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Acaban de llevarme a comer, además, cómo comería con una camisa de fuerza que no me dejaba moverme. Nunca mostré ninguna molestia por no poder moverme, es más, lo disfrutaba, tener amigos que me llevaran a comer, nunca había disfrutado tanto algo así. Dos semanas antes, estaba trabajando en mi oficina cuando vi a Manuel saliendo de su oficina burlándose de mi con su mirada, y yo no tenía el coraje suficiente como para detener a ese pelmazo.

Agotado, llegué a casa para sólo oír las quejas de mi esposa de que era un malagradecido, que no le dedicaba suficiente tiempo a ella ni a su hijo, eso me agotaba más de lo que estaba, además su hijo era un muchacho incompetente que ni siquiera me miraba y tampoco tenía ningún respeto por mí. Tanto era mi cansancio que me quedé dormido viendo la tele.

Ya eran las seis cuando me despertó mi esposa malhumorada como siempre, el muchacho se fue sin mirarme, me bañé, me preparé y me fui preparado para llegar a mi empleo, me tomé un café de la maquina de café que está al lado de mi escritorio. Estaba harto de seguir la misma rutina, estaba cansado de salir del trabajo para sólo ver cómo Manuel se escapaba de mi vista siempre después de burlarse de mí, de llegar a casa a ver a mi infeliz esposa y su estúpido hijo, de llegar a volver a hacer lo mismo, de que el ciclo se repitiera.

Me fui a mi trabajo, sin ningún sentido, pero de repente, resbalé y terminé en el suelo con una hemorragia en mi cabeza. Pensé que sería el final, que todo esa tortura terminaría, pero no, el doctor logró salvarme de mi destino, pensé que mi hijo y mi esposa vendrían a verme, mostrando algo de afecto por mí, pero no, ni ella ni él vinieron. Me dieron el alta dos días después, llegué a casa mientras encontré a mi esposa molesta interrogándome por qué no había regresado a la hora, le dije que se callara y me fui a dormir.

Una hora pasé dormido cuando mi hijo me dijo que necesitaba dinero, intenté irme rápido al trabajo sin mirar atrás, pero al llegar pude ver a Manuel al fondo intentando alcanzarme sólo para reírse o burlarse en mi cara, pero yo pensé, por qué no darle una sorpresita. Manuel me dijo que era un tonto inútil cuando tomé un lápiz y se lo enterré en el ojo, luego enterré lentamente mis dedos en su estómago y se lo arranqué con una gran alegría en mi cara, al final, sólo quedó una mirada de dolor y angustia en la cara de Manuel y me dije: - Se ve mejor así, por qué no darle una sorpresita a mi esposa también.

Me dirigí a casa y la encontré viendo el televisor impresionada de que hubiera salido temprano y de las manchas de sangre en mi camiseta, entonces tomé el martillo y le destroza la cabeza hasta no poder, cuando abrió la puerta mi hijo, dio un grito y salió corriendo, pero no tropezó y sin darse cuenta su vida se había acabado cuando los policías llegaron, me encontraron porque Manuel y yo éramos los únicos que estaban trabajando en esa hora en la oficina.

Es por eso que me han dejado encerrado aquí, lo disfruto mucho, es mejor que en casa y mucho más divertido, nunca me he sentido mejor, nunca me sentí tan feliz de matar...