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No sabría cómo relatar los hechos que me han llevado a tomar esta decisión, pero por mi estado actual no puedo imaginar otra salida. Escribir me ha costado tremendamente y es que mi alma ya no puede tolerar tantos tormentos. Por si no se han dado cuenta, esto es una carta de suicidio.

Mi ruina comienza de forma curiosa. Supongo que más de uno estará interesado o ha probado aunque sea una pizca del atractivo mundo de lo oscuro, del horror, de lo repulsivo. Es imposible no dejarse seducir por el repugnante aroma que desprende lo más malsano de la naturaleza humana.

Yo fui fácilmente atrapado. Comencé a través de películas, me sentía más atraído por los clásicos, esos realmente me llenaban de pavor y me hacían pedir más. Mis deseos insaciables me llevaron a la lectura. Los relatos lovecraftianos sin duda fueron muy satisfactorios pero quien realmente me atrapó fue él, Edgar Allan Poe. Su majestuosa obra, su estilo, la musicalidad de sus letras. Definitivamente me cautivó. Me convertí en un fanático. Los tonos grisáceos se volvieron comunes en mi armario, cosa lamentable cuando el calor abundaba. No me quejaba, estaba hechizado por las gracias del mundo del terror. Pero algo dentro de mí buscaba algo más, quería adentrarme en lo más pútrido.

Comencé vagando por Internet, buscando sobre casos de asesinatos de renombre (La Dalia Negra, Jack el destripador), como verán había algo que hacía que me inclinara por misterios sin resolver. Me gustaba jugar al detective, me creía Sherlock, buscaba información para crear mis propias teorías (algunas bastante descabelladas).

Con Internet se me abrieron muchas puertas, las posibilidades me parecían casi infinitas. Recorrí cada rincón, leí muchos creepypastas pero simplemente no lograron llenar mi apetito, fueron meros aperitivos, quería sentirme realmente asqueado, quería sangre. Busqué gore, busqué muertes, suicidios. Recuerdo un video donde asesinaban a un chiquillo de apenas 15 o 16 años, esto me superó tremendamente a pesar de la insensibilidad que antes mostraba. No logré quitarme la imagen de la mente, me atormentó hasta en mis sueños, todas las imágenes que vi se convirtieron en artífices de angustiantes pesadillas.

Aquí comienza mi calvario. Cada noche sentía que "algo" rondaba en mi cuarto, no importaba si la luz estaba encendida o apagada, sentía algo sobre mí, debajo de mí, detrás, delante. ¡Por Dios! Juro que algo me acosaba. Nunca fui muy devoto, de hecho casi nunca pensaba en la religión, pero hubo una noche que el pánico me poseyó, las lágrimas no se dejaron esperar y termine suplicando a Cristo. Me dormí del miedo y mi ruego no sirvió de nada, la presencia me seguía vigilando, estaba ahí, lo sé, algo ahí me observaba y no me dejaba en paz.

No debía volver a mi habitación, debía soslayar mi propia casa, pero en el fondo, más temprano que tarde, pisaría el lugar objeto de mi martirio, lo sabía, pero no quería pensarlo, era lo único que me mantenía cuerdo. La hora llegaba, debía volver. ¿Y si no iba simplemente? ¿Si le explicaba a mi madre que me quedaría en casa de un amigo? Sí, era perfecto. Pero algo dentro de mí me detuvo, algo me hizo reflexionar. ¿Y si "eso" me seguía hasta el hogar de mi colega? ¿Si "eso" terminaba torturándonos a los dos? ¿O si sólo se quedaba con él? Esta última idea me hizo sentir aliviado, pero no, no, definitivamente no quería condenar a otro, menos a un amigo.  

Me armé de valor, iba a entrar, mis pasos, mi respiración, todo lo percibía con una lentitud desgarradora, llegué a pensar en no hacerlo pero era tarde, ya estaba allí y mi vigilante también. Cada vez se materializaba más, ya no solo sentía que me observaba, también sentía su respiración. Una vez creí verlo en un sueño pero su imagen se me escapó de forma inmediata. La tensión se sentía en el ambiente, el aire estaba denso, mi habitación apestaba a mierda y yo estaba convertido en un fantasma sin consciencia que iba y venía continuamente, no era yo, ya no era yo, me había consumido en el horror.

