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Siempre he tenido lo que me he propuesto tener, sin importar de qué se trate, o cuál sea su precio. M por su lado, siempre hizo lo contrario, él siempre se conformó con lo que la vida le puso a la mano.

Jamás intentó sobresalir en absolutamente nada. A pesar de esto, los dos siempre habíamos sido los mejores amigos y nos habíamos apoyado en los momentos difíciles. Pero algo cambió esta situación no hace mucho: M encontró una belleza que se dedicaba al modelaje y de algún modo logró que ella fuera su novia. No pude creer la suerte del maldito cuando me lo dijo, y de hecho, aún hoy sigo sin poder creer que el mismo M que había conocido de toda la vida, fue capaz de llegar tan alto. Él nunca se había esforzado por nada, y en un instante superó todos mis logros pasados, dejándome en ridículo con esa proeza tan grande. Pero como M no podía desconfiar de mí, ni me conocía realmente, tengo que decir, comencé a ir a ver a su novia sin que él se diera cuenta.

Cuando estaba con la novia de M, aparte de hacer el amor con ella, aprovechaba esos momentos para hablar mal de él todo lo que me fuera posible, claro que todo lo que decía era mentira, pues de hecho, M siempre fue un tipo honesto, bueno y muy ingenuo. Pero yo no podía soportar que alguien como él tuviera algo mejor que yo, sin importar que fuera mi mejor amigo. Así, en muy poco tiempo logré que su novia lo dejara -además de haberlo engañado conmigo en varias ocaciones claro-. M no soportó la noticia y cayó en las garras del alcohol. Lo cual me produjo una gran satisfacción, he de decir.

Mientras que M se perdía cada vez más en el abismo de la soledad y la tristeza, yo por mi parte disfrutaba los días plenamente, sin preocuparme por nada ni por nadie. Pero todo en la vida cansa y la novia de M me aburrió de un día para otro, así que la abandoné a su suerte sin importar lo mucho que dijo quererme, ni todas las veces que me recordó que por mi culpa dejó a M.

Después de unos meses de haber dejado a la novia de M, me llegó el rumor de que ella se había lanzado desde una gran altura, pues al parecer aún seguía muy afectada por nuestro rompimiento.

El día de su funeral, al que por cierto me negué a ir, M se presentó en mi casa y comenzamos a discutir, ya que su novia le había confesado lo nuestro por teléfono justo antes de morir. Como M no entendía de razones, me vi forzado a matarlo con el revólver de mi padre y enterrar su cadáver en el patio trasero.

De esto ya han pasado siete meses y hasta ahora nadie sabe nada del destino de M. Yo por mi parte no puedo estar mejor, he cumplido todos mis caprichos y he alcanzado todas las metas que me había propuesto alcanzar tiempo atrás. En adición a esto, mañana me casaré con una mujer adinerada con la que tendré el futuro asegurado. Si sólo pudiera callar a esos malditos perros que han estado aullando de forma extraña desde hace unos minutos todo estaría perfecto. Es curioso, no sé porqué, pero de pronto he recordado que una vez M me contó que cuando los perros aullaban de la manera en la que lo están haciendo ahora, es porque ellos ven a los difuntos que continuan con su penuria por este mundo, al menos hasta que sean capaces de completar lo que dejaron pendiente en vida. Claro que yo nunca he creído en eso, pues son puras supersticiones sin fundamento...

¿Qué diablos?...

Acabo de escuchar cuatro golpes pausados en la puerta del patio trasero, justo como M solía tocar cuando venía a mi casa, pero... es imposible... M está enterrado en ese lugar ¡la puerta!... ¡¡Se está abriendo y alguien sale de ella!! Es, es... ¡¡¡no!!!