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Nada más entrar por la puerta del rellano (era una planta baja), noté que evitaba mirar hacía las escaleras. Yo, como todavía no la conocía demasiado, no le pregunté que le pasaba...

Una vez traspasamos el rellano y llegamos a la puerta de mi casa, me di cuenta que hacía gestos extraños con la cabeza. Como si alguien le estuviera hablando y ella no quisiera saber nada. Abrí la puerta, entramos en mi casa, y me pidió que por favor le diera un vaso de agua. Yo, como ya notaba que algo no iba bien (aunque desconocía los motivos reales de su comportamiento), fui a la cocina y le llevé el vaso. La chica se sentó en el sofá del comedor y se tomó el vaso de agua.

Tenía la cara bastante pálida y el cuerpo le temblaba levemente. Una vez se lo tomó, y tras esperar unos incómodos segundos de silencio, le pregunté si se encontraba bien. Entonces fue cuando ella me advirtió. Me dijo que tenía un don. Un don (aunque era evidente que más bien era una putada) que le permitía ver ciertas cosas. Yo estaba flipando la verdad. No entendía nada. Le dije que fuera un poco más explícita porque no acababa de entenderla. Entonces fue cuando me comentó lo siguiente...

-¿Te suena un tal Ramón?- Me preguntó...

Yo me quede un poco extrañado y sin pensar demasiado le dije que no, que no me sonaba...

Ella continuó preguntándome...

-El si te conoce a ti. ¿Dónde vive tu hermano?-

Imaginaos la situación. Yo le había hablado muy poco sobre mi familia. Más bien lo justo y lo típico. Ella sabía que yo tenía un hermano, pero desconocía ni como se llamaba ni donde vivía ni nada de nada. Entonces, y tras estar pensando unos segundos sobre lo que esa chica me estaba diciendo, le pregunté...

-¿Quién me conoce y porqué quieres saber dónde vive mi hermano?-

Ella me contestó...

-Yo no quiero saber dónde vive tu hermano. Es él el que lo quiere saber...-

Yo empecé a perder los nervios...

-¿Pero de qué coño me estás hablando tía?-

Tu hermano se llama José, ¿verdad?

No sé cómo podía saberlo pero, efectivamente, mi hermano se llama así... En ese mismo instante, me puse algo más nervioso... Me senté a su lado y le contesté...

-Sí, si se llama José. ¿Cómo lo sabes?-

A lo que ella contestó...

-Me lo ha dicho Ramón. El chico que hay en las escaleras...-

Ahí yo sí que empecé a ponerme de los nervios...

-¿Pero quién coño es Ramón? ¿De qué me hablas? Me estás empezando a asustar...- Le pregunté.

-Dice que está esperando a tu hermano. Que hace tiempo vivía aquí. Y que tu hermano le debe dinero.-

Imaginad mi cara cuando escuché todo eso...

-¿Me puedes explicar qué coño está pasando? ¿Quién es ese tal Ramón? ¿Por qué busca a mi hermano? Como sigas así te vas a tener que ir...

-No me gusta nada toda esta movida que te estás montando...-

Como es lógico, todo aquello me sonaba tan raro y retorcido, que no quería saber nada más...

-Está bien, te lo diré...- me comentó mientras dejaba el vaso de agua encima de la mesa...

Como te he dicho antes, tengo un don. Un don para ver cosas que la gente normal no puede ver.

Antes de que continuara, la interrumpí...

-Por favor, si esto es una broma, no me hace ni puta gracia...

-¿Y sabéis porqué le dije aquello? Porque, mientras ella me estaba contando esa serie de cosas, yo empecé a recordar...-

-No, no es una broma... Es cierto. Puedo ver gente que no ha alcanzado la luz. Bueno... para que me entiendas. Tengo el don de ver a gente que está muerta...-

Después de escuchar aquellas palabras, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo...

El tal Ramón era un amigo de mi hermano. Que se ahorcó cuando yo tenía 9 o 10 años. Era de la misma edad de mi hermano. Vivía en el cuarto 1ª. Al parecer, él y mi hermano estuvieron metidos en ciertas historias que yo, al ser un crió, desconocía totalmente.

Entonces, y como el miedo que me invadió era muchísimo más poderoso que la curiosidad que sentía por saber qué es lo que estaba pasando, decidí marcharme de allí enseguida. Me levanté, la cogí de la mano, agarré las llaves de encima de la mesa, y salí de mi casa sin mirar hacía las escaleras. Con muchísima rapidez. Ella, tal y como me estaba comportando, creo que captó que no quería saber nada mas de aquella macabra (pero cierta) historia...

Fuimos a la estación de tren de mi pueblo, un lugar bastante transitado... El sitio idóneo para continuar con una conversación de esa índole...

Resumiré lo que queda de la historia al máximo...

Una vez en la estación, me dio algún que otro detalle más. La descripción del tal Ramón y poco más. También me comentó que, mientras salíamos del rellano a toda prisa, le estuvo diciendo cosas. Pero que no lo entendió muy bien. Yo no le insistí mucho sobre el tema. Ya que, una vez ella se largara a su casa (vivía bastante lejos de mi) el que debía volver (a mi casa) era yo.

Imaginad la situación. Porque, aunque no fuera cierto lo que me comentaba, el miedo no había ni dios que me lo quitara de encima. Resumiendo, estuvimos en la estación hasta que se hizo de noche y, una vez dejamos el tema en cuestión y pasamos a otros menesteres (la chica estaba de muy buen ver), cogió el tren y se marchó.

