TESTIMONIO
En la estación de policía.
-Díganos señora, puede describir al atacante?
-T-tenia una mascara que daba mucho miedo y casi me mata, pero pude escapar porque mi marido me ayudo a tiempo
-Muy bien, pero necesitemos más información... a maltratado alguna vez a sus hijos?
-NUNCA! yo..
-Escuche señora, no venimos a juzgar, pero necesitamos que nos diga la verdad
-...bueno.. les doy su cocacho cuando se lo merecen..
-Gracias, estos acontecimientos son causados por una persona que no se a identificado aún, a pesar que pasaron 10 años, pero tenemos una pista, "Damián", un chico que posiblemente fue el causante de matar a sus propios padres.
Dibujo de uno de los sobrevivientes.
-Por qué haría eso?!
-No lo sabemos aún, pero uno de sus hermanos dijo que él era el más oprimido por sus padres y de cierta manera..."los ayudo"
-...
-A este sujeto muchas personas le pusieron el a podo de Funny Guy, debe de ser por la cara feliz y eso. Algunos hasta lo apoyan, pero lo mejor que puede hacer ahora es ser mejor persona, pronto atraparemos al culpable, aunque unos reportes dicen que a pesar que le dispararan él solo...reía y desaparecía en callejones.
Este es un dibujo a mano de un hombre que también tenia una familia y salió a penas vivo del ataque, dijo que tenia una espada.
Historia basada en hechos reales y experiencias reales[]
(las muertes son ficticias)
La historia comienza en 2025. Damián y su familia vivían en un condominio cualquiera, rodeados de casas pintadas de colores desiguales y con un pequeño parque en el centro. Siempre había tráfico; una carretera nueva hacia Lima llenaba las calles de ruido constante. Pero aquel ruido no era nada comparado con lo que se escuchaba dentro de la casa de Damián.
Era una familia inestable, donde los hijos siempre se llevaban la peor parte.
El padre, Aurelio, tenía un carácter impredecible: gritaba, golpeaba la mesa, se enfurecía por cualquier detalle… y luego actuaba como si nada hubiera pasado. La madre, Elena, lo enfrentaba cuando era hacia ella, pero parecía ignorar todo lo demás, como si cerrar los ojos borrara los gritos que llenaban las paredes.
Los tres hijos crecieron en ese ambiente envenenado.
Santiago, de diez años, siempre respondía con palabras hirientes, como un eco de su padre. Andrés, de apenas ocho, se fastidiaba con todo; hacía muecas, gritaba o simplemente ignoraba las correcciones. Pero el que más sufría era Damián, el mayor. Él no era solo el hermano mayor: también fue el primero en recibir los maltratos psicológicos y… físicos.
Ahora, con diecisiete años, era alguien monótono, casi sin vida, pero llorando en silencio cada vez que escuchaba las discusiones o los gritos. Estaba más cerca del colapso.
Era un día como todos. Damián dormía. Era lunes y tenía escuela. Su padre Aurelio se fijó en que aún dormía y se molestó.
—¡¿Cuánto más dormirás?! ¡Despierta ya, Damián! —gritó, y luego se dirigió al comedor.
Damián se levantó con dolor de cabeza y cuerpo; no había dormido bien. Eran las 6:35 a. m. y tenían que salir a las 7:00. A sus hermanos los llevaba un amigo de 15 o 16 años, de confianza, que iba al mismo colegio que Santiago y Andrés; le daban una paga justa por eso.
Damián se paró como pudo, se cambió, agarró su mochila y se fue al comedor, que también servía de sala. Puso su mochila a un lado y empezó a tomar su desayuno: pan y Quaker. Su hermano menor estaba medio dormido y el del medio estaba comiendo, cansado. Su madre ya se había ido a su trabajo; su padre estaba haciendo cosas en otro cuarto.
Damián intentó despertar a su hermano menor haciéndole cosquillas.
—Andrés, despierta, vamos, come.
—¡Mmmm! —murmuró Andrés, entre risa y protesta. Poco a poco se despertaba, pero se negaba a comer.
—Vamos, tienes que comer.
—No quiero, está muy frío —era una excusa obvia.
—¿Y eso qué? Tienes que comer —lo sacudía para que no se volviera a dormir, luego se rindió y lo dejó.
—Si no comes, papá se molestará, yo ya no sé —dijo Damián y comenzó a comer.
