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-Y recuerda, no le abras a nadie- Dijeron los padres.

Luego la puerta se cerró, dejando a Stefanie del otro lado al que habían salido sus padres, con un ligero puchero en sus labios, detestaba cuando tenían que irse todo por culpa de ese maldito trabajo; pero ya estaba acostumbrada, para su corta edad era una niña demasiado madura... ha excepción claro de que parecía vivir en un mundo de fantasía, mundo en el que ella era una princesa perdida o sus padres súper agentes... tal vez hasta su abuela sea una súper heroína.

Puerta2

Sus pies se movían ligeros por las baldosas blancas de la cocina, tenía hambre, sueño, y ya comenzaba a ver algo nublado y cabecear semi-dormida; miró nuevamente el reloj ¿Por qué tardaban tanto? Por impulso tomó el control del televisor, lo prendió y comenzó a cambiar de canal sin aparente interés en alguno.

Luego de estar cambiando por un rato, paró en el canal de noticias, estaban pasando el hecho de una muerte en una escuela, había un periodista ahí documentando todo, él decía:

"En la mañana del Lunes pasado, una niña de la Escuela Santa María del Señor desapareció durante la salida de la institución, es la quinta niña que desaparece, aún no se sabe nada de los secuestradores, ni de cuantos se trata... Algunos niños fueron testigos de cómo la pequeña de once años subía al carro idéntico al..."

Dejó de prestarle atención cuando un escalofrió recorrió su espalda, decir que no le generaba nada la noticia sería un error... Después de todo Josefina era su amiga... o al menos algo parecido, lo cierto es que no eran tan unidas, pero aun así le tenía cierto aprecio, en otras palabras, se querían como conocidas.

Ahora, quedarse sola en la casa le parecía aún menos atractivo que antes. El tiempo pasaba tan lentamente, los segundos parecían minutos, y los minutos horas. Stef miraba desesperadamente el reloj y se sobresaltaba de sobremanera cada vez que le parecía escuchar algún ruido en la casa... tenía miedo, de que algo o alguien se encontrara ahí, mucho miedo.

Tenía tanto miedo que no podía pensar claramente y cuando alguien toco la puerta, no lo pensó demasiado y corrió hacia la puerta, sacó la llave, la abrió y al salir abrazó al hombre desconocido, olvidando que sus padres tenían llave de su propia casa, creyendo que ese era su padre y sin fijarse que o quien era exactamente lo que abrazaba.

Stef no pareció darse cuenta pero... el hombre era demasiado gordo para ser su padre, tenía un aroma rancio y acariciaba su espalda de una forma no tan normal, cada vez más y más largo el recorrido de sus dedos por el cuerpo de la pequeña niña, cuando ella intentó separarse no lo logro... se removió entre los brazos de ese extraño hombre mientras el miedo volvía a aparecer en su interior ¿Qué estaba pasando? Lo empujó con toda la fuerza que sus pequeños y temblorosos brazos pudieron y lo miró. El hombre frente a ella, claramente no era su padre.

El solo verlo le generó pánico, terror y asco, tenía un disfraz muy colorido, aunque de colores un poco apagados y si no fuera por algunas manchas de sangre y mugre en él podría ser hasta agradable a la vista, comenzó viendo sus zapatos rojos brillantes en la punta, pero con la suela llena de barro, luego llego a su rostro y se arrepintió enseguida de ello, a pesar del maquillaje de payaso, podía notar su piel grasosa y sudada, la enorme sonrisa roja era lo único intacto en su corrido maquillaje, y eso era lo que más miedo daba, esa boca, esa sonrisa enorme que ella no podía dejar de mirar. Él sonrió mostrando una hilera de dientes amarillentos; y dijo en un tono burlón:

-¿Acaso tus padres no te dijeron nada sobre abrirle la puerta a extraños, querida?-

Él dió un paso adelante y ella otro atrás, tartamudeando contestó:

-¿Y...y t...tú quién eres?

La voz le salía algo quebradiza, el miedo comenzaba a dominarla; el hombre cerro muy lentamente la puerta a medida que decía.

-¿Te gustan los juegos verdad niña?- Preguntó.

Lo demás que siguió al sonido de la puerta cerrándose es como un borrón en los recuerdos de Stefanie, pero los sentimientos, como el terror y la desesperación aún están allí tan nítidos como si estuvieran ocurriendo en ese preciso instante.

Ella corrió lejos del hombre, se ocultó en su habitación, con el corazón latiendo con fuerza y respirando frenéticamente se apoyó sobre esta, busco con la vista alguna forma de cerrarla, pero era tarde, a pesar de su increíble peso el hombre era rápido y no tardo demasiado en llegar a la puerta de la habitación, Stefanie no pudo poner resistencia alguna y el payaso entro.

Todo fue muy rápido, y doloroso a la vez, gritos, llanto, la ropa siendo desgarrada, los dedos del hombre recorriendo su delicada piel, invadiendo su intimidad, gritos y más llanto, el inútil intento de la niña por protegerse de ese monstruo, ese demonio en forma humana, gritos, llanto y sangre, mucha sangre, la había golpeado más de una vez. Al hombre le encantaba oír sus gritos, corto su piel, su vientre, no era suficiente con quitarle su castidad, nada era suficiente.

-Sobre tus amiguitas, ¿Sabes algo de sus padres? ¿Trabajan de noche? ¿Salen? Dime todo sobre cada una de ellas, claro, si no quieres terminar como las demás.

Su sonrisa era escalofriante, comenzó a delirar que sus dientes no solo eran amarillentos, también eran puntiagudos, perfectos para arrancar su delicada piel, sentía los ojos y manos del hombre demonio recorrerla con lujuria, la obligó a hacer y decir cosas que no quería y luego de eso se fue, como si él no hubiera hecho nada, como si no le hubiera quitado toda su inocencia a esa niña.