Había logrado superar la situación o más bien, logré acostumbrarme. Claramente aún sentía un pánico tremendo dentro de mi cuarto y las pesadillas eran continuas, pero lograba soportar esa vida. Claro, ya no tenía vida, era un cuerpo autómata errando de un lado a otro, pero era un alivió a la vez.

Al parecer, mi vigilante se dio cuenta de que mi terror ya no era tanto, o al menos eso pienso, porque las cosas se tornaron aún más horribles. La tensión era aún más pesada, sentía constantes nauseas. El olor de mierda se volvió aún más putrefacto e inaguantable.

A veces sentía que apretaba mi cuello con sus dos manos (al parecer tenia manos), apretaba despacio, sin asfixiarme, como burlándose, como vanagloriándose de su poder sobre mí. Pero fue precisamente hace una semana cuando acabo del todo conmigo.

Era de noche, había logrado dormir a pesar de lo asfixiante, de lo horrendo de mi situación. Pero de un instante a otro desperté, desperté y comencé a gritar, mis alaridos eran tan fuertes que mi garganta se destrozó, aun así gritaba, como poseído por el diablo, gritaba y convulsionaba, mientras lloraba por el dolor, mientras sentía el sabor de la sangre. ¿Por qué gritaba? Sabía que era él, era su culpa, no sabía cómo lo hacía, pero me estaba manipulando como a un títere. Mis gritos llegaron a la habitación de mis padres, me vieron, aun no puedo olvidar la expresión de horror en sus caras, no sabían qué me pasaba, no podían detenerme, mi padre atinó a llamar al hospital, mi madre se quedó pasmada, no realizaba ningún movimiento.

Luego de la llegada de las ambulancias el escándalo se detuvo, no podía hablar, no sabían que me había ocurrido, todo lo respectivo a mi caso lo trataban entre ellos, nadie me decía nada. Me aliviaba el hecho de que "él" no estaba allí, pero me sentía solo, mis padres no estaban y el dolor en mi garganta aún era fuerte, aun sentía el sabor a sangre.

Pasaron unas horas y cuando ya vieron que todo estaba normalizado me permitieron ir a casa, esto me estremeció. Probablemente se volvería a repetir el caso, ¿Cómo detenía a mis padres? ¿Cómo les explicaba lo que me pasaba? Tuve que ceder pero el terror se posesionaba de mí, mi cuerpo temblaba, mi sangre estaba congelada. Para mi sorpresa, al llegar a mi cuarto, él ya no estaba. Casi lloré de felicidad, no sentía la tensión en el ambiente: el olor putrefacto se había ido, no sentía sus ojos, no sentía su respiración, no sentía su voz, no sentía su presencia, ya no estaba. El placer que me causó fue feroz pero el cansancio era mayor y caí dormido de inmediato.

Al despertar, mis padres hicieron las preguntas correspondientes. ¿Por qué? ¿Cuál fue la razón? ¿Cómo podía responderles si el causante de ese accidente ya no estaba? Además, me creerían loco, así que opté por la respuesta más sana, les dije que no recordaba nada. Eso no los tranquilizó, de hecho, se angustiaron aún más, pero era mejor ya no volvería a pasar, no podía volver a pasar, él no estaba.

Me continuaron hablando, me comentaron que deberían tratarme con un psiquiatra. Me asusté, me haría preguntas, preguntas que no podría responder sin quedar como un demente. Me negué, apelé a decir que no era un loco, pero me lo pidieron, me pidieron que lo hiciera por ellos, no me quedaba otra.

Era feliz, tan feliz porque él no estaba, ya no era vigilado, no, no lo era, estaba seguro, no estaba siendo observado. Pero un día volvió el olor putrefacto, volvió esa mirada, esa respiración, los alaridos con un lenguaje críptico, esa presencia despedazadora.

Lloré de pavor, lloré, entré en pánico, sentí nauseas, sentí horror, me descompuse. Pero lo que me obligó a terminarlo todo, lo que me obligó a decidir acabar con mi vida, fue esa voz gutural, esa voz siniestra, tétrica, casi indescifrable que provenía de la nada, no, provenía de él, estaba seguro que provenía de él, porque el mensaje era propio de él: juntos para siempre.

"Juntos para siempre", repito en mi mente y se me hiela la sangre como en ese momento, quedo petrificado, horrorizado como en ese momento, y lloro, y me consume un deseo de muerte, me consume un deseo suicida, y ya no quiero más, ya no puedo más, y solo digo, hasta nunca...