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¡Hola a todos! ¡Soy...! La verdad es que no debería decir mi nombre verdadero. Anonimato de internet y cuestiones de seguridad. Pero sería un problema que tengan que dirigirse a mí como “ella” o “la chica rara sin nombre”. Así que a partir de ahora pueden llamarme Lisa. Y tengo el mejor novio del mundo.

No, no es broma. Él es el novio número uno. Si tomáramos las mejores partes de los mejores chicos que conociste en los mejores momentos de tu vida, y luego los cosiéramos con el hilo rojo del destino, saldría él.

Tiene el pelo suave y oscuro como las plumas de cuervo, haciendo contraste con sus ojos verdes de gato. Está bronceado porque trabaja de medio tiempo arreglando los tejados de las casas y el sol de nuestro suburbio pega muy fuerte, especialmente al mediodía. Y su cuerpo es... Dios... Dicen qué lo de adentro es lo que importa, pero solo basta que se quite la camiseta para dejarme babeando a mí y todas las chicas de la escuela...

Allí están ellas... ¿Qué hacen mirándolo...? Sí, largo de aquí, trozos de mierda... Él es mío.

Retomemos el tema.

Por fuera luce algo frío y los rumores cuentan que es un chico trastornado. Puras mentiras. Yo lo conozco, en realidad es un joven muy tierno y trabajador, pero como sus padrastros lo maltratan se volvió receloso a la hora de conocer otras personas.

Nunca olvidaré el día que lo conocí, fue amor a primera vista. Las clases terminaron, como yo también soy introvertida me marché sola hacia mi casa. En mitad del camino un grupo de abusadores se acercaron y trataron de quitarme el dinero y el celular, como traigo poco dinero y nunca necesité un celular, se enojaron y empezaron a zarandearme e insultarme.

Entonces él apareció como un caballero blanco (¿o debo decir negro?) y me defendió. Le dio igual que le superaron en número, él tenía más experiencia en pleitos que los abusadores y les propinó una paliza inolvidable a los tres. Una muy dolorosa. Quedó algo magullado pero hizo como si no fuera gran cosa. Me ofrecí ayudarle, pero se marchó sin decirme nada.

Desde ese instante quedé hechizada por él.

Al principio me comporté como una acosadora. Lo seguí a todas partes hasta el punto que la gente se burlaba de mí llamándome “segunda sombra” o “perra faldera”. Algunos fueron amables pero me advirtieron que no me junte con él, que es una mala persona. Me dio igual, todos pueden irse al infierno. Mientras él no me rechace estaré feliz.

Quince días después, mientras paseábamos por el parque, andábamos cerca del lago cuando él se giró de repente y sus ojos quedaron fijos sobre los míos. Traté de esconderme en un arbusto pero mis piernas parecían de plomo. Por primera vez tuvimos contacto visual prologando. Caminó hacia mí y yo me sonrojé. Perdí las palabras, me sentía como flotando en un sueño.

Me preguntó qué quería. “Te quiero a ti” pensé, pero no tuve el valor de ser tan directa. Le di las gracias por salvarme y le pregunté si podríamos ser amigos. Él permaneció en silencio, se veía tan linda la forma en que arqueaba la ceja como si tratara de resolver un problema muy difícil. Dijo que sería peligroso para mí, yo respondí que eso no me importa.

Te amo. Te amo con locura. ¿Por qué el cielo tardó tanto en juntarnos cuando es obvio que yo soy tuya y tú eres mío?

Dimos el paso de desconocidos a simples amigos. Almorzábamos juntos, paseábamos juntos, estudiábamos juntos. Descubrí que él era malo en lo académico, pero con mi ayuda y enseñanzas mejoró hasta ser un estudiante aceptable.

Le conté todo sobre mí, desde mi sabor de helado favorito hasta el insecto que más aborrezco. Me asustan las mariposas. Se rió apenas se lo conté, creyó que le estaba tomando el pelo pero le afirmé que es verdad, esas cosas de cerca son horribles. Carcajeó tanto que se agarró el estómago y yo hice un puchero. No estaba enojada de verdad, solo andaba jugando...

Esa tarde fue la primera vez que lo vi reír. Se volvió un recuerdo hermoso.

