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Infierno-en-tierra

"Los logros de tu trabajo son justo merecimiento a tu esfuerzo diario."

¡Muchas felicitaciones a su autor! Esta es una de las creepypastas ganadoras del concurso del mes, se les invita a todos los usuarios a participar.

No me he visto en el espejo por un rato, pero sé que tengo los ojos hinchados, la mirada vidriosa inyectada en sangre. Los párpados me pesan, la visión se nubla.

No he dormido en veintiocho horas, ni lo haré en las próximas. La falta de concentración hace que lo que estoy haciendo en el ordenador sea un bucle interminable.

Clic acá, clic allá, undo, redo. Avanzo dos pasos, retrocedo tres y luego avanzo otros tres.

Todo lo que necesito es un poco de concentración. Ya mi cuerpo es inmune a la cafeína.

El dolor en las cervicales, producto de mi mala postura, es una constante. Me llevo las manos a la nuca cada dos minutos exactos.

Las envolturas de comida chatarra se amontonan sobre la caja de la pizza mohosa casi terminada. Hace horas que permanezco en ropa interior y mi piel casi se ha fundido con la tapicería de mi sillón. El día y la noche se juntan en una luz amarillenta que se filtra en mis persianas casi completamente cerradas. Los olores corporales han dejado de ser molestos y la mancha de sudor de mi camiseta crece o disminuye con el pasar de las horas.

Tengo la boca pastosa por momentos, las sodas de cola yacen vacías junto a mí, excepto las que contienen mi orina, producto de mi pereza para ir al sanitario.

Imágenes, caracteres, mi cerebro trata con mucho esfuerzo de identificar cuál es cuál. La idea de finalizar me alienta aunque el estímulo dura apenas 5 segundos. Reviso mis estados de cuenta. Sigue entrando dinero.

Otro pequeño estímulo que desperdicio en muy pocos segundos. Reviso mis cuentas bancarias varias veces cada poco tiempo. F5, reload. Y veo como me voy enriqueciendo dólar por dólar, euro por euro, bit por bit.

La imagen del monitor se congela por un momento.

El corazón se me paraliza y siento claramente el estímulo potentísimo de la adrenalina.

Alguien me está rastreando. Me levanto por fin después de una cantidad indeterminada de horas. Le echo una última mirada a mi estado de cuenta. Sigue incrementando mi dinero. Muerdo mis labios, aprieto mis puños y desconecto el cable de corriente y el de internet de un movimiento brusco.

Busco rápidamente mis pantalones dentro del basurero de mi habitación. No los encuentro, solo hallo mi billetera.

Reviso que los boletos de autobús estén ahí y salgo corriendo hacia la puerta del departamento rentado. Al pasar, veo a uno de mis clientes rápidamente en la otra habitación.

No ha terminado con la adolescente pero no le doy más tiempo. Le digo que hay que largarse de ahí. Me dice que se quedará un rato más. Eso no me conviene. Corro de vuelta a mi cuarto, rebusco en mi cajón y tropiezo con mis pantalones que no encontraba antes.

Me los pongo como puedo y tomo la pistola.

Un tiro en la sien basta para que mi cliente termine con la chica. Ella ya estaba muerta desde hace horas.

Desconecto las cámaras, limpio mis huellas.

Salgo de ahí.

Camino hacia la estación de autobuses que está a dos cuadras. Mientras camino, la gente me mira y se ríe, tengo la cremallera abierta. Vaya gordo asqueroso y gracioso que soy.

Abordo mi autobús, mientras escucho las sirenas de la policía ir rumbo al departamento que acabo de dejar.

Tuve tiempo de tomar mi portátil. Seguiré transmitiendo a mi otro cliente con sus dos adolescentes.

Mientras miro mis estados bancarios aumentar...

   =>Y r v o z<=