Estuve sin verla un par de semanas. Me daba mal rollo volver a quedar con ella. Algo bastante lógico después de todo lo que pasó. Durante todo ese tiempo, el entrar y salir de mi casa se tornó en algo sobrecogedor. Evitaba mirar la escalera a toda costa. La sensación de sentirme observado era constante. Os aseguro que no se lo recomiendo a nadie. Eso sí, no tuve ningún episodio extraño en aquellas dos semanas...

Volví a quedar con ella. Esta vez fui yo quien se trasladó. Nos fuimos a un hotel. Y esta vez, sí que llegué a pasar bastante miedo...

Cogimos la llave y subimos a la habitación. Entramos, dejamos las cosas por allí y ella se va directamente al baño. Yo me quedo sentado en la cama intentando conectar el televisor. Imaginaos la típica habitación. Todo concentrado. Cama, cuarto de baño, etc... Una vez sale del lavabo, sonriendo y tal (cuando no le pasaban estas cosas era una chica muy dicharachera), la veo que mira hacía donde se encontraba una butaca (estaba en una esquina de la habitación) y se queda totalmente pálida.

Le cambió la expresión de golpe. Yo, que ya estaba advertido (por lo de las escaleras y tal) me quedo completamente quieto y sin saber que decir. De repente, comienza a recular hacia atrás y a decir:

“Por favor, por favor, déjeme, yo no, yo no”.

El orden no sé si es el correcto pero más o menos fue así. Yo, mientras tanto, presenciando la escena petrificado. En esos momentos pensé; o es una actriz de puta madre o realmente le ocurre algo aterrador. Una deducción muy simple. Como veía que así no me iba a enterar de nada, me levanté y me acerqué para ver que le coño le pasaba.

Mientras tanto, ella, seguía reculando hacía atrás. Una vez que se apoyó en la pared que tenía detrás, se tapó la cara y empezó a llorar desesperadamente. Solo hacía que sollozar y decir:

“Por favor no, no, déjeme”.

Yo miraba hacía la butaca. Como es lógico, no veía nada pero... notaba algo extraño. Como si hubiese algo. No sé... Un ligero escalofrío. Dejé de mirar y me acerqué a ella. Antes de continuar, todo esto lo relato así, en plan novela, porque es más fácil de explicar y porque me acuerdo perfectamente de todo. Sigamos...

Ella continuaba llorando y diciendo por favor , no, etc... Una vez me acerqué y la toqué, me di cuenta de que estaba temblando de una manera increíble. Aparte de los temblores, sus manos estaban frías. Eran últimos de Mayo, por lo tanto, no era muy normal. Intenté tranquilizarla. Incluso pensé que de un momento a otro se iba a desmayar. O que alguien del hotel iba a picar a la puerta alarmado por sus llantos. Resumiendo...

Actué de la misma forma que cuando el incidente de la escalera. Cogí la llave de la habitación, la agarré fuertemente del brazo y la saqué de allí. Cerré la puerta, miré que no hubiese nadie del hotel por el pasillo, la cogí, esta vez de la mano y con más suavidad, salimos del hotel y nos dirigimos a un parque que había por allí cerca. Imaginaos. Pasearse por un hotel con una tía con la cara pálida y llena de lágrimas. Menos mal que solamente nos vio el de la entrada. Que, por cierto, se me quedó mirando muy raramente.

Quizá se pensó algo raro... lógico. Una vez nos sentamos en el parque y mientras yo trataba de tranquilizarla a la vez que miraba por todas partes muerto de vergüenza, se tranquilizó un poco. Estuvo unos cinco o diez minutos totalmente ida. Secándose las lágrimas. Con la mirada perdida. Ahí empecé a sospechar que quizá no está psicológicamente bien. Resumiendo...

Una vez se tranquilizó del todo, me contó que había visto a un hombre mayor. Delgado y con el pelo blanco. Con un traje de color marrón. Con una expresión bastante agria en el rostro y un trozo de algo metálico que le salía de la cabeza. Como si lo tuviese atravesado. Según me comentó, aquel hombre le pedía que lo ayudara.

Que no encontraba la salida de no sé qué. Que porqué podía verlo. Que si había sido ella quien le había hecho eso. Cada vez con más insistencia y agresividad. Incluso me dijo que la intentó agredir. ¿Sabéis cómo? Mediante un mordisco! Hacía gestos como de intentar morderla en la cara! Cuando me dijo eso, yo estaba alucinando. No sabéis el mal rollo que me dio. El solo hecho de imaginarme una situación así, me desbordaba completamente. Estaba realmente acojonado. Resumiendo...

Después de estar un buen rato en el parque y en una terraza que había por allí cerca, decidimos volver al hotel. Y pensareis; ¿otra vez a la misma habitación? Y yo os contestaré; no... Mientras ella esperaba en la terraza, yo hablé con el del hotel. Le comenté que un familiar suyo (de ella) había tenido un accidente y que no podíamos quedarnos. Así maté dos pájaros de un tiro. Salir de allí, y justificar los llantos de ella.

Gracias a mi mentira, y por lo grave que parecía el asunto que le había contado, nos devolvió el dinero. Imaginaos como tendría yo la cara para que en un hotel te devuelvan la pasta. Y... eso ha sido todo. Buscamos otro hotel y decidimos no hablar más del tema...