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Un joven entró a un restaurante de tacos en medio del bosque, mientras se preguntaba qué hacía un restaurante de tacos en medio del bosque. No obstante, como tenía hambre, no dudó y, sin más preámbulo, se dirigió al mostrador.

—Disculpe, me gustaría...

—¡Solamente tenemos tacos!

—Está bien, pediré un taco.

—¿¡Qué dijiste?!

—¡Dije que quiero un taco!

—Ten, son 5 dólares.

—Gracias.

El chico mordió el taco. Fue un grave error; pues, automáticamente, le empezó a doler el estómago, y, por alguna razón, el baño estaba bastante lejos, aunque trató de correr, no llegó.

—Diarrea, uff, qué asco.

Entró al baño, demasiado limpio por dentro para un sitio tan sucio por fuera. A pesar de que vio a un hombre vestido de negro con una bolsa en mano, no le dio mucha importancia.

El joven había entrado a uno de los cubículos del baño. No había papel pero sí un extraño pensamiento en su mente. Se sentía urgido a lamer sus propios desechos orgánicos. Al principio, le disgustaba, le parecía un asco. Sin embargo, saboreó delicadamente hasta encontrarle el gusto. Quería su mierda. Su espontánea y extraña adicción lo llevó a una súbita y sin mayor explicación muerte, y su cadáver quedó ahí, inerte.

Una joven entró al baño de hombres, y abrió un cubículo, el del cadáver, tras haberlo elegido azarosamente.

—Oh..., pobrecillo, deja que te limpie los labios. —Se acercó y besó la boca del cadáver con macabro placer.

En ese instante, entró el mismo hombre vestido de negro.

—¿Qué hace usted aquí, señorita? ¿Acaso gusta de la muerte? ¿Por qué no lo dijo antes?

Dicho esto, sacó un cuchillo y se lo clavó en el estómago a la joven. Ella gritó, pero el hombre le tapó la boca.

—Me aseguraré de que no grites de nuevo.

El hombre le cortó la garganta a la joven, matándola. Luego, empezó a cortar las extremidades de ambos cadáveres y meterlas en una bolsa. Acto seguido, se dirigió a una trituradora, a la cual arrojó los miembros, moliendo la carne que se insertaría en tortillas; los tacos estaban hechos.

—Me gustarían dos tacos —dijo amablemente un cliente minutos más tarde.

—Seguro, tenga, son cinco dólares cada uno.

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