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Pc reaper by nightmarequeenkasei-dc4h611
Estaba corriendo por la parte descubierta del camino, era incluso mas largo de lo que recordaba, la nieve no hacia mas que entorpecer sus pasos convirtiendo su huida en una odisea, sin importar cuanto lo intentara el tiempo parecía haberse detenido, no estaba ni cerca de salir del lugar, mucho menos fantasear con la idea de lograr llegar cerca de la frontera rusa, los pies le dolían al punto de apenas poder mantener el equilibrio, por suerte no presentaba ningún signo de hipotermia, al menos no por el momento. Detenerse a descansar ere un lujo que por el momento no podía ni siquiera pensar en darse, estaba demasiado derrengado, a pesar de haber perdido el aliento hacia bastante sus piernas se seguían moviendo impulsadas por el único estúpido anhelo de sobrevivir.

Jadeaba agitadamente, sus pesados suspiros formaban nubecillas de aliento que se perdían en el aire, el solo respirar requería un tremendo esfuerzo, las pisadas que dejaba sobre la nieve pronto comenzaron a borrarse bajo la nevada que comenzaba a descender del cielo, sus piernas temblaron hasta que finalmente cedieron al cansancio físico tirándolo de bruces, permaneció unos segundos inmóvil procurando respirar de forma correcta, pero la aparente calma se desvaneció en cuanto sus oídos captaron los ladridos lejanos de los perros, con torpeza se incorporó y se dispuso a correr, por mas que sus piernas intentaran avanzar simplemente no podía competir contra los animales que le perseguían y solo fue cuestión de tiempo para que estos se encontraran a pocos metros, en solo un parpadeo uno de los animales le alcanzó y le incrustó la dentadura en la pierna como si fuese uno de los tantos animales que estaban acostumbrados a cazar, el perro haló con brusquedad de su carne dejando la marca de los colmillos estampada en su piel la cual no tardó en comenzar a sangrar, un chillido ahogado le escapó de la garganta, intentó de forma inútil seguir aun con la pierna herida, aun así, ya era demasiado tarde, se encontraba con los animales rodeándolo y gruñendo ansiosos, uno de ellos dio un salto hasta tomarse del brazo del muchacho y lanzarlo nuevamente al piso con la fuerza de su peso, se encarnizó en morderle la extremidad con fuerza y rabia desmedidas destrozándole la piel entre mordisco y mordisco provocando que la nieve comenzara a teñirse de carmesí. El auto aparcó a un par de metros, el estruendo de la puerta abriéndose con violencia se vio rápidamente opacado por el sonido de las pesadas pisadas que se acercaban con paciencia espeluznante, el sonido del silbido provocó que las bestias obedientemente cesaran su ataque casi al instante, con el hocico ensangrentado y jadeando retrocedieron lentamente retornando su camino hasta echarse junto al vehículo, Artur apenas podía moverse, el cuerpo se le estremecía consecuencia del miedo y el frío, aun así, por mas que lo intentara estaba demasiado herido al punto de no poder arrastrarse o tener el suficiente aliento para gritar. El hombre estaba harto de él, aunque por unos segundos se encontraba dispuesto a acabar con todo el maldito problema se cohibió de hacerlo, por el contrario, se tomó la molestia de retornar hasta la camioneta y extraer de la carrocería donde guardaban algunos de los instrumentos del trigal una de las sogas con las que se ataban las gavillas y un viejo costal

-Maldito bastardo- Musitaba en voz baja mientras regresaba a junto al muchacho, una vez estuvo frente a él le tomó por el cabello y le deslizó el costal sobre la cabeza ajustando la cuerda al rededor del cuello, no deseaba matarlo, aunque fuese mas sencillo aun tenia utilidad por lo que esta vez le dejaría salir con vida, pasados unos segundos el muchacho perdió el conocimiento, el hombre al darse cuenta aflojó el agarre y le permitió volver a respirar, ya se encargaría de él mas tarde. Cuando Artur finalmente despertó se encontraba nuevamente en la finca, en el cobertizo, en aquel maldito sótano el cual le traía nuevamente esa sensación insoportable de pánico y ansiedad.

