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Era un día normal para Alicia, despertó en la mañana con la sensación de que tendría mucho trabajo para terminar antes del fin de su jornada, tomó una ducha, desayunó apenas media taza de café, tomó su cartera y salió de su casa, sacó sus llaves y se fue en su camioneta relativamente nueva, pensando en mil cosas a la vez.

Al medio de todo el embotellamiento de las calles céntricas de la ciudad, comenzó a asustarse ya que llegaría tarde a la oficina, ya recuerda la última vez que llegó 5 minutos tarde, tuvo que vérselas con su jefe:

-Señor, había demasiado atasco, traté por muchos medios de avanzar lo más rápido...


-No me interesa si hay atasco o está vacía la calle, todos esos documentos sobre tu escritorio no se archivan solos, que no se repita.


-Lo siento Señor.

Estaba sumida en un fuerte estrés, no podía llevar su trabajo y al mismo tiempo la enfermedad de su hermana, la epilepsia es un mal que demanda mucha dedicación y gasto de dinero, su padre había muerto hace 7 años en un accidente automovilístico y su madre vivía en otro país, exiliada por traición a su patria. Las pastillas anti estrés y bebidas energéticas se habían convertido en su mejor amigo.

Estaba tan concentrada en sus sentimientos, que no se percató el momento en que el semáforo cambió a verde, y los fuertes pitazos de parte de los apurados conductores la despertaron junto con sus reflejos de pisar el acelerador y seguir con su camino.

Ya en el estacionamiento del edificio, miró su reloj y respiró aliviada al ver que está a 2 minutos de la hora de ingreso, tomó su cartera y se bajó de su camioneta, con un aire de "la suerte esta conmigo".

Cuando estaba a unos pasos del elevador, sintió la extraña sensación de que alguien la observaba, se dio vuelta y al no ver nada, ignoró la leve inquietud que le había producido tal sensación y volvió la vista al frente, para quedarse helada frente a un espectro, o una silueta de lo que debería ser un hombre adulto; una extraña forma que se asemejaba a como queda un cuerpo después de haber sido aplastado por una pared... o por ¡¡¡un camión!!!, por Dios, esa silueta era el cuerpo de su padre, o lo que quedaba de él, podía distinguir por sobre la piel los huesos rotos, trozos de piel colgando, un espacio rojo en el lugar donde debería estar uno de sus ojos pardos, y un objeto extraño en una de sus manos donde quedaban tres de los cinco dedos.

Alicia no pudo reaccionar ante aquella horrorosa imagen, que tan sólo duró tres o cinco segundos, para luego desapareces como una nube de polvo y sangre que dejaba una imborrable marca en la vida de quien fuera su hija cuando el estaba vivo.

Ella vio a su padre irse, pero no pudo mover ningún músculo; su mente le decía que corra hacia sus pocas amigas, pero su cuerpo no reaccionaba, sintió una leve brisa pasar por sus pies, lo que la llevó a mirar al suelo para darse cuenta que el objeto que estaba en la desarmada mano del espectro estaba en el lugar que dejó; esto hizo reaccionar a Alicia e ir a recogerlo, para darse cuenta que era un viejo anillo de oro de compromiso que pudo reconocer en el acto: era el anillo con que su padre pidió matrimonio a su madre.

Esta imagen provocó en ella una serie de sentimientos encontrados, que se expresaron en un grito ahogado seguido por un llanto desconsolado, que llamó la atención de las personas cercanas a la entrada del estacionamiento, y que se aproximaron a prestar ayuda, sin saber que no había nada que pudieran hacer contra un espectro que trata de comunicarse con su hija que todavía se encuentra en el mundo de los de carne y hueso.

Alicia decidió poner un alto en toda su vida, debía averiguar la causa de lo sucedido, la razón por la que su padre, después de 7 años difunto, decide comunicarse con su hija, y entregarle uno de sus más preciados objetos que tuviera en vida, algo tenía que decir, algo que Alicia descubriría de todas las formas que fueran posibles...