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Estaba sentado enfrente de mi escritorio, mirando el hermoso paisaje nocturno por la ventana, con ese gran cielo lleno de numerosas estrellas. Hoy había tenido un día duro, así que lo único que quería era relajarme, y después de mirar las estrellas por un momento decidí irme a dormir. Extrañamente tenía un presentimiento que no me lo permitía, decidí revisar el ordenador y al entrar a mi e-mail encontré un mensaje de mi hermano, no era más que un enlace a una página web, decidí entrar para poder distraerme un rato, curiosamente no se veía nada, sólo fondo negro. Pensando que era un fallo recargué la página, sin embargo seguía así, la cerré y visité otros sitios, cuando vi que eran las 12:00 am nuevamente intenté dormir, olvidándome absolutamente del mensaje.

A la mañana siguiente, que era domingo, me quedé encerrado en mi casa viendo la televisión. Al anochecer quise volver a revisar mi ordenador, pero...

Todo estaba de color rojo, un rojo tan profundo como la sangre que corría por mis venas, en ese instante pude ver una figura negra, una criatura similar a un lobo salió de la pantalla, una criatura tan aterradora como bella, tenía unos ojos que hipnotizaban a quien los viera. Me quedé inmóvil mientras esa criatura se me acercaba lentamente, me tenía acorralado, entonces enterró sus garras en mi pecho y dijo con voz ronca.

—No te preocupes, irás al mismo lugar que tu hermano.

—¿Mi hermano?

No me respondió, sólo siguió enterrando sus garras en mi pecho y de un momento a otro enterró sus afilados dientes en mi torso provocando que gritara de dolor y, mientras estaba aún consiente, sentí como esa criatura comía y rasgaba mi carne. La razón de por qué aquel demonio estaba ahí era por el correo que había recibido la noche anterior, aquella cadena de correos aleatoriamente enviados desde la computadora de su última víctima, era la forma en que encontraba a su siguiente víctima.