En gran medida maldecía su propia existencia, no bastaba con ser el motivo de todos los males de su madre, también debía sumar a ello el hecho de ser un bicho raro, la presa de un maldito ciclo de pánico, la primera vez que lo había experimentado tendría siete años mas o menos, si bien muchos de los recuerdos de su infancia eran netamente borrosos varios de ellos destacaban como una lumbrera en su memoria, simplemente eran cosas que no podría olvidar ni aunque pasaran mil años y que aun le producían una sensación horrorosa. Detestaba el invierno, realmente lo odiaba mas que a nada en el mundo, con la llegada del otoño las tardes se tornaban frías y nubosas mientras que la siega ponía fin al cultivo de aquel año, los campos descansarían las temporadas frías aguardando a la siguiente siembra, ese año en especifico habían pasado varias semanas desde que los trabajadores finalmente se habían marchado para celebrar la ganancia de la cosecha del respectivo año.
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Nunca se conoció con exactitud lo que desencadenó tal enfermedad, quizás era algo a lo que estaba predispuesto, en cualquiera de los casos tras un par de semanas tuvo un pequeño episodio mientras se encontraba con su madre en la cocina, de un momento a otro la falta de aire y el mareo le hicieron tambalearse, sus extremidades parecían estar adormecidas o entumecidas, acompañado de la aceleración de su ritmo cardíaco, para cuando su madre se dio cuenta él temblaba sin control y ella apenas podía contemplar sin saber exactamente que hacer, durante los próximos minutos solo podía pensar en los peores escenarios que explicaran tales síntomas, desde convulsiones o un ataque cardíaco, pero nada de esto tenia sentido ¿Un ataque cardíaco a un niño de siete años? Era un pensamiento ridículo y desesperado.

Lo tomó en brazos e intento llevarlo fuera de la casa en busca de algún tipo de ayuda, pero al cabo de un par de largos minutos que trascurrieron como una eternidad el niño se calmó poco a poco, los ojos se le habían hinchado por la cantidad desmesurada de lagrimas: Una sensación de pánico se lo estaba comiendo vivo, esa era la verdadera explicación. Aquel extraño comportamiento iba y venia de forma totalmente aleatoria, aparecía sin previo aviso y se esfumaba dejando desastrosas secuelas, pronto se vio obligado a dejar de asistir a la escuela y evitar contacto con los hijos de Anastasia, la esposa del patrón. La enfermedad del niño era el pretexto que le abría la oportunidad al patrón para enviarlo lejos de su hogar, pero, ¿A dónde?

Daba igual realmente, mientras se ocuparan de él y lo mantuviesen lejos era una buena opción, no tenían tiempo para pensar en lo que sea que le estuviese sucediendo al hijo de la criada. Su intento por enviarlo a un orfanato a las afueras de Chernihiv se vio frustrado por las amenazas de Ciara, madre del niño, quien al enterarse de lo que pretendía se apresuró a formar un escándalo y una discusión netamente innecesaria, lo que desembocó en que él finalmente decidiera tomar el camino fácil: Aislarlo de su familia, confinó a Artur a vivir en el mugriento altillo del cobertizo en el cual se guardaban varias de las pieles de los animales cazados durante el invierno. Para sorpresa del hombre Ciara estaba plenamente de acuerdo con la propuesta, de hecho, no le importaba en lo mas mínimo lo que decidieran hacer con el niño siempre y cuando no lo enviaran lejos de la finca, cuando él sufría alguno de sus ataques era fácil encerrarlo en el pequeño sótano hasta que se calmara y no se le permitía salir hasta una hora después para asegurarse de que no habría secuelas.

Naturalmente le resultaría estúpido al patrón darle lo que llamaba "un lugar propio" a cambio de nada, cuando regresaba de Volinia llevaba casi por norma general distintos ejemplares cazados listos para ser transformados en trofeos, a pedido de Vladimir el capataz se tomó la molestia de enseñarle al muchacho el "arte" de tratar las pieles, desde desollar los cadáveres hasta curtir las pieles y aunque era una tarea que realmente le desagradaba a Artur no tenia mayor opción que cumplirla.

