Wiki Creepypasta
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Todo empezó un día que salimos a comprar y al volver nos encontramos la casa totalmente desordenada. Llamamos a la policía y cuando ésta vino no pudimos presentar denuncia alguna porque no se habían llevado nada y todo se podía arreglar. Era como si hubieran entrado solo para tirar todo al suelo.

La angustia que sentimos desde entonces era difícil de soportar. Alguien había entrado sin forzar la cerradura y podría volver a hacerlo.

Cambiamos el bombín y aunque nos dejó algo más tranquilos, no duró mucho nuestra tranquilidad cuando otro día, después del trabajo llegué a casa y vi la puerta abierta. Me pregunté si habría llegado mi mujer antes que yo pero cuando entré vi que los vecinos de arriba estaban examinando mi casa... Pero no era mi casa. Todos esos muebles no los reconocí.

Eran los suyos y pensé... esta gente qué hace, ¿se han vuelto locos? ¿Dónde han puesto nuestros muebles?

>La sorpresa fue mayúscula cuando ellos me acusaron de ladrón. Asombrado fui al piso de arriba y vi que tenían todos mis muebles, colocados tal y como los dejamos, incluso hasta el último detalle.

La taza del desayuno y los cubiertos estaban encima de la mesa tal y como los dejé al salir a trabajar. 

De nada sirvió que intentara explicarles que yo no había sido y que estaban pasando cosas muy extrañas en la casa. Tuve que insistir mucho para explicarles que yo no tenía ningún interés en cambiar las cosas de sitio y si lo hubiera hecho no tendría sentido que dejara la puerta abierta para que ellos lo vieran al llegar.

Finalmente los convencí, justo cuando llegó mi mujer y por su cara de pánico - cuando se enteró de lo que había pasado -, tuve que explicarle todo en privado... Aunque no sé muy bien si mi explicación la tranquilizó o la aterró aún más.

Cuando cambiamos los muebles pensamos que se habría terminado, que quien quiera que nos hubiera gastado esa broma ya tendría suficiente.

Pero no nos sentíamos tranquilos porque sabíamos que en cualquier momento podía entrar quien sabe qué persona para hacer de las suyas y temíamos que la próxima vez lo hiciera con nosotros dentro.

No sé si puedo expresar la angustia que vivimos esos días. Mi mujer me suplicó que nos mudáramos pero le dije que esperásemos, que seguramente no era más que una broma.

Ella acusó a nuestro casero, dijo que le pareció muy raro y que no se fiaba de él. Que era el único que podía entrar en casa, incluso sin llaves, porque con las escrituras a su nombre podía pagar a cualquier cerrajero para entrar.

Le dije que era ridículo y traté de calmarla.

Entonces, por la noche, estaba poniéndome la ropa de dormir y vi que algo, cerca del suelo se movía. Junto al mueble, algo estaba saliendo de su madera, como un gusano.

Me acerqué a verlo mejor y me quedé pálido de espanto al ver que uno de los tornillos que sostenían la estructura del mueble estaba siendo desatornillado por alguna fuerza invisible.

Grité y mi mujer gritó justo en ese mismo momento. Aturdido porque acababa de ver la evidencia de que había un fantasma cabrón en casa, corrí a ver a mi esposa, en la ducha, pues ella gritaba como si la hubieran intentado matar.

- ¡Me ha mordido! - gritaba -. ¡Me ha mordido!

- ¿Qué te ha mordido? - pregunté.

- Agh... qué asco... una cosa muerta.

- ¿Cómo que una cosa muerta?

- Quiero irme de aquí, no aguanto más, en esta casa hay un fantasma horrible.

Me intrigaba qué la había asustado tanto pero estaba en tal estado de histeria que no pude saber más. Ni siquiera quise contarle lo del tornillo que se movía solo. Cogimos ropa para un día y salimos de casa inmediatamente.

Según recogíamos, los muebles, los cubiertos, la vajilla, las copas, todo empezó a temblar y eso nos puso histéricos.

Cuando al fin salimos de esa casa infernal, el ruido cesó por completo.

Fuimos a casa de mis padres y no les contamos la verdad. Dijimos que había una plaga de bichos. Mis padres me dijeron que era extraño ya que llevábamos viviendo allí un año y no habíamos visto nada antes.

Llamamos al teléfono del casero para explicarle que nos marcharíamos de allí y que no volveríamos y cogió el teléfono una mujer mayor.

Preguntamos por él y dijo que lo sentía mucho, pero que había muerto hacía once años.

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