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Siempre pensé que ser payaso era el mejor empleo del mundo ¿A quién no le gustaría hacer reír a la gente, repartir caramelos a los niños y hacer esos globos con formas de animales?

Eso pensaba toda mi vida, desde que vi una feria con payasos, ellos de verdad se veían felices, les gustaba su trabajo, es por eso que decidí ser payaso, a pesar de las protestas de mis padres.

Recuerdo que me uní a un circo cuando tenía 18, los payasos eran los mejores que había visto, en poco tiempo me enseñaron a hacer globos y piruetas, cuando estuve listo el dueño del circo me presento como el “Payaso Feliz, el que nunca está triste”. Ese día fue el mejor de mi vida, mi primero show salió perfecto, todos los niños y adultos se reían con mis chistes…

Pero todo tiene su fin, a medida que pasaban los años, la gente dejó de venir al circo, el dueño del circo empezó a despedirnos y a vender todo. De vez en cuando algunos padres melancólicos venían al circo con sus hijos, para que vieran como era la infancia antes de que las consolas invadieran y los videojuegos pasaran a ser la principal fuente de entretenimiento.

Eso me alegraba como nada, ver niños de nuevo, actuar para ellos, darles caramelos y globos con formas…pero por más que lo tratara, era como si fueran seres sin emociones, sólo me miraban con las manos en la cara sin expresión alguna, el show terminaba, los padres salían felices de recordar, sus hijos salían enojados por no haber podido seguir con esos malditos juegos.

Cada vez la situación iba de mal en peor, el dueño del circo despidió a los fenómenos, vendió las maquinas, los animales, sólo quedamos unos pocos miembros.

Un día como cualquier otro, un par de niños con sus padres llegaron al circo, yo me prepare para actuar…fui a buscar al mago y al ilusionista, pero no estaban por ningún lado, pensé que habían abandonado el circo.

Fui a la carpa, eran unos cuantos padres con sus niños, nada del otro mundo, empecé a hacer mi acto rutinario, cuando de repente un grito interrumpió la escena, una mujer señalaba a la parte de arriba de la carpa, el cuerpo del mago se balanceaba lentamente con una soga en su cuello… el ilusionista estaba vestido como si fuera a dar un show.

-Prepárense para el final de la más grande ilusión.

Dijo el ilusionista y se colgó junto al mago, todas las personas quedaron aterradas, los niños lloraban desconsolados… Si antes la situación del circo era mala, ahora todo se fue a la basura, ya no quedaban espectáculos, además los padres que estuvieron esa noche demandaron al circo y al dueño no le quedó otra que vender lo poco que quedaba… y después él también se suicidó.

Ya no me quedaba nada, así que me fui, luego de un tiempo conseguí trabajo como payaso en una feria…siendo honesto, esa feria era una mierda por lo que la dejé y me dediqué a ser payaso en cumpleaños, al principio todo iba de maravilla, pero a la larga me empecé a cansar de que los niños me golpeen, de que los padres me insulten por no hacer un buen show.

Además, mi salud empeoró, dejé de comer, al cabo de unos meses parecía un muerto andante, me dejé de preocupar por la felicidad de los demás y lentamente fui perdiendo la poca humanidad que me quedaba.

Ahora sólo veo a los niños como simples seres sin emociones, ya no me importa entretenerlos, ahora sólo quiero que vengan a jugar con el Payaso Feliz y poder romper sus frágiles y lindos cuellos.

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