuchillos ortopédicos que uno de los médicos sostenía, se enterró en mi ojo, sentí el peor ardor y dolor de mi vida, sangre y lágrimas se derramaron grite con todas mis fuerzas, y trate de quitarme el cuchillo, grave error. Lo removí y mililitros de sangre salían disparados a presión, los médicos fueron empapados y me desmalle.

Desperté lentamente, sentía dolor en todo el cuerpo, no era insoportable pero si molesto, estaba sentado en una silla de ruedas, siendo empujado por una enfermera, toqué mi rostro, estaba vendado, tenía un parche en mi ojo derecho, mire mis piernas y vi que estaban cocidas y tenían algunas grapas, lo mismo en los brazos, aunque perdí 2 dedos en la mano izquierda. Mi madre y padre se alegraron de verme, yo también, fue un alivio haber salido de esa pesadilla, pero se ha quedado en mi memoria la experiencia traumante.

Ahora cada vez que recuerdo eso, recorro mi rostro restaurado y toco mi corazón para saber que sigo vivo.