La dejo sola en la cama manchada de sangre, sola en la noche fría, sola con todos sus miedos, sola envuelta en llanto esperando a sus padres, sola con los demonios y las cruces de Dios...


El hecho comenzó a correr la voz en los noticieros, haciendose famosa.

"El fin de semana pasado, en la calle Belgrano una niña de doce años fue violada por un hombre que se calcula de treinta años en su propia casa, cuando sus padres dejaron sola a la niña para atender una emergencia en el hospital público en el cual trabajan, el hecho ocurrió..."

Stefanie tenía lágrimas en los ojos y este era ya su noveno pañuelo, ella no quería recordar, ¡Solo tenía doce años y la habían violado! ¿Acaso no tenían consideración?... ni los policías, ni sus padres que ahora la veían asqueados. La religión en ellos era algo muy importante, el simple hecho de pensar que su pequeña hija, voluntariamente o no, había estado con un hombre los repugnaban; ni siquiera volteaban a verla, tal vez su madre si... ella aun le tenía afecto, pero venia de una larga línea de religiosos muy creyentes y respetuosos y lo que había "hecho" su hija era pecado, no se lo perdonaría... solo fingiría hacerlo, tal vez.

-Bueno... déjame ver si entendí...

El policía masajeo su frente cansado, no lograba comprender la fantasiosa mente de la niña, no estaba acostumbrado a eso.

-El payaso... demonio, es el enviado de Dios para que pagues tus pecados...- Dijo tratando de entender el policía.

La niña no sabía cómo expresarse, le era muy difícil hablar con ese hombre en especial porque su tono de voz la hacía sentir que la trataba como una tonta, ella asintió.

-Este hombre tenía ropa y pelo de payaso.... Como Krusty, el de los Simpson... Pero...

El detective de policía miró sus notas entrecerrando los ojos, antes de continuar con el interrogatorio.

-Tenía dientes amarillos y filosos como de... Piraña... y ojos rojos de Demonio...¿Puede ser?- Stef asintió energéticamente

Ella quería que le creyera, estaba segura de que no había sido su imaginación, que realmente cuando lo golpeó con la cruz, el hombre retrocedió asustado de Dios, tal y como haría un demonio.

Luego de ese interrogatorio el oficial se retiró para ir a hablar con los padres de Stef, aunque agudizo lo más que pudo su oído solo logro escuchar psiquiatra, trauma y medicamentos.


Pasaron tres meses, tres malditos meses de m..., su vida era un asco, en la escuela la veían como la impura, ya incluso la llamaban zorra, solo tenía doce años y no había sido a voluntad pero casi nadie lo entendía, mucho menos los adultos más creyentes, ni siquiera volteaban a verla; al igual que sus padres.

La trataban con asco y odio, la golpeaban y la llamaban con sobrenombres horribles, la dejaban sola llorando.

Ella no pudo aguantar más... La primera vez fue en la escuela tuvo una sobredosis de medicamentos, todas esas siete pastillas que tomaba, todas las trago indiscriminadamente, todas de una; por suerte una maestra la encontró y la llevaron al hospital más cercano, ella lloraba y gritaba:

-¡Déjenme, quiero morir! Déjenme... Déjenme, por favor- Suplicaba desesperadamente.

Su garganta dolía, su cabeza le parecía que iba a explotar, ya no le quedaban más lagrimas solo el ardor en sus ojos, aun así siguió gritando, llorando, implorando que la dejen morir.

Luego intento colgarse, pero ni con silla llegaba a la rama del árbol de su casa, así que esa vez no estuvo ni de cerca a morir.

La tercera vez intento dispararse con el arma de su papa, nuevamente fallo, lo que no sabía es que cuando uno dispara... a menos que tengas un pulso fuerte y firme, el brazo por el impulso del disparo se eleva unos cuantos centímetros y solo se lastimo el hombro.

La cuarta vez... La cuarta vez fue la última.


P.V. (Stefanie)

No puedo seguir... No quiero.

Ya no tengo fuerzas para vivir.

Además... ¿Para qué seguir?

¿Para que sigan las pesadillas cada noche? ¿Para que sigan golpeándome, insultándome... Para que me vean como una zorra?

Yo no pedí esto, ni siquiera sé si lo merezco... ¿Por qué Dios? ¿Por qué me haces esto? ¿Acaso hice algo mal? ¿Acaso desperté tu odio, tu ira hacia mí de alguna forma?

Lo peor... Lo peor, no son los medicamentos, ni mi comunidad, ni mis compañeros de clase, ni siquiera el estúpido payaso... NO, lo peor es la decepción en los ojos de ellos, de mis padres, el odio... el asco... ni siquiera me hablan.

Ahora lo decidí... no voy a seguir... y sé que está bien, que es lo correcto, ellos no quieren una hija como yo, ya no puedo ser la niña perfecta que antes fui.

Lo pensé bien esto no puede fallar... Además... Se sentirá tan bien.

Sería como las anteriores veces, cuando me corte las muñecas, la sangre cálida corriendo mi piel, el rojo que me recuerda los zapatos del payaso, rojo, rojo sangre, brillante, vivo, a diferencia mía... Yo ya estoy muerta en alma, ahora solo debo hacerlo físico.

Tomé el cuchillo que mama usa para cortar la carne, ese que le decimos cuchillo de carnicero. Probé su filo en mi palma, perfecto, una línea roja y profunda. Puse la hoja del cuchillo en mi garganta, vi por última vez el reloj, la puerta, cerré los ojos...