Con el tiempo abrió sus sentimientos hacia mí. Me explicó su constante miedo a ser lastimado y la razón de su desconfianza a los demás. Desde niño nunca tuvo a nadie a quien querer, jamás conoció a sus padres biológicos. Cuando fue adoptado creyó que las cosas cambiarían, pero por su distante y fría naturaleza jamás se hizo amar entre sus padrastros, ellos prefirieron a sus otros hijos de personalidad más “normal”.

Él se convirtió en un solitario. Su padrastro siempre le pedía razones por llegar a casa tan tarde y le acusaba de usar drogas u otras cosas malas. Claro que son puras mentiras, él llega tarde porque se la pasa conmigo, también fuma pero no usa drogas ni se junta con delincuentes. Pero las acusaciones lo sacaban de quicio y comenzaban las peleas en su casa.

Descubrí que luego de ocurrir una pelea, él siempre se dirigía al parque a fumar. Era capaz de terminar una caja de cigarrillos en una sola sentada. Un día le pregunté si yo debería intentarlo, él frunció el ceño, soltó y aplastó el cigarrillo, luego me pidió que nunca se lo volviera a preguntar. Por un tiempo no volvió a fumar.

¿Si me amas por qué te mantienes lejos?

Hoy decidí confesar mis sentimientos, finalmente ahorré el valor de decírselo. “Te quiero. Te quiero desde que me salvaste aquel día y no he dejado de hacerlo”. Él me miro estupefacto, en su expresión se mezclaron muchos sentimientos dispares; afecto, rabia, temor, confusión...

Sin previo aviso me abofeteó y caí al suelo. Dolió mucho. Subí la mano hasta mi mejilla, estaba cálida por el golpe. Lo miré sin entender. “Yo no te amo. Piérdete y olvídate de mí” dijo tajante. Sentí que el corazón se me partiría en dos. Es un sufrimiento difícil de explicar a aquellos que nunca estuvieron enamorados. Es... horrible.

Lo vi marchar pero no hice nada. Las palabras atragantaron mi garganta pero ningún sonido salió.

El siguiente mes fue un tormento. Me la pasé llorando en mi habitación y me despertaba sin energía, como si un vampiro me hubiera succionado la vida durante la noche. Mis padres empezaron a preocuparse, mamá me llevó al médico y papá quería conocer al chico que me hizo tanto daño para regañarle. ¿Cómo supo que se trataba de un chico? No lo sé, nunca se lo dije, supongo que los padres saben de esas cosas.

Como detesto los médicos decidí sonreír y hacer como si todo estuviera bien, que solo fue un período de depresión pasajero. Mis padres se tranquilizaron muchísimo al verme de buen humor.

Traté de olvidarme de él... Incluso intenté hacer nuevas amigas. Pero fue imposible sacármelo de la cabeza... En cada oportunidad imaginaba sus ojos felinos que tantas dudas escondieron... La suavidad de su pelo oscuro entre mis dedos... Su reconfortante voz...

Lo amo. Va mas allá de lo físico, hay algo instintivo, casi salvaje que me atrae directo a él. Luchar contra esas emociones es tan difícil como luchar contra mi naturaleza.

Regrese al punto de partida, en pocas palabras volví a acosarlo. Ya conoce mi modus operandi, tuve que ser más inteligente esta vez, así que me disfrace con una chaqueta con capucha y un tapabocas... También tuve ganas de tomar las gafas de sol de mamá, pero creí que me vería demasiado sospechosa y deseche la idea. No quiero parecer una secuestradora de niños.

Durante mis rutinas de acecho descubrí que volvió a recaer en los cigarrillos... Lo sabía, está deprimido. No soy la única que se siente mal por nuestra separación.

Él obtuvo un nuevo hábito, uno bastante desagradable. Luego de la escuela toma un autobús hasta la ciudad y se dirige a los barrios bajos. Permanece allí durante horas observando a las prostitutas, no las contrata, solo las mira desde las sombra. Sus dedos se mueven inquietos.

¿Es eso lo que te gusta? ¿Las mujeres vulgares? ¿Por qué no me lo dijiste? Podría aceptarlas en tu vida... Si tu amor es solo para mí da igual que hagas con tu cuerpo. Incluso si perdieras las piernas y la piel te continuaría queriendo.

Tuve un plan para atraerlo. Le compre a una de las zorras en la escuela su “uniforme de trabajo”, un conjunto de mal gusto con falda que deja al descubierto mis mulos, medias de red negra, y un estuche de maquillaje.