Su madre apenas le dirigía la palabra, quizás desde ese momento se había olvidado completamente de la existencia de su hijo, siempre que podía lo ignoraba o fingía estar demasiado ocupada para prestarle atención aunque fuese durante un miserable segundo. Durante las temporadas de trabajo en la finca la situación no cambiaba, la mayoría de su tiempo se encontraba aislado en el cobertizo, ¿Haciendo que cosa? Nada a decir verdad, cuando la temporada de caza acababa no habían pieles o animales de los cuales encargarse y por tanto ya no tenia nada en que invertir su tiempo, para mantenerlo ocupado el capataz lo llevaba de un lado a otro para que le ayudara con los pequeños trabajos, había convertido al niño en su pequeña mano derecha, si se podía decir así. A diferencia de los otros habitantes de la finca, él no tenia problema en permanecer a su lado mientras sufría algún ataque de pánico, incluso cuando se enfermaba era él quien se hacia cargo de cuidarlo y en general se preocupaba por su bienestar. Para Vladimir esto no era algo agradable, estaba convencido de que el pequeño acabaría por distraer a Kedzierski de sus tareas como capataz y administrador, pero no podía reprocharle absolutamente nada, él era plenamente cociente de lo que había sucedido hacia años.

Kedzierski no trabajaba durante las temporadas de invierno pues ya no quedaban trabajadores que vigilar o ganancias que registrar, esa temporada eran sus muy merecidas vacaciones, cuando el general invierno regresaba Artur volvía a quedar solo, recordaba haberle rogado a Heorhiy que lo llevara con él, pero este sabia que no podría hacerlo por mas que lo deseara, después de todo, no tenían ningún parentesco en cuanto a sangre se refería y de tan solo pensar en la propuesta Ciara se mostraba netamente indignada. La primera vez que realmente experimentó la maldad que se escondía en la finca sucedió tres inviernos después de la primera vez que había sufrido un ataque, aun no habían iniciado las nevadas pero los árboles ya se encontraban sin una sola hoja, ese día había estado jugando en el trigal vació con la mala suerte de resbalar y caer raspándose la rodilla, cuando regresó a casa busco a su madre, ella estaba en la cocina como era de costumbre, pero en lugar de ayudarlo aunque fuese en consolarlo únicamente se dedicó a hacer oídos sordos, después de apenas girarse para observarlo sus palabras cortantes le habían ordenado salir de su vista pues estaba ocupada y no tenia tiempo para entretenerse con él. Obedientemente salió de la cocina y se sentó en la escalera, Lucy había pasado en ese momento, casi nunca cruzaban palabras así que no recordaba como habían iniciado la conversación, los dos hijos mayores del patrón Oxana y Symon apenas lo determinaban, eran cinco y tres años respectivamente mayores que él, incluso Taras quien era un par de meses menor le ignoraba por completo, pero Lucy era muy diferente a sus hermanos mayores, ella de cierto modo disfrutaba hablar y jugar con Artur. Estuvieron así durante un buen rato hasta que Anastasia, la madre de Lucy, decidió aparecer en el umbral, se mostró estupefacta al encontrarlos, gritó un par de regaños a su hija y finalmente prefirió enviarla a su habitación, esperó pacientemente a que esta se alejara antes de hacer completamente notoria su soberbia, tomó al niño por el brazo con fuerza y lo haló para llevárselo a rastras, en ese punto la pesadilla ya había empezado y no parecía estar cerca de terminar. Entre su confusa y desastrosa memoria aun podía percibir aquel momento en el que la mujer se paseaba de un lado al otro por el mugriento cobertizo exclamando maldiciones e insultos, cada vez que podía le lanzaba miradas de odio recriminándole lo estúpido que era, él temblaba ligeramente con la mirada clavada en el suelo sin siquiera poder llegar a comprender que era lo que había hecho mal, las rodillas ahora le sangraban pues las pequeñas rocas sobre las cuales se encontraba arrodillado lentamente se incrustaban en su carne, quien sabe cuantas horas llevaba en esa posición, en un inicio simplemente se trataba de la incomodidad producida por la sensación, sin embargo, al cabo de unos minutos el dolor comenzaba a ser insoportable. Él se cubrió el rostro con las manos sollozando, ella al escucharlo se le acercó y le tomó por el cabello sacudiéndolo con brusquedad, estaba totalmente harta de él, las lagrimas del niño resbalaban sin control por sus mejillas pecosas, se obligó a si mismo a silenciar sus quejidos, al parecer intentar llorar o siquiera mostrar resistencia solo empeoraría la situación.