Su padre regresó después de algunos minutos y se enojó.
—¡Aún no comes! —gritó a Andrés.
—Es que está muy frío.
—¡Claro que está frío porque no comes! Antes estaba caliente. ¡Come ya!
—No me gusta, quiero que esté caliente.
—¡¡Que comas!!
—Pero papá…
—¡Come!
Andrés comió y Damián escuchó, como siempre, indignado. Había mejores opciones que solo gritar.
Luego de comer, tenía que asearse. No le importaba su aspecto; lo mínimo que hacía por sí solo era bañarse (pocas veces) y lavarse la cara. Se peinó y se puso desodorante.
—Papá, ¿dónde está la llave del carro?
—Debe de estar en mi casaca —su padre estaba más tranquilo, dando de comer a sus hermanos.
Él buscó, no encontró. Su padre la encontró en la cocina.
—Seguro mamá la puso ahí —se quejó, pero no dijo nada y se fue con la llave. Fue a aparcar el carro frente al departamento y esperó para ir al colegio… un poco enfermo.
En el colegio, Damián se sentaba solo. No era porque él se alejara, era porque los otros se alejaban de él. No sabía por qué. Seguro era porque era aburrido. Pero tampoco le incomodaba; prefería estar solo para que no lo traicionaran ni sentir esa sensación de nuevo.
Pasó el día rápido, solo era él y su máquina. Le gustaba salir de esa torcida y cruda realidad. Veía YouTube, escuchaba música o jugaba un poco. Él tenía varios talleres obligatorios, pero como estaba medio enfermo regresó a casa… mala idea.
En la casa estaba su madre. Al verlo, cualquiera pensaría que lo saludaría al menos…
—¡¿Y por qué viniste tan temprano? ¿No tenías atletismo hoy en el colegio?! —dijo su madre con ironía creciente.
Damián se fastidió.
—Eso es el martes y jueves, “mamá”. Hoy es lunes —cerró la puerta y se dirigió a su cuarto.
—Háblame bien —dijo ella con creciente enojo.
Se detuvo y no la miró.
—Ni siquiera me dijiste un “hola”. Apenas llego y solo me juzgas —se fue a su habitación y se puso a hacer su tarea.
Algunos minutos pasaron y fue al segundo piso a limpiar el patio de los perros. A pesar de que eran tres, él hacía más que ellos. Él limpiaba el patio de los dos perros los lunes, miércoles, viernes y domingo. Santiago lo limpiaba martes, jueves y sábado. Andrés no hacía nada, ya que su padre dijo que los perros solo los querían ellos dos, pero antes se había dicho que el perro pequeño era de Santiago y Andrés…
El tiempo pasó y salieron a comer afuera. A Damián no le gustaba salir a ningún lado, pero igual no importaba; nunca importaba lo que él realmente quería. Fue con su celular y audífonos. Quería por lo menos salir de esa realidad por medio de juegos de rol con IAs. Era entretenido para él hacer cosas que quería y experimentar.
Pero luego de comer, caminaron un tiempo en el parque cercano y su madre habló con él.
—¿No puedes dejar el celular? Me das vergüenza.
Damián la miró de reojo.
—¿Y eso qué me importa?
Su madre, con creciente enojo:
—Pareces un zombi, atontado por ese bendito aparato.
Con un gesto mostró que muchos en el parque lo hacían, para demostrar que no era nada raro.
—Muchos lo hacen.
—No me importan los demás.
—A mí tampoco me importa lo que pienses de mí.
Su madre se enojó.
—Mira, Damián, ¡yo soy la que mando! No me puedes faltar al respeto.
—¿Y cuando tú me faltas al respeto a mí? ¿Tengo que quedarme callado? Yo nunca pedí salir a ningún lado, pero les da igual siempre. Cada vez que salimos, solo ustedes eligen. Yo no quiero.
—¡Te aguantas! Tanta gente que quisiera lo que te damos.
—Entonces dáselos a ellos. Tengo que recibir todo lo que no quiero siempre. No puedo decir no porque es una falta de respeto.
—Escúchame, me lo guardas o te lo quito y no te lo doy…
Damián sacó su celular y se lo dio a su madre.
—No me lo des ni para mensajes ni para llamadas, tampoco para ayudarte a imprimir desde mi celular.
La madre se calló un momento, molesta.
—Entonces dame tu laptop también.
—Tú solo me pediste mi celular. Además, con la laptop hago mis tareas.