Me adelante a mi amado y tome lugar en uno de los callejones. Unos hombres hediendo a alcohol se me acercaron para alquilarme, pero los espante. Incluso si tratan de ponerme una mano encima no lograran mucho. Parezco frágil pero no lo soy... La única razón por la que no me defiendo en la escuela es para mantener las apariencias.

Él llego una hora más tarde de lo usual, trajo una mochila que nunca vi antes. Debió comprarla hoy. Cuando paso por mi lado lo llame con la voz más seductora que pude. No tengo experiencia seduciendo, no sé si soné estúpida.

Pero logre mi objetivo de atraerlo. Gracias a la sombra del callejón y el maquillaje no me reconoció a simple vista. Me tomó de los brazos y me llevo hasta lo más profundo, donde me acorraló contra la pared. Mi cabeza se golpeo contra el ladrillo y sentí una línea cálida bajando por mi nuca, pero permanecí callada y obediente. Si es él, está bien.

Note de reojo el reflejo de una navaja acercándose, pero da igual, solo tuve atención para sus ojos. Tan nublados, tan fríos... Algo de lucidez volvió a su mirada. Me reconoció. Dijo mi nombre como un susurro. Yo sonreí.

Trató de alejarse pero me aferre a sus manos y enrollé sus piernas con las mías. Susurré palabras dulces en su oreja. No hace falta que corras, yo te comprendo. “Estas en peligro, Lisa. Vete, vete ahora” dijo casi llorando, sus manos temblaban.

Una prostituta miro hacia el callejón y nos grito, quizá noto la navaja. Me sobresalte y él aprovecho para huir antes que llegara la policía. Me interrogaron y yo asegure no saber nada. Por suerte mis lágrimas de cocodrilo sirvieron para que no llamaran a papá o mamá.

Desde ese incidente no volví a verlo por una semana. Me asuste, creí que pudo pasarle cualquier cosa en la ciudad, ese lugar nunca es seguro. Fui a su casa y pregunte a los padrastros pero ellos admitieron no saber nada. Hable con sus hermanos y ellos dijeron que tal vez escapo a una nueva vida.

No, nunca se ira. No sin mí. Lo sé y él lo sabe.

Estuve en lo correcto. La llamada llego un viernes, justo apenas regrese del colegio. Mamá estaba al teléfono y me miro antes de decir “Es tu novio”. Mi corazón casi se me sale del pecho. Papá soltó una queja desde el sofá pero yo lo ignore y recibí la llamada.

 “¿Lisa?” Oí su voz y me estremecí. Sí, soy yo. “Quiero verte esta noche en el parque... Justo frente al lago” ¡Por supuesto que estaré allí! Oh, lo grite sin querer... Mis padres me observaron confusos. Colgué y les explique los detalles de mi cita.

Papá se negó de inmediato, pero mamá me defendió. Discutieron: Que soy una niña, que necesito vivir más, que es muy tarde, que ellos también salían tarde, que todavía no estoy lista, que ya era hora de saborear mi primer amor. Al final mamá le susurro algo papá en el oído, luego de un minuto de silencio él asintió y acepto dejarme ir.

Les di un abrazo a ambos y corrí a ducharme para vestirme. Decidí ponerme algo discreto y sencillo, igual que yo. Antes de salir por la puerta mamá levanto el pulgar en señal de ánimo.

Los senderos del parque están iluminados por farolas, así que todavía hay gente deambulando, principalmente parejas. Me quede esperando frente al lago, los gansos se me acercaron y lamente no traer algo de pan para darles.

No paso ni cinco minutos hasta que una mano toco mi hombre. Gire y lo vi, es él. Lo abrace y sin dudarlo dos veces uní mis labios con los suyos. Mi primer beso. Fue... Electrizante... Nuestras lenguas bailando y la saliva mezclándose basto para que mis piernas perdieran fuerza. Solo nos separamos cuando el aire nos falto.

“No puedo soportarlo... No soy tan fuerte” Dijo con ojos desesperados. Asentí y lo abrace, acurrucándolo contra mi pecho. Permanecimos así unos minutos hasta que decidimos marchar.