Tras unas cuantas horas la mujer regresó a la casa con el pequeño tomado por el brazo, él avanzaba a torpes tropezones pues apenas podía mantenerse en pie, permitía que ella lo llevase casi a rastras sin siquiera intentar zafarse de su agarre, tenia los ojos hinchados por las lagrimas y las mejillas enrojecidas por las marcas de las bofetadas que esta le había propinado hacia solo un par de minutos, mientras caminaban él continuaba sollozando en voz baja, cuando finalmente llegaron a la cocina ella le soltó casi arrojándolo al suelo con brusquedad, la criada que se encontraba lavando los trastes soltó un grito de horror al ver el estado en el que se encontraba el niño

-Artur...- Con la voz trémula se acercó al niño y lo levantó del suelo cargándolo en los brazos, este casi de inmediato reanudó el llanto aferrándose al cuello de su madre mientras escondía la cabeza en el hombro de la mujer -¿Que demonios sucedió esta vez?- Se apresuró a inquirir
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-Es tu maldito trabajo saber lo que sucede aquí y ni siquiera puedes prestarle atención al mocoso- Le recriminó la mujer con tono ácido mientras caminaba a la puerta y se limpiaba las manos con repugnancia en la falda del vestido -Es la ultima vez que te lo advierto: No lo quiero ver cerca de mis hijos. Si esto se repite, te arrepentirás. ¿Entendido, Ciara?-

-Si señora Anastasia, no volverá a suceder- Masculló la muchacha, permaneció estática hasta que se aseguró que la mujer ya no se encontraba cerca, finalmente cuando tuvo la certeza de que ya no regresaría se llevó al pequeño para curarle las heridas.

Ciara, quien trabajaba como empleada en la casa de Vladimir Stasiuk uno de los mas acaudalados terratenientes de la región se encargaba de atender todos los oficios caseros y a pesar de que finalmente los días de descanso habían llegado para ella tales días simplemente no existían, su vida se había reducido a ser una vil mucama que atendía todos los quehaceres de un hogar ajeno el cual no le dejaba tiempo para cuidar de su hijo. Acomodó al pequeño sobre el borde de la cama mientras se dirigía a los estantes de la habitación en busca de los frasquitos en los cuales guardaba los ungüentos y demás medicinas que requería para "casos de emergencia". Volvió junto al castaño y tras sentarse frente a él en el suelo le tomó la pierna para acto seguido vaciar parte del contenido de un frasco sobre la herida, el niño chilló pero ella rápidamente lo silencio

-Eso te sucede por desobedecer ¡¿Acaso no puedes quedarte quieto ni un momento?!- Mas que preocupado el tono de su voz ardía en furia, ella seguía maldiciendo mientras le limpiaba la herida a Artur, ya tenia suficientes cosas en las cuales pensar y ahora se sumaba ese pequeño incidente. Sin siquiera preocuparse por sacar las piedrecillas que aun estaban encajadas en la piel del niño le envolvió toscamente las rodillas con un par de viejas gazas.

-Mamá...- Intentó decir el pequeño entre sollozos pero Ciara se apresuró a interrumpirlo

-No, no quiero escucharte, quédate aquí y no salgas hasta que regrese, la próxima vez que algo así suceda ni se te ocurra venir llorando-. Tras pronunciar las palabras ella se incorporó y salio de la habitación dando un portazo que resonó hasta reducirse a silencio.