—Tú debes ayudar a tus padres porque es tu obligación. Quieres derechos, bien, pero también tienes deberes.
Damián apretó los dientes y se alejó de su madre, poniéndose detrás de todos. Su madre lo vio y se acercó… pero ahora más calmada, abrazándolo un poco.
—Damián… vamos.
Fue una noche de comprensión para Damián… Lo usaban como herramienta más que como hijo. Ni siquiera les interesaba el cambio en él, de un niño alegre a un joven sin expresiones. De vez en cuando lo mencionaban, pero sin tomarle verdadero interés.
En la noche, Damián se echó en su cama. Todo estaba oscuro. Él no había dormido bien casi nunca. Ya estaba cansado de esto y prefirió volverse loco para ya no tener conciencia de todo. Eran las 11:30 y se puso sus audífonos y comenzó a escuchar músicas: “Solo quería ser niña”, “Cactus”, “OVERWHELMED (Spanish version)”, “Reyes de la tragedia — El monstruo” y “Quiero morir, fallecer, pero no lo puedo hacer…”. Todas relataban un poco de su historia. Cada una tenía fragmentos de memorias perdidas que no recordaba, pero al escucharlas venían como estacas en el corazón, haciéndolo llorar, pero sin gritar. Se aguantaba las ganas en la cama, solo. En la noche podía desahogar sus penas. Era aliviador y consolador, pero cada día su mente se torcía. Antes, cuando era chiquito, lloraba con pena… ahora sonríe y se aguanta reír cuando llora.
EL COMIENZO DEL COLAPSO
Los días pasaron y Damián poco a poco perdía la cabeza, pero no lo mostraba, solo sonreía cuando era necesarios: cuando hay gente, cuando hay "compañeros" de clase, etc. Pero en realidad su mente era un desastre, pensando que la única solución era matar a sus padres o suicidarse, pero sabia que el suicido no era una opción, porque iría al infierno. Era una lucha constante entre la moral y la libertad.
Un día, un sábado, Damián estaba cambiándose, su papá y hermanos se habían ido a la casa de su abuelita y su madre estaba apunto de irse, antes de eso ella le advirtió a Damián.
-TE ADEVIERTO, NO VUELVAS A FALTAR A TU DEPORTE, debes de ir para no perjudicar al equipo de tu colegio
Damián había entrado al equipo del colegio...pero a pesar de que muchos lo desearían a él lo perjudicaba, tenia clases de UTP los lunes, miércoles y viernes, además de clases de alemán, tenia academia los sábados, básquet los martes y jueves y ahora esto, los lunes, miércoles, jueves y viernes, no dormía bien por tanto y además se estaba terminando el colegio y estaban mandando exámenes y tareas a lo loco, tenia una fuerte presión y casi nunca tenia tiempo para él porque sus padres lo usan como mula, dando le más tareas en casa, poco a poco su mente deliraba a la locura, pero las palabras de su madre, le afectaron mucho.
-TAMPOCO TE OLVIDES DE LAVAR LOS SERVICIOS, LIMPIAR EL PATIO DEL PERRO Y ORDENAR TU ROPA, ¡¡DESPUÉS NO ME VENGAS CON QUE TE OLVIDASTE!!
-...ok, mamá
La madre se fue y cuando ella salió... él se quedo paralizado en su cama, pensando en su vida y como la esta viviendo, siempre sin poder escoger lo que realmente quiere hacer, la impotencia de no poder hacer nada cuando sus padres lo obligan. Entonces empezó a reír un poco, era una risa tenue que poco a poco se convertía en una carcajada, llorando y riendo, su mente se perdía, no distinguía que era divertido o no, que era bueno o no, dar y nunca recibir, eso siempre le paso a él... entonces tomo una decisión, ya no lo aguantaba, fue al segundo piso, al cuarto de juegos, agarro una soga y... acabo con todo.
Pero ojala que eso halla acabado así, pero no, no termino su sufrimiento, no pudo morir, no lo dejaron morir, el diablo le encantaba su sufrimiento tanto que le dio la inmortalidad, un regalo que le destruiría la vida a Damián, cuando se saco la cuerda del cuello, ya no podía más y se volvió loco, riendo sin control.
-¡TANTO PARA NADA! ¿¡POR QUÉ YO!? ¡¿POR QUÉ NO PUEDO MORIR?! QUIERO TERMINAR TODO YA!!