Subimos a una camioneta vieja que nunca vi antes, él la encendió con la llave y sin esperar la puso en marcha. Revise la guantera de casualidad, vi la foto de una familia desconocida. Se me hizo un nudo en el estomago y lo mire. “¿Mataste a esta gente?” Pregunte. El negó sin girarse, solo les robo el coche. Suspire de alivio y mis manos se relajaron, si lo hubiera hecho me sentiría traicionada...

Condujo por una carretera apartada, allí encontrarse con otro coche es causa de celebración. Observe por la ventana a los suburbios haciéndose cada vez más chico, será un largo viaje de regreso. En el asiento trasero él dejo responsado la mochila, luce llena y pesada.

 Un motel pequeño con luces de neón apareció a un lado de la carretera, casi oculto por la maleza. Estacionamos el coche y entramos al lugar. En el mostrador nos atendió el dependiente. Alzo una ceja al ver la identificación claramente falsa de mi amado (Corrección, mi novio), pero unos billetes bastaron para que hiciera la vista gorda.

Los pasillos están en completo silencio. Creí que sería un festival de gemidos, pero las paredes de madera son bastante gruesas. Es un chico listo, lo planeo con bastante antelación.

Cerró la puerta detrás y pidió que me acostara en la cama. Es matrimonial y no huele mal, parece un motel bastante aseado. Él dejo la mochila junto al televisor y la abrió, saco un rollo de cinta gris, alicates, tijeras de jardín, martillo, guantes de cuero por supuesto, un envase con agua, también una navaja y un encendedor.

Me ató las extremidades a los costados de la cama, le recordé hacer lo mismo con mi boca. Las paredes pueden ser confiables, pero es mejor ser cuidadosos. Gritare muy fuerte. Por favor no llores, todo está bien.

Se comporto como un caballero. Me lleno de besos y acaricio cada parte de mi cuerpo con extrema delicadeza. Me sonroje. Una mujer que se haga llamar enamorada y no se estremezca con el toque de su amado debería morir.

Los besos aumentaron su fiereza y se convirtieron en mordidas. Me retorcí bajo el tacto de sus guantes. Las partes de mi cuerpo donde mordió empezaron a arder. Vi como su boca se fue tiño con mi sangre, al punto de parecer usar lápiz labial.

Llevo la navaja hasta mi abdomen y negué con la cabeza para que no rasgara mi ropa, mis padres trabajan mucho para comprármela. Él me ignoro e igual lo hizo, lo mismo con mi pantalón. De paso haciéndome cortes en los brazos y piernas, lamió cada herida como si de dulce de frambuesa se tratara. No seas goloso. Luego las quemo con el encendedor. Se le ocurrió mantener la navaja un rato en el fuego antes de cortarme, ahorrándose tiempo y divirtiéndose por mis desesperadas reacciones.

Acerco el alicate hasta mis uñas y trague saliva. Me miro con esa dulce sonrisa suya antes de arrancármelas y dejar la piel en carne viva. Llore e intente zafarme pero él se mantuvo firme.

Le toco el turno al martillo. Él golpeo con todas sus fuerzas mis piernas, justo por debajo de la rodilla. Algo crujió y perdí la consciencia. Ni idea de por cuánto tiempo. Me despertó el golpe del agua fría. Él vació el envase entero sobre mi rostro, mojando la parte superior de mi torso. Un persistente y sórdido dolor provino de mis extremidades rotas. Cortó la cinta y destapo mi boca. Mis brazos cayeron sobre el colchón como peso muerto.

Él beso mis labios, un beso endulzado con mi propia sangre, un beso lleno de afecto. Se desnudó y entendí de inmediato lo que haríamos. Efectuamos el amor, no el sexo ni acciones vulgares, hablo de amor de verdad. Lo sentí sobre mí y dentro de mí, llenándome con cada estocada. Su aliento cálido sobre mi cuerpo mal herido. Que toxica y bella sensación

Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo.

¿Usara las tijeras de jardín...? Levanto mi brazo y lo rodeo entre ambas cuchillas. Lo cerró una vez y grité como nunca antes, grité hasta que mi garganta se canso. Mi consciencia parpadeo. El cortó otra vez, las tijeras traspasaron la carne y mis débiles músculos pero se atascaron en el hueso.

Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo.