Esa fue la primera pero no la ultima vez que sucedió, cada año Anastasia esperaba pacientemente a que los trabajadores dejaran de merodear por los alrededores con el único deseo de poder dejar su ridícula fachada de familia ideal, nada era perfecto y ella muy bien sabia cual era la causa de todos sus problemas y desgracias. Después de cierto tiempo dejó de intentar ocultarlo a sus hijos los cuales en un principio se mostraron aterrados, pero luego paso a ser una practica tan común que ellos sin ser cocientes pasaron a formar parte de ese ritual de tortura y humillación. Anastasia le infringía un castigo tan brusco y cruel a Artur que en muchas ocasiones este terminó en el hospital con una que otra lesión menor, esta simplemente despreciaba su existencia y lejos de intentar ocultar tal sentimiento aprovechaba cualquier oportunidad para demostrarlo, aunque esto hubiese sido mas que obvio para poner en alerta a cualquiera el dinero era un buen método para mantener a todos callados, como si nada sucediera y cuando el invierno finalizaba, restituían su fachada de familia perfecta.

Con el pasar de los años todo se tornaba mas tenso, no únicamente por su culpa, en el tiempo que Symon se había marchado a cumplir con su servicio militar las cosas se habían salido de control en la casa, aunque dicha disputa solo perduró por un par de días este fue mas que suficiente para ponerle los nervios de punta, Ciara y Anastasia no paraban de pelear y gritarse cosas de las cuales él apenas podía comprender y aunque parecía que ese conflicto pronto llegaría a una solución pacifica todo fue de mal a peor, aquel día en especifico el cielo se había tornado gris y con toda su furia había liberado una tormenta, Artur estaba en la casa principal pues la situación lo ameritaba, no recordaba en que punto su madre y la señora se empeñaron en discutir, nunca se habría imaginado que su madre podría enfrentarse a aquella mujer, pero al parecer esta había rebasado su limite. De los gritos pasaron a los insultos y posteriormente a las agresiones físicas, punto en el cual tanto él como Vladimir y Taras tuvieron que intervenir para separarlas, Ciara gritaba como loca en ingles maldiciones que él apenas comprendía mientras que Anastasia continuaba con su monótono insulto llamándola "puta". Ese mismo día Ciara decidió marcharse de la finca, pero ese plan no incluía llevar a su hijo consigo, recordaba haberla seguido hasta la habitación que antes compartía rogándole que no lo abandonara, aunque ella de cierto modo ya lo había hecho, no quería perderle, como respuesta a sus suplicas había recibido una bofetada seguida de palabras dolorosas las cuales de solo pensarlas le producían una sensación similar a una puñalada.

"Ciara decidió regresar a Irlanda, Artur se fue con ella". Con esa mentira habían disipado la atención del tema: Los trabajadores y Heorhiy Kedzierski fueron engañados con esa mentira. ¿Por que habían decidido conservarlo? Quizás únicamente para recordarse que había ganado, él ahora no era mas que un trofeo para Vladimir y este no se agotaba de repetírselo. Fueron años los que permaneció encerrado en aquel lugar trabajando como un esclavo para la familia Stasiuk, apartado de todo, pudriéndose de a poco. Artur se encargaba de todo en la casa, por supuesto no salia de ella, tenia demasiado miedo a las consecuencias, la primera y única vez que intentó escapar su cuerpo terminó tan golpeado que apenas podía arrastrarse para moverse, por otro lado, no tenia la fuerza para hacerlo, a pesar de ser bastante alto estaba delgado y ligeramente desnutrido, sumado a sus desgracias, los ataques de pánico eran tan frecuentes que le dejaban demasiado cansado para intentar defenderse. No podía continuar en esa situación, preferiría morir antes de seguir viviendo de ese modo, aquel año pasada la celebración de final de año aprovechó el sonido de la pólvora estallando en el cielo para acabar de romper las bisagras de la puerta y emprender la huida por el trigal. Ahora en el sótano con el brazo lleno de sangre y el costal sobre la cabeza ajustado a su cuello con la soga aun le rondaba aquel pensamiento en la mente: Prefería morir antes de pudrirse en el lugar. La puerta estaba obstruida pero los perros no parecían estar merodeando fuera del cobertizo.
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Él conocía ese detestable lugar como a la palma de su mano, para su suerte, eran demasiado idiotas para recordar que el cobertizo estaba atiborrado de los instrumentos para desollar los cadáveres, incluyendo las pequeñas navajas que servían para cortar el cuero. Solo tuvo que aguardar a la espera de que alguien le fuese a buscar y cuando eso sucedió no se hizo esperar para luchar con uñas y dientes por su libertad, aunque Taras se encontraba en condiciones mas que obvias para ganarle seguía siendo un mocoso consentido que no hizo mas que lloriquear por su vida en lugar de defenderse, así transcurrió sus últimos momentos de su patética vida, antes de que la navaja quedara tan incrustada en su cuello que a Artur le fue imposible volver a desencajarla, sin mayor opción tuvo que tomar una de las hoces viejas que aun permanecían en el cobertizo, eso seria mas que suficiente en caso de volver a necesitar defenderse. No pasó mucho tiempo antes de que Vladimir se percatara de lo sucedido, pero cuando buscó al muchacho por el cobertizo y los alrededores este ya no se encontraba a la vista, pero él sabia perfectamente en donde podría estar oculto, sin dudarlo tomó una de las escopetas que usaba para la cacería y se se encaminó a la casa.