Entonces le cruzo una idea a Damián, una idea que le seguirá para siempre.
-y-yo no puedo morir, pero mis padres... esos malditos desgraciados si pueden... mis hermanos... llamare a la policía después para que se hagan cargo de ellos, si, SI!!!
El tiempo paso y hizo los deberes con una sonrisa, una sonrisa casi desquiciada.
Sus padres vinieron de noche y vieron a Damián, sonriendo amablemente.
-Hola, ¿ya llegaron? que bien. Ya termine, voy a dormir
Su madre y su padres lo miraron raro, como si su Damián ya no fuera él, sus hermanos solo fueron a sentarse a comer.
-Damián... Estas bien? te vez...
-Estoy bien mamá, solo... quiero cambiar un poco, quiero ser feliz, no digo que no lo estuviera antes, solo que tus palabras me hicieron reflexionar y ahora seré más optimista.
Sus padres se creyeron la explicación y lo dejaron dormir sin cenar.
Las horas pasaron y eran las 2:00 am, sus padres y hermanos estaban dormidos, pero su madres se despertó, tenia un mal presentimiento y se fue a la cocina a tomar agua, sudaba frío y no sabía porque hasta que vio a Damián con un cuchillo de cocina.
-D-Damián...que haces? es muy...tarde
Su madres sentía que algo estaba mal, retrocedió un poco cuando vio a Damián mirarla con los ojos muy abiertos y una sonrisa muy amplia.
-Solo quería esto, terminara rápido, no te preocupes, les hare sentir lo que yo siempre sentí cuando me maltrataban.
Su madres corrió de regreso hacia su cuarto pero antes de poder hacer algo Damián ya estaba encima de ella, clavándole sin cesar la espala, cuello y brazos, su madres gritaba y el padre se despertó, pero cuando lo hizo, todo estaba en silencio, pero vio que su esposa no estaba en su cama, corrió hacia la sala y encontró a su esposa muerta y desangrándose, se arrodillo y lloro, pero fue interrumpido cuando Damián le clavo el cuchillo en su espalda. El padre reacciono rápido y cuando se volteo vio una figura alta, pensó que era un ladrón y se abalanzo, dando golpes a Damián, Damián contra a taco, pateándole los testículos, su padre retrocedió adolorido y Damián le dio un rodillazo en la cara, agarro el cuchillo tirado y le lo clavo en el pecho, el padre grito y poco a poco perdió la vida, pero antes que muera, escucho a Damián decir.
-Fuiste el peor padre que pude tener, espero que te quemes en el infierno.
Su padre lo reconoció, era Damián.
-Que hice...para merecer esto
-QUE HICISTE?! los dos siempre abusaron de mi, me trataron como si yo no tuviera sentimiento y siempre me gritaban, nunca pararon, mi madre nunca valoraba lo que hacia y tu tampoco, ni siquiera se preocuparon de mis sentimientos, nunca se pusieron en mi lugar y ahora, se hare pagar por TODO.
Entonces su padre murió.
Damián saco el cuchillo y llamo al 911 en el teléfono fijo, pero sus hermanos se levantaron, medio dormidos.
-Damián...escuche ruidos, que pasa?
Era muy oscuro para que puedan ver los cadáveres y Damián solo les dijo.
-Me tropecé y grite un poco, vuelvan a sus habitaciones y duerman bien, mañana será un gran día.
Ellos obedecieron y se fueron.
-Este es el 911, cual es su emergencia
-Hubo un asesinato, dos padres muertos
-Muy bien, donde esta ubicado? puede hablar normalmente o esta escondido?
-Estoy en #!"$$%"!$#
-Muchas gracias, iremos de inmediato
Damián se puso una chompa negra y pantalones negros, todo de lana, con la sangre de sus padres y algo de papel se hizo una mascara con una cara feliz con dientes filosos, pero sus ojos eran dos X rojas, luego se fue y nunca más volvió.
Los oficiales no encontraron la arma homicida ni ningún rastro de evidencia, sus hermanos quedaron traumatizados y no pudieron hablar nada, pero en el fondo, agradecian que sus padres ya no les volverán a gritar y dañar nunca más.
Damián ahora va en casa en casa, observando a las familias y si veía que el padre o la madre eran injustos con sus hijos, él entraba por las noches y los mataba, con una espada, decapitándolos y diciendo.
-Te lo mereces, ahora arde en el infierno.