Querer a otro de verdad significa dolor. Querer a otro de verdad significa sacrificio. Das todo y el otro da todo de sí. Existe de muchas formas. Es un sentimiento que va más allá de la vida o la muerte. Lo. Es. Todo.

Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo.

¿Tú me amas...?

Quede convertida en un tronco sin extremidades, limitándome a desangrarme sobre la cama con los ojos fijos en las luces del techo. Pobrecita la señora que se encargue de la limpieza, tiene un trabajo duro por delante.

Él encaro mi rostro una vez más. Trae la misma mirada de gozo y culpa que el día cuando golpeó a esos abusones.

Intentaste ocultarlo al mundo pero no pudiste hacerlo de mí, soy tu media naranja. Disfrutaste azotar sus rostros contra el pavimento y patearles las costillas. Querías más pero entendiste que si cruzas la línea no hay vuelta atrás.

Eres un asesino.

Yo soy tu víctima.

Ambos lo supimos a la primera vista. Luchaste contra tu naturaleza para mantenerme a salvo, pero yo más que nadie conozco lo imposible que es eso. Nuestros destinos están atados el uno al otro. Tarde o temprano terminaríamos así.

Me estrecho contra su cuerpo... ¿Un abrazo? Te vas a ensuciar. Deja de llorar... “Lo siento, Lisa...” Sollozo “Yo no... Yo no quería... Por favor, perdóname...”.

Si querías, no me engañas. Disfrútate lastimarme, cortarme, quemarme, torturarme, romper mi mente. Lo anhelaste todo. Hoy fue el día más feliz de tu vida. Estoy contenta por haberte dado tal regalo.

El amor es sacrificio mutuo. No existe sacrificio sin verdadero sufrimiento.

Ven acá, novio mío.

Lleve mis manas hasta su espalda y me aferre con fuerza. El se sacudió y miro a los lados como un niño perdido en un centro comercial, temblando bajo mi gélido toque. Los músculos en su espalda están bien torneados por el ejercicio, lo mismo con sus glúteos. Arranqué una tira de carne entre mis garras, esta salada por el sudor pero mentiría si digo que es desagradable.

Lo forcé a quedar bajo de mí y propine un beso. Trato de recuperar el aire y se lo permití, odiaría que muera por asfixia. Él intentó cerrar la boca pero le rompí un dedo para obligarlo a gritar, sonó muy lindo. Aproveche para morder su lengua y arrancarla de raíz, es suave y chiclosa, una delicia. La sangre salió a borbotones y alce su cuerpo sobre mí para compartir otro beso y beberla.

Todo de él me llena de un gozo insuperable. Sus labios, sus mejillas, sus orejas, sus gargantas. Cada gemido que sale de su rostro destrozado me enciende. No toqué los ojos, son demasiado bellos para dañarlos. Me fui a los brazos, el pecho, el abdomen, los muslos. Se derritieron como mantequilla en mi boca. Mamá dice que los órganos inferiores y las partes íntimas saben mal, no importa lo tentada que este, me advirtió no probarlos. Ella es una mujer muy sabia, le hice caso.

Para el último plato deje el corazón, tuve cuidado de sacarlo todavía bombeando para no arruinar el encanto. Devore cada trozo sin desperdiciar nada. Yo soy tuya, tú eres mío. Nuestra carne, sangre y alma se mezclaron de la manera más profunda que dos seres vivos pueden unirse. Juntos para siempre.

Salí de la cama. Hace mucho que no camino con mis piernas reales, y por la falta de costumbre casi tropiezo, pero logre conservar el equilibrio. Abrí la mochila y tome el celular en su interior, después marque el número de casa.

Mientras esperaba que mamá o papá contestaran, mire una vez más a los restos de mi novio. Hace rato que la vida escapo de sus cuerpo. Me lamí los labios de solo repensar nuestra primera y última noche de deseo sin límite. La voz de mamá me saco de las fantasías.

“¿Puedes venir a buscarme...? Estoy en un motel a las afueras. No, no me fije en el nombre” Me eche a reír por su pregunta. “Fue maravilloso. Igual a como siempre dijiste que sería”.

Sin duda es el mejor novio del mundo. ¿Cuál otro sacrificaría tanto por un ser querido? Él fue mi asesino y yo su víctima. Un lazo más estrecho que el matrimonio y que supera las barreras de la muerte.

Digno de ser compartido para quienes buscan una verdadera historia de amor.