La algarabía había despertado a Oxana, ella aun en pijama y con los pies descalzos se dirigió a la planta baja, descendió la escalera bostezando y frotándose los ojos ignorando el posible peligro que le esperaba al final de la escalinata, cuando entornó la vista al salón principal se encontró con los muebles volcados y los adornos rotos en el suelo, se acercó para ver lo que sucedía sin percatarse de que pronto estaría caminando sobre una alfombra de cristales que se le incrustó en la carne, chilló antes de retroceder y caer sentada por el dolor en sus plantas, pero este pronto fue reemplazado por el terror, su hermana intentando mantenerse en pie llegó hasta la sala intentando apoyarse en la pared, la nariz le sangraba a chorros y una gran cortada le resaltaba en el brazo

-¡Se ha vuelto loco!- Le había escuchado decir, Lucy avanzó hacia su hermana, pero antes de que pudiese alcanzarla Artur la atacó por la espalda.

Aunque Lucy intentó huir él la tomó por el cabello y sin mucho esfuerzo la arrojó al piso para acto seguido posicionarse sobre esta estampandole el rostro en la baldosa, le asentó varios golpes en la parte posterior de la cabeza con uno de los adornos de la mesa, poco a poco la agresión se tornó mas violenta, sus alaridos ahora sonaban ahogados y las fuerzas que tenia para oponer resistencia se hicieron añicos, Oxana solo gritaba desesperada, el miedo la estaba consumiendo al punto de no poder moverse ni un solo centímetro para ayudar a su hermana, aun así, aunque lo hubiese intentado le seria completamente inútil, los vidrios clavados en los pies le impedían dar el mas mínimo paso, como pudo se arrastró hasta llegar a la pierna de Artur para halarla con la poca fuerza que aun le quedaba, este apenas le dirigió la mirada, parecía repugnarle. Él aun con la respiración pesada apoyó la mano en la mesa para ayudarse a mantener en equilibrio, este no parecía estar en sus cabales sino en un horroroso trance, con la mano trémula por el miedo se clavo las uñas en el brazo provocando que las heridas comenzaran a sangrar.

El golpeteo de las pisadas resonó con intensidad por el pasillo acercándose a la habitación, Vladimir no era una plaga de la cual se desharía tan fácil, él por unos segundos sonrió con satisfacción al fantasear con librarse de ese estorbo que durante mas de dos décadas había hecho de su vida un infierno, ello lo impulsó a abalanzarse contra el muchacho, Oxana gritó horrorizada pero no se atrevió a huir, continuo esforzándose por llegar hasta donde se encontraba su hermanita, la estrechó entre sus brazos intentando protegerla. Era un forcejeo inútil, Vladimir era mucho mas grande y fuerte, pero para suerte de Artur en medio del forcejeo el gatillo se accionó disparandole en la cabeza a Oxana quien quedo muerta en ese instante, sus brazos resbalaron y esta se tendió en el suelo con el rostro totalmente destrozado consecuencia del impacto el cual había provocado que los trozos de carne quedaran esparcidos en el lugar manchando de sangre a los presentes.

