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Estaba en primer año de Arquitectura, se acercaba el fin del segundo semestre académico cuando uno de los profesores nos designó como examen un trabajo en pareja dándonos la opción de elegir a la persona con quien trabajar, pero como yo era bastante tímido no tenía muchos amigos y sólo tuve que esperar a que todos encontraran con quien unirse, para ver quién más quedaba solo. Así fue, esperé y me encontré con que la única persona que quedaba era Rita, alumna de segundo año que había reprobado la materia.

Rita era bastante extraña, de contextura delgada, cabello negro, al igual que sus uñas nerviosas, con una mecha de cabello blanco que salía desde su frente, muy “Dark” como la llamaban los demás y de mirada esquiva. Algo en ella no me daba confianza, pero tenía que responder con el encargo, y si no había afinidad qué importaba, tampoco andaba perseguido por la vida imaginando que cualquier persona sería capaz de hacerme daño. Me dio su correo y quedamos en hablarnos por la noche para juntarnos el fin de semana, y así pasó, pero el trabajo no era fácil y ella se excusó con que no podía salir de su casa en todo el fin de semana porque tenía que cuidar a su hermana, así que le propuse ir yo para su casa y ella aceptó. Si hubiese sabido lo que iba a pasar no habría propuesto semejante locura.

Era un sábado por la tarde, las 19 horas para ser exacto, comenzaba a oscurecer y yo estaba en la puerta de su hogar. De madera, algo antigua pero muy bonita, no era una casa ostentosa pero tenía sus comodidades. Me abrió la puerta y me sorprendió. Vestía una blusa negra muy escotada que enseñaba sus bellos pechos bien contorneados, hasta decaer en su sensual obligo lujurioso. Nunca la había visto así, hasta sus labios se veían más gruesos y sensuales, y su mirada reflejaba belleza. Realmente se veía distinta y mis ojos no dejaban de mirar su figura, pero rápidamente desvié mi vista antes de que ella lo notara.

Me hizo pasar sin hablar mucho, yo entré cargando mis materiales para construir la maqueta y subimos la escalera que llegaba directo a su habitación. Era una habitación muy especial, amplia de paredes negras cubierta por póster de grupos de música gótica, con una gran ventana que iluminaba el lugar y nos enseñaba las luces de la ciudad.

-¿Es la segunda vez que haces la materia, no?- Le pregunté, rompiendo el hielo.

-Así parece.

-¿Te costó mucho la primera vez?

-Sí pero no fue sólo eso, tuve algunos problemas personales la verdad.

-¡Ah!- exclamé sin querer entrometerme. Ella lo notó y continuó hablando.

-Mis padres se separaron y mi hermana se suicidó.- hizo una pausa.- Se colgó de ahí.- señaló la ventana, el único lugar pacífico que vi en la habitación.

Me puse muy nervioso, no sabía qué decir, ella se rió con diversión, al parecer mi incomodidad le agradaba y eso me ponía más inquieto. Era como si de su cuerpo brotaran hormonas de maldad que sacaban de mí sentimientos encontrados entre deseo y excitación, me sentía hasta capaz de olvidar mi timidez para lanzarme hacia ella y recorrer todo su cuerpo. Pero me controlé continuando la conversación.

-Debe ser muy duro lo que te pasó… ¿Ya estás bien de eso?

-Creo que sí.

-¿Era mayor que tú?

-¿Laura? No, menor que yo. Cinco minutos menor. Éramos gemelas.

-¡Lo lamento!- pude notar la expresión de su rostro. Me sentí mal por la pregunta pero continué, erróneamente.- ¿Cuántos hermanos son?

Somos dos, ella y yo.

-¡Ah! Pero me dijiste...

Preferí callar, recuerdo bien cuando se excusó de juntarnos con el pretexto de cuidar a su hermana y ahora me decía que la única hermana que tenía estaba muerta. O era muy caradura para mentir, o muy extraña y quizá algo loca. Eso fue lo que pensé, estábamos solos en la casa, su habitación muy oscura y el único lugar que me daba tranquilidad era donde su hermana se había quitado la vida. Me limité a trabajar más rápido para irme luego de ahí. De pronto ella se levantó y desapareció.


Pasaron alrededor de diez minutos, ella no aparecía en la habitación, yo estaba solo y asustado hasta que empecé a oírla hablar desde el exterior. Hablaba con alguien, no fui capaz de reconocer la otra voz pero se oían carcajadas. Me asusté y me levanté, mi cuerpo temblaba y sentía mucho calor en mi rostro. Me acerqué a la puerta para espiar y ver con quién conversaba, de seguro así se quitaba mi miedo, pero al abrir la puerta para inspeccionar me encontré con ella parada frente a mí, esperando una respuesta. Salté hacia a atrás y ella se rió, con diversión o perversión, no pude hacer la diferencia.

-¿Por qué te ríes?- Le pregunté asustado.

Recuerdo que me respondió algo así como “Me gustas mucho cuando tienes miedo” o “Me fascinas cuando estás asustado”.

Yo me sorprendí, se estaba declarando ante mí y eso nunca me había sucedido con otra chica. Volví a mirar sus pechos que parecían apuntar hacia mis ojos, ella se percató y se rió, me acarició la mano y acercó su boca a la mía. Mi respiración jadeaba y mis piernas descubrían una nueva sensación, cerré los ojos mientras mi lengua saboreaba sus fríos labios, pero de un momento a otro dejó de besarme, abrí los ojos y ella no estaba. La puerta se abrió y apareció ella nuevamente, vestida de negro pero con una blusa que le cubría hasta el cuello, tal cual como la había visto en la Universidad. Me miró sorprendida, algo impactada y me preguntó:

-¿Cómo entraste?

-¿Cómo entré?

-¡Sí! ¿Cómo entraste? Me demoré media hora en llegar porque mi psicóloga se atrasó con su consulta. ¿Cómo pudiste entrar si no hay nadie?

Me quedé helado al oírla hablar. Abrí los ojos para mirarla nuevamente y era obvio que no se trataba de ella, yo había estado con Laura, su hermana. No estaba muerta, se había hecho pasar por ella y me había dado el susto de mi vida. Me puse a reír comprendiendo todo.

-¡Tu hermana me hizo una broma! Se hizo pasar por ti, lo siento. Soy un estúpido.

-¡¿Mi hermana?! ¡Ella está muerta!.. ¿Tú también la viste?

Sentí como un balde de agua fría caía por mi cuerpo, o peor, como si cubos de hielo se deslizaran por mi cuello. No quise saber qué había pasado, si era una broma de ambas o era cierto. Recogí todas mis cosas y me fui, no quise seguir escuchándola y me fui de esa casa.

Para el examen cada uno llegó con su trabajo, ella no volvió a dirigirme la palabra y yo tampoco a ella. Supe que se retiró de la carrera al igual que yo, no creo que la vuelva a ver pero siempre quedaré con la duda de qué fue lo que pasó. Si besé realmente a un fantasma o fui víctima de una estúpida broma.