Ambos permanecieron estáticos unos segundos, Vladimir pareció olvidarse de Artur, salió corriendo en dirección de su hija dejando el arma tirada a un lado, la tomó entre los brazos y la estremeció con fuerza mientras comenzaba a gritar con desespero, pero era inútil, ella estaba mas que muerta. El muchacho se desajunto el nudo del costal, él no podía sentir siquiera lástima por Vladimir, había pasado casi cinco años acumulando odio y aunque jamas se le pasó por la cabeza la idea de asesinarlo esa ahora era su única salida y sin duda no estaba dispuesto a desperdiciar la oportunidad de hacerlo. Cuando el hombre recordó la presencia de Artur ya era demasiado tarde, el costal se deslizó por sobre su cabeza y el nudo pronto se cerró en su cuello, la soga le apretaba la carne con tal fuerza que el oxigeno comenzó a hacerle falta, en ese instante realmente se arrepentía de todo: De haberse follado a su criada de catorce años, de haberla dejado embarazada, pero sobre todo, de no haberse desecho de su hijo bastardo, pero ese arrepentimiento no alcanzaba a hacerle sentir mal, si tuviera la oportunidad lo repetiría y esta vez se aseguraría de hacerlo bien, en pocos segundos entendió que no abría una nueva oportunidad, la saliva le resbalaba por la boca y los ojos se le comenzaron a poner en blanco, sus manos que habían estado luchando por liberarse finalmente se quedaron quietas, había perdido.

Ella como una cobarde se había ocultado en el armario, en lugar de ayudar a sus hijas y a su marido buscó la seguridad, era una perra egoísta. Pero sabia que su tiempo estaba contado, los pasos del muchacho estaban cada vez mas cerca, ella sin duda era uno de los culpables directos, incluso mas que Vladimir, tantos años de tortura ahora serian equilibrados. La puerta chirreó al abrirse, ella no pudo distinguir su rostro bajo el costal, pero estaba segura de que se trataba de él, casi pudo sentir su sonrisa, suspiró resignada, sabia que él se tomaría el tiempo necesario para compensar todo lo que había pasado...

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Cuando finalmente despertó todo estaba en silencio, Lucy apenas podía distinguir lo que sucedía a su alrededor, ella se encontraba tendida en una de las esquinas del salón principal, todo se encontraba tal y como lo recordaba: Hecho un desastre, tembló ligeramente al ver las manchas de sangre en el suelo, solo quería salir de ese lugar. Como pudo se arrastró hacia la el teléfono el cual se encontraba volcado con todo y mesilla en el piso, le aterraba la idea de gritar para pedir ayuda pues no tenia idea de quien podría estar rondando en los alrededores, el ambiente pesado apestaba a podredumbre lo que le produjo náuseas, abrumada y totalmente confundida tomó el objeto entre las manos, su respiración solo pudo controlarse cuando una voz atendió el otro lado de la línea, ahora estaba a salvo. La sacaron cargando del lugar, ella era la única que estaba con vida dentro del lugar, pero solo uno de los cuatro cadáveres estaba en la sala, los otros dos habían sido llevados hasta el cobertizo, aunque en un principio tardaron en descubrirlo, un rastro de sangre llevaba directo a este, como si hubiesen arrastrado un cuerpo moribundo hasta allí. Cuando abrieron la puerta las ratas no tuvieron mas opción que interrumpir el banquete que se estaban dando con lo poco que quedaba de los cadáveres para salir huyendo del lugar despavoridas, el nauseabundo olor de la putrefacción podía ser percibido a varios metros, aunque en un principio pensaron que era un animal pronto se percataron de que lo que realmente colgaba de la soga no era nada mas que el cuerpo de Vladimir, la soga estaba casi incrustada en el cuello del hombre dejando unas horrorosas marcas en la carne despellejada, su cuerpo aun escurría un poco de sangre, eso bastó para deducir que el objeto a sus pies no era nada menos que el cuerpo de su mujer, pero esa no era la sorpresa mas espantosa, en el pequeño sótano colgados de un gancho como si de un trofeo de caza se tratase se encontraban las pieles a medio curtir siendo devoradas por los roedores.




Autora: Aisu-sanPintor